
Hay hechos, en la vida de cada cual, que marcan de forma inmisericorde. Como piedras que llenan esa mochila metafórica que poco a poco se lleva a cuestas. De por vida, aunque el peso se vaya aligerando, estarán ahí. En el caso de JeanLouis Tripp (“Magasin Général” o «Las aventuras de Jacques Gallard” ) hay que retrotraerse al verano de 1976. En concreto a aquel 6 de agosto en el que, en la que una carretera de Bretaña fue atropellado Gilles , su hermano pequeño de 11 años. Pocas horas después del accidente, fallecía dejando un vacío inmenso en su familia.
“No se muere en verano. No se muere a los 11 años”
Tripp, que entonces contaba con apenas dieciocho años, tuvo que lidiar, al igual que el resto de su familia, con esta tragedia. Con la rabia, la negación, el dolor, la angustia y la desgarradora tristeza que produce que, de repente, un miembro querido de tu familia muera. Además de eso, con la culpa. Pues en el momento de ocurrir el accidente, Gilles estaba con JeanLuis.

De este punto parte “El hermano pequeño” (“Le petit frère”), el cómic donde JeanLuis Tripp se abre en canal para contar lo ocurrido esos días y las consecuencias posteriores. Sin estridencias, pero con la suficiente crudeza para que su recorrido sea un desgarrador retrato de esos días de luto y de asimilación. Pegado a lo real en todo momento,
Una lectura conmovedora es lo que espera aquí, por la cercanía con la que plantea el autor el relato, a modo vivencial, rememorando unos recuerdos para llevarnos desde el punto trágico en el que todo cambió. Tanto a corto como a largo plazo. Desde lo más doméstico a lo más personal. Como la vida, en definitiva.

En lo gráfico, Tripp siempre es garantía. Ya lo fue cuando muchos lo descubrimos en su revisitación particular de la línea clara con “Las aventuras de Jaques Gallard”, especialmente su premiado “Soviet Zigzag”, o más adelante en “Magasin Général”. En “El hermano pequeño” vuelve a dar un paso adelante, manejando cada página de forma magistral. Potenciando cada viñeta, con los recursos que brinda el cómic, para componer un sólido tebeo de una pieza. De los que atrapan, por lo bien maridado que está lo gráfico con lo literario, fluyendo en una lectura que cautiva a todas luces. Tanto por lo que cuenta por cómo está plasmado.
Color, encuadres, ritmo y tono hacen de este tebeo un ejemplo de manejar los resortes del noveno arte de forma certera. En el corazón, un relato duro, de los que conmueve y conecta a lector con autor, por la magia desplegada en sus páginas. Por la humanidad que supura en cada una de las viñetas. Porque duele. Pero también porque sana en su recorrido.

Por todo eso, no es extraño que, aunque conste de 344 páginas, se lea del tirón. Tal es la fuerza que posee esta obra. Recién estrenada en castellano por Norma, en una edición en rústica con solapas que cuenta con la traducción de Eva Reyes de Uña, “El hermano pequeño” merece una lectura atenta, por lo que cuenta y conmueve. Intenso y duro. También cercano. Revelador a todas luces. Porque, de lo particular de la voz confesional que planea en esta obra, se llega a eso tan difícil que es lo universal, logrando que cada lector quede atrapado por el relato y la maestría plástica y literaria que ha desplegado JeanLuis Tripp en estas páginas.
