Batman. Génesis Oscura: el punto de no retorno entre Azrael y el Caballero Oscuro

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Los años noventa fueron un proceso de cambio y experimentación al que costó acostumbrarse y que muchos rechazaron. Tanta novedad y tanta ruptura con los cánones impuestos anteriormente por todos los autores, consagrados o no, que construyeron personajes desde el conocimiento profundo de la premisa “si algo funciona, no lo toques”, mandó al olvido la vida de personajes que habían tenido una evolución coherente y engancharon al lector. En el caso de Batman, ese cambio vino obligado por una serie de sucesos en los que todo tendría que desembocar y terminar como lo hizo, porque ¿cómo no iba a evolucionar la historia de Batman si tras la paliza que se llevó por parte de Bane no hubiera llegado la etapa nueva con Jean Paul, el que fuera Azrael? Esta evolución del murciélago no fue sino más que una continuación natural, pues los rasgos principales de Batman se mantendrían intactos y sobretodo el principal: Batman no mata.

De aquella saga “La Caída del Murciélago”, donde conocimos a Azrael, su cénit llegó con “Detective Comics #666” y “Batman #500”, tebeos que vieron la luz en España en una edición conjunta por parte de Zinco en 1993, tan solo unos meses después de la edición por separado en grapa por parte de DC comics, a que bautizaron en su edición española como “Batman: Génesis Oscura”. Desde entonces, al igual que el resto de entregas de esta saga, ha contado con varias reediciones. La última, y más completa, es la que ha llevado a cabo ECC publicando íntegramente todos los números que comprenden esta saga en los dos volúmenes integrales que comprenden “La Caída del Murciélago”.

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Pero volvamos a esos dos números que comprendían la “Génesis Oscura” de Zinco. Aquí esperaban autores de la talla de Chuck Dixon, Doug Moench, Grahan Nolan, Jim Aparo, Terry Austin, Mike Manley, Scott Hanna y Adrienne Roy. Estas figuras del mundo del cómic fueron los encargados de llevar a Batman un paso más allá y hacerle traspasar ciertas líneas rojas que jamás pensamos que cruzaría. Estos autores llevaron hasta los extremos más insospechados al personaje y le pusieron delante de un espejo desde el que parecía que el Hombre Murciélago fuera un villano más que el Héroe de Gotham. Porque todo derivó en una nueva génesis, un nuevo nacimiento de un personaje que si se le hubiera llamado de otra forma no lo habríamos confundido con Batman. Todo estaba ideado para que este nuevo Caballero Oscuro nos llevase a la senda que habíamos abandonado. Solamente habíamos cogido un atajo. Eso sí: lleno de peligro y momentos oscuros, para llegar nuevamente al punto de partida y continuar con nuestra vida y, además, algo habríamos aprendido por el camino.

Hacia este número de Batman más que nostalgia se le tiene un cariño muy especial por ser aquel que nos trajo algo novedoso y en proceso de cambio. Un Batman oscuro que luchaba contra el mal anteponiendo sus ideas y, si estas suponían un conflicto con el villano, en este caso Bane, siempre podía hacerle sangrar. Un Hombre Murciélago tan extremista pocas veces se había visto antes y, además, de su particular filosofía de superhéroe, Jean Paul, el nuevo Batman y sustituto de Bruce Wayne, no quería saber nada de Robin ni de Nightwing. Este solitario, oscuro, despiadado y perturbado justiciero Jean Paul, el que fuera Azrael y ahora Batman, no recoge el testigo de su predecesor, que le dio el cargo de libertador de Gotham City tras sufrir la ruptura de su columna y quedar temporalmente impedido para luchar contra el crimen. Jean Paul jamás fue Batman. Podría considerarse un héroe, un salvador, un luchador contra la injusticia, pero Batman solo podrán serlo Bruce Wayne y aquellos que siguiendo sus pasos no los oscurezcan.

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La edición de Zinco contaba con una portada bastante espectacular (la variant cover de Joe Quesada del Batman #500) , una encuadernación bien cuidada y la inclusión de los cómics “Detective Comics #666” y “Batman #500” USA en un solo tomo. Podemos decir que fue una publicación de calidad, excelente para 1993. Todo el conjunto del tomo tiene ese regusto añejo y nostálgico de aquellos tebeos que nos hicieron pasar tan buenos ratos y con los que vivimos toda una serie de aventuras que ni soñábamos, pues este Batman oscuro llegó a nuestras manos con todo lo necesario para convertirse en un cómic destinado a ocupar un lugar privilegiado en nuestra comicteca. Nada ni nadie puede sustituir a Bruce Wayne, nada ni nadie puede sustituir a Batman, y el intento de cambiar el statu-quo instaurado durante décadas tenemos que verlo como una oportunidad de agrandar la historia del Caballero Oscuro.

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