Triada Vértice: Alquimia en el “Iberiaverso”

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Una de las constantes del cómic de aventuras clásico español, cortesía de Víctor Mora, es el trio protagonista formado por el héroe, el forzudo y un personaje delgado que suele ser entrañable. Así lo acuñó Mora con los dibujos de Ambrós en Capitán Trueno, al que acompañaban Goliat y Crispín. Modelo repetido en el Jabato, con Taurus y Fideo, con dibujos de Francisco Damis, y en el Corsario de Hierro, con Mac Meck y Merlini. Una constante que resulta entrañable, en la distancia que nos proporciona el tiempo, y que fue fascinante para generaciones de lectores de la segunda mitad del siglo XX.

Carlos Pacheco y Rafael Marín también crecieron con esos tebeos que leyeron y disfrutaron, al igual que con los clásicos de la Bande Dessinée, las daily strips que cayeron en sus manos junto a las las primeras ediciones en castellano de los cómics Marvel a cargo de Vértice y las mexicanas de Novaro de DC Comics. Por eso, cuando empezaron a conversar sobre la posibilidad de crear su propio universo de superhéroes autóctono, un trio de personajes que protagonizaran una serie fue la primera de las semillas que brotó de lo que hoy conocemos como el “Iberiaverso”.

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Y es que, antes de “Iberia Inc”, Pacheco y Marín alumbraron esta Triada Vértice, donde ya desde el nombre homenajean tanto al tebeo clásico de Trueno, Jabato y Corsario de Hierro, como a la editorial que editó por primera vez los tebeos de “la casa de las ideas” en este país. Un singular grupo que presenta sus particularidades frente al trio clásico “made in Mora”, a pesar de las evidentes similitudes. Hecho que refuerza su razón de existencia y la pena de que solo protagonizaran una exigua serie limitada de cuatro entregas que editó Planeta Agostini en su Línea Laberinto allá por 1998.

Tras el golpe de efecto que supuso “Iberia INC”, Pacheco y Marín presentaban lo que sería la continuación de su particular universo, centrándose en este caso en un grupo que ya había aparecido en las páginas del supergrupo estatal pero que tenía la suficiente consistencia para volar sin la sombra de “Iberia”. Con el arte de Jesús Merino trasladando a viñetas el guion de Rafa Marín (y que contó con ayuda de Rafa Fonteriz en las tintas de la cuarta entrega), el color de Jesús Yugo en las portadas y la colaboración destacada de un joven Paco Roca (que ilustraba alguna tira cómica que acompañaba al capítulo principal) se construyó uno de los mejores tebeos de superhéroes “made in Spain” de la historia.

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Ambientada en el mismo universo donde habitan Trueno, Melkart y compañía, el guion de Rafa Marín situaba la acción entre los números #2 y #5 de “Iberia Inc” para llevarnos al origen de esta Triada (sin tilde, como indica un personaje en el propio tebeo). Una tríada formada por personajes rotundos que dejaron poso a pesar de su breve existencia editorial, por lo bien conceptualizados que estaban.

Pasemos a enumerarlos: “Estigma”, una mutante con poderes que capta la energía psíquica de los demás y que encarna el poder de su poderosa “aura” en una espada flamígera de origen psíquico, adoptando un peculiar traje de monja cuando “está de servicio”.

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A su lado tenemos a “Mihura”, el apodo de Roque Ruiz Montoya, un forzudo calé con la energía de una docena de hombres, de pensamiento simple que responde en los combates con contundentes golpes. Exlegionario, exmercenario, exboxeador, encontró en “Cascabel” alguien a quien cuidar cuando se conocieron en el Circo Maravillas. Y es ella, Cascabel, la tercera miembro del grupo que sirve de nexo con Iberia Inc. Pues Covadonga Lázaro, su verdadero nombre, es la hija de Juan Pedro Lázaro, antiguo superhéroe del régimen franquista español («Flechita«) y en la actualidad (la del tebeo) político demócrata de centro derecha y responsable gubernamental de Iberia Inc.

Como puede apreciar el lector, solo con la descripción de los personajes ya se advierte un trasfondo y contexto sólido para desarrollar este blockbuster de aventuras, que en su momento fue rotundo, por lo bien que hilvanó Marín lo planteado en un sólido guion. Aquí no había la necesidad de mostrar la potencialidad de todo un universo, como ocurría en Iberia Inc, y eso posibilitó que Marín edificara un relato más consistente, centrado en el trio protagonista y en su origen, que además de entretener, dejar guiños y referencias en sus páginas, daba consistencia tanto a esta serie como a su serie hermana. Entre ellas, no podemos pasar por alto las dos páginas que homenajean al gran Carlos Giménez en la cuarta entrega.

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En lo gráfico, tenemos a un Jesús Merino pletórico, dando la espectacularidad que precisa un tebeo de estas características. Cierto que el tebeo en lo plástico es hijo de su tiempo, los años ´90, y eso se nota en cuanto a composición de página y ritmo, pero también podemos afirmar, con la certeza de haber acabado de releerlo antes de escribir estas líneas, que estas páginas salen indemnes al paso del tiempo: siguen transmitiendo la fuerza y la emoción de cuando fueron concebidas. Por eso se nos hace muy extraño que Triada Vértice no haya sido nunca reeditado. Como si fuera un tesoro olvidado, vale la pena rescatar esta obra y ponerla a disposición de nuevos lectores, como muestra de que aquí se hacían muy buenos tebeos superheróicos a finales del siglo pasado. Y ya que estamos, puestos a pedir, que Marín y Merino creen nuevas aventuras de Estigma, Mihura y Cascabel.

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