
Volver al punto de partida no siempre significa regresar a casa. A veces, es una trampa. Un espejismo. Y en los cómics, como en la vida, hay regresos que no traen paz, sino conflicto. El primer Omnigold de Factor-X es precisamente eso: un regreso. El retorno de los cinco X-Men fundadores bajo un nuevo nombre, con una nueva misión… pero con viejos fantasmas rondando cada página. Este volumen recoge los primeros 16 números de la colección X-Factor, publicados entre 1986 y 1987, justo cuando la franquicia mutante estaba en plena expansión, y lo hace en una edición cuidada por Panini que invita a redescubrir esta etapa clave de los mutantes
Todo empieza con Los Vengadores #263 y Los 4 Fantásticos #286, de la mano de Roger Stern, John Buscema y Tom Palmer por un lado y por otro, John Bryne, Terry Austin y Glynis Oliver. Allí, Jean Grey, la superheroína con más vidas que un gato, regresa de entre los muertos encerrada en un capullo submarino digno de una peli de ciencia ficción de bajo presupuesto. Resulta que Fénix era una copia cósmica y Jean nunca fue la genocida galáctica. ¿Conveniente? Sí. ¿Ridículo? Un poquito. ¿Funciona? Depende de cuánto te guste ver a guionistas esquivando su propia continuidad como si jugaran al Twister.

Este regreso no fue una ocurrencia divina, sino fruto de una conversación entre Kurt Busiek y Roger Stern. «¿Y si el Fénix era una copia?» preguntaron, y Marvel respondió con un «¡Imprímelo!». Entra en escena John Byrne con un guion, Claremont lo odia, reescriben cosas a escondidas, se cabrean todos, y al final, de las cenizas surge no un pájaro de fuego, sino una nueva colección. Pero vamos con la chicha de la historia: Lo primero que salta a la vista en este tomo es que aquí no hay nada inocente. Ni en los personajes, ni en la premisa, ni en la forma de contar la historia. Lo inicia Bob Layton junto a Jackson Guice y lo continua Louise Simonson, que toma el relevo tras los primeros cinco números. Entre ambos se construye un guion que combina acción superheroica, dilemas morales y tensión personal en una mezcla que no siempre es cómoda, pero sí profundamente honesta. La idea central es tan provocadora como brillante: los cinco X-Men originales (Cíclope, Jean Grey, Bestia, Ángel y Hombre de Hielo) se unen para “cazar” mutantes… cuando en realidad están rescatándolos. Una fachada mediática, un engaño de cara al público, y una justificación dudosa que pone a los héroes al borde de la contradicción constante.
Bajo la máscara de los disfraces y las misiones, lo que tenemos es un drama en construcción. Scott Summers está más roto que nunca, dividido entre su amor por Jean (recién resucitada) y su familia abandonada. Jean, por su parte, regresa a un mundo que ha seguido sin ella. Warren y Hank actúan como sostenes morales, aunque también sufren las consecuencias físicas y emocionales del proyecto. Bobby es el más joven, el más impulsivo, y también el más incómodo con la mentira de Factor-X. El guion da espacio a todos, pero sobre todo a los conflictos. Lo que parecía un reencuentro heroico se transforma en una especie de terapia de grupo encubierta: los protagonistas han crecido, han cambiado, y ahora deben enfrentarse al peso de lo que fueron… y de lo que ya no son.

En el apartado gráfico, el tomo presenta una variación de dibujantes notable. Desde John Byrne hasta John Buscema pasando por Jackson Guice, Keith Pollard, Mark Silvestri, Terry Shoemaker, Walter Simonson y como colofón David Mazzucchelli hacen que la calidad de cualquiera de ellos sea indiscutible. Si hay algo que une a todos estos artistas es su compromiso con la claridad narrativa. En una época donde aún no dominaban los excesos visuales de los noventa, estos tebeos se caracterizan por un estilo visual legible, de líneas precisas y composición funcional, que permitía al lector seguir la historia sin obstáculos. Dentro de ese marco común, cada autor aportó una personalidad gráfica muy definida. En conjunto, estos artistas crearon una estética de transición. La historia del regreso de Jean Grey no solo revivía a un personaje, sino que marcaba un punto de inflexión gráfico: se dejaban atrás las sobriedades setenteras para empezar a coquetear con una estética más emocional, más ágil, más arriesgada. Y eso se refleja en la progresión desde el estilo clásico de Buscema, hasta las formas nerviosas de Silvestri o el trazo vibrante de Simonson.
Ahora bien, no se puede hablar de esta edición sin destacar el trabajo de Panini. El formato Omnigold es uno de los grandes aciertos. Con tapa dura, papel de buena calidad, reproducción fiel del color original y una cantidad abrumadora de contenido. Entre los que se incluye The Avengers 263, Fantastic Four 286, X-Factor 1-16 y Annual 1, con material de The Mighty Thor 373 y 374, Marvel Age 33, 39 y Annual 2, y Official Handbook of the Marvel Universe Deluxe Edition 15. Este volumen no solo recopila los primeros 16 números de la serie, sino que incluye una introducción realizada por Raimon Fonseca y un dosier final con portadas y material promocional de aquella época. Además, el orden de lectura está cuidadosamente respetado, y eso se agradece mucho en un título que se solapa con otras series mutantes del momento. La introducción ayuda a situarse, a entender por qué Factor-X nace en ese momento y qué papel juega en el mapa mutante. Por eso la editorial italiana ha apostado por una edición pensada no solo para conservar, sino también para disfrutar, con una traducción de Gonzalo Quesada, Santiago García y Oscar Estefanía que respeta los matices del diálogo original y un diseño interior cómodo para las siguientes relecturas.

Al cerrar esl tomo de «Marvel Gold. Factor-X 1: ¡Bautismo de fuego!«, uno siente que no ha leído simplemente una serie de cómics, sino que ha asistido a un renacimiento con tintes míticos. Porque esto no es solo el regreso de Jean Grey, ni la creación de un nuevo grupo mutante. Es la puesta en marcha de una tragedia griega disfrazada de saga superheroica. Es el canto de cisne de unos fundadores que, por más que intenten ocultarlo, ya no encajan en el mundo que ayudaron a construir. Desde Los Vengadores hasta los mutantes, este tomo nos presenta la resurrección de Fénix como una herida abierta, como una cicatriz que une tres pilares del Universo Marvel. La unión entre Vengadores, 4 Fantásticos y mutantes es perfecto, no solo por su lógica editorial, sino por su poder intrínseco. Aquí no hay mucha pirotecnia comiquera que compense esa verdad que descubres a medida que pasas las páginas. Por eso siempre es un momento perfecto para volver a imbuirte en estos comics y recorrer parte de ese camino que los mutantes hicieron con sangre, sudor y lágrimas.
