
Imagina un planeta tan complicado que hasta el aire es un insulto a la existencia humana. Bienvenido a Tierra-Nu, el vertedero cósmico donde nuestro querido “Rogue Trooper” hace su magia. Este cómic, salido de la mente maestra de Gerry Finley-Day y adornado por los lápices divinos de Dave Gibbons, Colin Wilson, Cam Kennedy, Brett Ewins y Mikey Dorey, no es solo una historia bélica; es una parodia brutal y sarcástica de la naturaleza humana y la guerra misma.
Para empezar, hablemos de Nu, ese planeta donde el cielo está lleno de gases venenosos y el suelo es un campo minado perpetuo. Si la vida en la Tierra te parece un asco, espera a que pongas un pie en este paraíso tóxico. La guerra química ha dejado a Nu en un estado constante de «vamos a morir todos«. Los Norteños y los Sureños, dos facciones que claramente no tienen nada mejor que hacer, están atrapados en una lucha sin fin por el control de este basurero espacial. En medio de este caos surge nuestro héroe, Rogue Trooper, un soldado genéticamente modificado, un IG (Infantería Genética) que es básicamente el Superman de los soldados, pero sin la capa y con más balas. No está solo; lleva consigo las bio-chips de sus compañeros caídos: Gunnar (en su rifle), Helm (en su casco) y Bagman (en su mochila). ¡Sí, has oído bien! Lleva a sus amigos muertos pegados a sus herramientas. Nada como la «amistad» de estar literalmente integrado en el equipo de tu colega.

La historia de Rogue Trooper es una ópera espacial de traición y venganza. Nuestro héroe está en una misión para encontrar al Traidor General, el bastardo responsable de la masacre de su escuadrón. A lo largo de su viaje, enfrenta una serie de desafíos que van desde enfrentamientos con enemigos hasta dilemas morales que pondrían a prueba a cualquiera. Pero no se trata solo de disparos y explosiones; Finley-Day también explora temas más profundos como la identidad, la camaradería y la naturaleza de la guerra. Los villanos no son solo malos; son una colección de los más despiadados y extravagantes bastardos que puedas imaginar. Desde el traidor General, cuya mera existencia es un insulto a la decencia humana, hasta los innumerables soldados norteños y sureños que parecen salir de una línea de producción de villanos de segunda categoría, cada enemigo presenta un nuevo reto y a la vez una oportunidad para que demuestre por qué es el mejor en lo que hace.
Para entender completamente la magia de Rogue Trooper es esencial profundizar en sus compañeros, los inseparables bio-chips. Gunnar, Helm y Bagman no son solo herramientas; son personajes por derecho propio con personalidades distintivas. Gunnar es el rifle, un francotirador implacable con un humor seco que no puede faltar en ninguna conversación. Helm, el casco, es el cerebro táctico, siempre calculador y un poco paranoico, asegurándose de que Rogue tenga las mejores posibilidades de sobrevivir. Bagman, la mochila, es el más pragmático, siempre preocupado por el suministro y mantenimiento del equipo, pero con una lealtad inquebrantable a Rogue. La tecnología en Rogue Trooper es un sueño húmedo para cualquier amante de la ciencia ficción militar. Desde rifles que pueden pensar hasta cascos con inteligencia artificial, el equipo de Rogue no es solo avanzado; es ridículamente genial. Gunnar, el rifle que habla, es tanto un arma letal como un compañero sarcástico. Helm, el casco, ofrece una protección y táctica estratégica que haría sonrojar a cualquier general. Y Bagman, la mochila, es básicamente una navaja suiza de alta tecnología y actitud propia.

Ahora pasemos al cerebro detrás de la locura: Gerry Finley-Day. El escritor escocés sabe cómo contar una historia que te atrapa desde la primera viñeta y no te suelta hasta que terminas la última página. Su estilo es una mezcla de acción implacable, diálogos afilados y una buena dosis de humor negro. Cada página de Rogue Trooper es una montaña rusa de emociones, donde puedes pasar de la risa al horror en un parpadeo. La genialidad de Finley-Day radica en su capacidad para crear personajes y situaciones que son tanto absurdas como trágicas.
En el aspecto gráfico Dave Gibbons, Colin Wilson, Cam Kennedy, Brett Ewins y Mikey Dorey realizaron un trabajo fenomenal al dar vida a Nu y sus habitantes. Cada viñeta está meticulosamente detallada, desde los paisajes desolados hasta las intensas escenas de combate. Gibbons, mundialmente conocido por su trabajo en «Watchmen«, aporta su estilo distintivo que hace que cada personaje sea algo para recordar. Wilson, Kennedy, Ewins y Dorey no se quedan atrás; cada uno añade su toque único al universo de Rogue Trooper, creando un tapiz visual que es a la vez cohesivo y variado.

Gibbons dejó huella en el personaje desde un primer momento, pero eso también nos lleva a una advertencia previa: el británico no se quedó mucho tiempo en la serie, apenas cerró el primer arco y dejó algunas pinceladas para el segundo. No obstante, es innegable que su ausencia no afecta al apartado gráfico, pues la serie cubrió la parte gráfica con artistas más que solventes. Eso si: puede haber estilos diferentes, pero en general predomina el estilo característico que trazó en origen Gibbons, donde se fusiona lo militar con la ciencia ficción, destacando la piel azul del protagonista en un universo poblado mayormente por personajes humanos, sin desviarse hacia otros conceptos del género.
El presente volumen editado por Dolmen Editorial incluye los materiales de los números 228 a 279 de 2000 AD, que están traducidos por Alberto Díaz y con rotulación de Germán Ampiee. Además, tenemos una introducción de Barsen Sánchez y varios extras con un texto de Sergio Aguirre. Al final del tomo aparecen las portadas realizadas por Dave Gibbons y también las dibujadas por John McCrea para la edición de IDW. Al final este personaje no es solo un soldado azul en un paisaje de ciencia ficción; ya es un ícono, una figura que desafía las convenciones y se posiciona como un faro para los aficionados del cómic que buscan algo más que simples historias de héroes. Aunque su tiempo con Gibbons fue breve, el legado de “Rogue Trooper” persiste, influenciando a generaciones posteriores de artistas y escritores que buscan capturar esa mezcla perfecta de lo militar y la ciencia ficción en sus propias obras.
