
A menudo los errores de los padres repercuten en la descendencia. Haberse criado entre adicciones pasa factura. No solo la que pueda aparecer por mimetizar comportamientos observados en la infancia, sino la de tolerar ciertos patrones al haberlos “normalizado” en casa. Además de la consecuencia relacional evidente, la de interactuar con el resto de personas que se conocen en la madurez. En todo caso, convivir con un adicto deja huella y marca el camino. Ese es el caso de Mariko Kikuchi y su obra de tono testimonial “Mi padre alcohólico es un monstruo” («酔うと化け物になる父がつらい», “You to bakemono ni naru chichi ga tsurai”).
Con un descarnado tono confesional, la autora «se abre en canal» para mostrarnos esa infancia, adolescencia y madurez que ha vivido en su familia. Unas vivencias marcadas a fuego por el alcohol ingerido por su padre. Pues esa adicción marco el rumbo de su familia y de la propia Mariko. Tanto para aceptar patrones tóxicos en sus relaciones como para lograr una estabilidad emocional interior. Esa es la “losa” que pesa sobre la familia de Mariko Kikuchi. Una losa que han de cargar ella y su hermana.

Por el camino, la degradación de un alcohólico al que la sociedad no solo tolera su hábito, sino que cuenta con la aceptación general. De fondo, en ocasiones aparece el machismo congénito de la sociedad tradicional japonesa. Componiendo entre todos los elementos un fresco social que no está tan lejos en ninguna de las sociedades avanzadas actuales.
Crudo y contundente. Ese es el camino vivencial que nos muestra Kikuchi en este manga. Un manga de ensayo que no toma prisioneros en su lectura. Que posiblemente conmueva a quien se acerque a sus páginas y que nos enseña una vida, la de la familia de Kikuchi, regada por la amargura del alcohol ingerido de forma desmedida. No obstante, no solo hay dolor en estas viñetas. También hay un camino de evolución (el de la autora) y al final de aceptación de lo que ha venido dado. No como resignación, sino como superación desde una perspectiva madura.

La sinceridad vertida en estas páginas se intuye del tamaño de una bola de derribo, Kikuchi nos va a llevar por estas páginas demoliendo lo socialmente aceptado respecto a la bebida. Se sirve de su historia para llevarlo a cabo, plagando de sutilezas el camino que nos muestra. Con un enfoque íntimo y personal, pero que conectará y hará empatizar a cualquier lector, por lo universal que supone el problema que supone la adicción al alcohol.
Publicado en Japón en 2017 por Akita Publising, Fandogamia se encargó de editarlo en castellano a finales del 2021. Un sobrio manga de ensayo, vivencial y descarnado. Duro y sin estridencias, pero de fuerte empaque. El que supone tratar lo que muestra “Mi padre alcohólico es un monstruo”. Una obra necesaria que muestra, una vez más, las posibilidades que ofrece la narrativa grafica de tratar cualquier cuestión y temática.
