
“Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”
Lo primero que sintió Robert Oppenheimer al ver los avances del Proyecto Manhattan fue citar los versos del texto sagrado hinduista, la Bhagavad-gītā. Esa fue la sensación del director del proyecto militar estadounidense al descubrir los avances del mismo. En plena Segunda Guerra Mundial la carrera por hacer la primera bomba atómica era determinante en ambos bandos. Una carrera que es sabido como acabo: con “Little Boy”, la bomba de uranio, lanzada por Estados Unidos sobre Hiroshima aquel 6 de agosto de 1945. 3 días después “Fat Man”, la bomba de plutonio, estallaba sobre Nagasaki. El 15 de agosto Japón anunció su rendición incondicional, finalizando así la Segunda Guerra Mundial y surgiendo un nuevo orden mundial que derivó en la Guerra Fría que caracterizó a la segunda mitad del siglo XX.
Lo ocurrido en las dos ciudades japonesas arrasadas por las bombas atómicas era sin duda un aviso a navegantes al resto de naciones, demostrando quien tenía el poder más mortífero. También fue el punto de partida de la escalada nuclear y, a su vez, el final de una historia de superación, la científica, cuyos avances supieron aprovecharse militarmente. De fondo, miles de civiles masacrados solo por demostrar una supremacía militar ante un Japón al que solo le quedaba el orgullo imperialista, pues solo era cuestión de tiempo que se hubiera rendido. Pero, ¿cómo se llegó hasta aquí? La respuesta la podemos encontrar en “La Bomba”, (“La Bombe”) de Didier Alcante, Laurent-Frederic Bollée y Denis Rodier. Un excelente tebeo que Norma acaba de reeditar para disfrute de los lectores que busquen relatos de una pieza: certeros y solventes.

A lo largo de las 472 páginas que discurren en esta obra, Didier Alcante (alias de Didier Swysen) y Laurent-Frederic Bollée componen un ambicioso guion que nos lleva a entender mejor lo acontecido a lo largo de la gestación, desarrollo, éxito y primeras consecuencias del Proyecto Manhattan. Desde la carta redactada por Leó Szilárd y firmada por Albert Einstein instando al Presidente de Estados Unidos a realizar su propio programa nuclear, ante el riesgo de que los nazis llevaran a buen puerto sus investigaciones; hasta “el éxito” que obtuvieron en Hiroshima y Nagasaki.
Se aprecia en la obra un gran trabajo de documentación por como sintetizan todos los hechos relevantes acaecidos en torno a la bomba atómica. Desde las vivencias de aquellos científicos en aquel proyecto hasta los aspectos militares y políticos en torno a el. Con un lenguaje preciso en todo momento, Alcante y Bollé, hilvanan un relato que es mucho más que una sucesión de hechos históricos, dotando su guion de un torrente narrativo en el que confluye lo científico con lo político y militar, dando como resultado un sólido tebeo de los que se devoran conforme se comienzan a leer.

“La Bomba” resulta de este modo un certero fresco de lo que fueron aquellos años bélicos, de carrera armamentística. Unos años en los que no solo se decidía el final de la Segunda Guerra Mundial, sino que tener la primera bomba atónica en su arsenal convertía a ese país en la potencia hegemónica al acabar la guerra. Años en definitiva de esperanza de unos, por obtener la victoria, y de horror de otros, que sufrieron las consecuencias radiactivas. También fueron años de decepción y arrepentimiento, como la que sufrieron Einstein y Szilárd al ver en que desembocó aquel “programa nuclear” secreto.
Todo ello está en las viñetas de “la Bomba”, que también nos muestra todos los esfuerzos en materia militar y de espionaje llevados a cabo para que este proyecto fuera un éxito. Así como las relaciones de poder en la cúspide política y militar estadounidense, tanto para dentro como para fuera, con las relaciones con el resto de potencias aliadas, que del mismo modo tienen su peso en la trama.

Es pues el guion de “La Bomba” un trabajo muy ambicioso que logra su objetivo: el de sintetizar una historia más compleja de lo que parece si no se conoce a fondo. Un guion que se eleva a lo máximo por las majestuosas páginas que lleva a cabo Denis Rodier. Rodier exprime las posibilidades del blanco y negro con su lápiz y tinta, dejando en la retina del lector viñetas y páginas que se graban en la memoria. Todo en un relato que combina, en el justo equilibrio, cada una de las tramas de las que parte para confluir en el desenlace ya conocido por todos. El arte de Rodier, siempre sobrio y al servicio de la historia, potencia cada uno de los momentos del tebeo donde el único “blanco y negro” que hay es el gráfico, muy bien aprovechado en las composiciones de cada viñeta.
Editada por Glènat en Francia en 2020, esta obra fue una sensación también cuando Norma la editó en castellano en el 2021. Una obra que, por lo que atesora y la respuesta y demanda del público, Norma la acaba de reeditar en dos formatos: rústica y cartoné. No es para menos. “La Bomba” es uno de esos tebeos que siempre han de estar a disposición de nuevos lectores. Por todo lo que atesoran sus páginas. Por el magistral trabajo desarrollado por sus autores. Y por las verdades que encierra este relato en el que lo más sobrecogedor que alberga es que se basa en la realidad ocurrida. No lo dejen escapar. “La Bomba” es un tebeo para no olvidar, en todos los sentidos.
