
Concluyen “Las tres noches” con el nacimiento de “El pájaro y la serpiente” (“Bleu à la lumière du jour”), que supone el cénit de la trilogía de Borja González, recientemente galardonado con el Premio Nacional del Cómic por la obra predecesora: “Grito nocturno”, donde se mantenía la senda ascendente iniciada en “The Black Holes” y sus parámetros formales entre el punk, lo gótico, lo fantástico y terrorífico, para contarnos algo que va mucho más allá.
En ese sentido, “El pájaro y la serpiente” culmina el ciclo de forma rotunda. Lo gótico y terrorífico está quizá aún más presente en forma y primer plano, sobre todo en ambientación contextual y gráfica. Hecho que permite a Borja González explayarse en páginas de belleza sublime, con su habitual síntesis gráfica en cuanto a sus rostros inexistentes, que paradójicamente lo dicen todo gracias a las expresivas figuras que dibuja. El ambiente que las rodea nos lleva y remite en lo conceptual al mejor Poe, Bécquer, Shelley o Stoker, dando con ello una estética bañada mayormente de azules y negros, que eleva la intensidad de cada página, unida a un ritmo preciso que potencia lo sensitivo de cada viñeta expuesta y atrapa al lector en un relato a todas luces onírico, que se siente a cada paso dado.

Todo estos recursos plásticos y conceptuales sirven a Borja González para ahondar en temas mucho más íntimos y capitales. Porque esa combinación de gótico y terror, aderezado de filosofía afterpunk (más evidente en las dos anteriores entregas pero que igualmente impregna las páginas de este cómic), solo es la forma magnética y seductora que tiene esta obra. Son las, digamos, las dimensiones “estéticas y de género” que sirven de escenario para que González nos hable de cuestiones mucho más íntimas y capitales para cualquier ser humano.
“Las tres noches” se antojan como una gran metáfora plástico-poética para hablar de miedos personales, los deseos de realización y libertad y la confrontación con el entorno, no siempre propicio para el autodesarrollo. Siendo cada uno de los títulos que conforman la trilogía catalizadores de sentimientos, más que relatos de evasión. Son tebeos que pretenden ir un paso más del mero entretenimiento. Sin duda entretienen, pero a la vez conmueven, por todo lo que tocan de forma sutil: deseos, miedos y la voluntad de reafirmación se muestran desde una oscuridad gótica, pero con una luminosidad universal. Así se revela, en lo más negro de la noche, «El pájaro y la serpiente«.

Sirva la premisa argumental de partida para corroborarlo: siglo XIX, unas hermanas que permanecen en la mansión mientras los varones de la familia salen a cazar. Dentro de una familia de rancio abolengo, donde lo ceremonioso es norma y cada cual tiene asignado su papel, Teresa y Matilde están encorsetadas en entre tanta solemnidad y rigidez. Es pues momento de reafirmarse ante lo establecido de forma unidireccional y explorar en ese acto que es más fuerte: la libertad propia o los miedos que la atenazan.
Sutiles conexiones con los volúmenes precedentes (e incluso con la antesala de todo esto: “La Reina Orquídea«) aparecerán de soslayo y de forma orgánica, mientras el desarrollo sigue su curso. Del mismo modo, Teresa, sigue presente como eje y catalizador de “Las tres noches”, como un destello brillante entre lo más oscuro de la inflexibilidad impuesta, siendo uno de los leitmotivs de la trilogía, pero no el único que aviva el motor creativo de este trabajo, pues los miedos y la libertad, en constante conflicto más allá del contexto (literario, conceptual o histórico) en que se den lugar, también avivan estas páginas.

Así llegamos al clímax que supone “El pájaro y la serpiente”: entre lo lírico y lo surrealista, apelando a lo íntimo y con una estética gótica que predomina en cada página, haciendo de esta “tercera noche” la más rotunda de la trilogía. Editado en agosto en Francia por Dargaud, Reservoir Books lo ha traído a las librerías españolas con merecida rapidez el pasado septiembre. 192 páginas en tapa blanda con solapas, que nos sumergen en terrenos para sentir y maravillarse con la intensidad que se despliega en estas viñetas. Negra es pues esta noche, pero también elegante y bella, como el trazo y rumbo que marca de Borja González. Una noche de las que conviene recorrer a menudo, como un buen disco que escuchas cada cierto tiempo, donde las canciones, cuando suenan, te dan ese plus emocional que elevan el momento. Algo parecido ocurre con “El pájaro y la serpiente”, que al final lo haces tuyo tras su lectura. Como el buen poema gráfico que es.
“Es tu cuento. Y terminará como quieras que termine”
