Recuerdo haber escuchado a Sabino Méndez, escritor y compositor, allá por el 2007 en un concierto en solitario en Madrid, comentar que Loquillo, el front man que ha encarnado sus composiciones en los escenarios de este país, es algo así como un actor de un solo registro que va haciéndolo más grande a cada paso que da, al estilo de Jean-Paul Belmondo o Clint Eastwood. En el sentido de componer un personaje que interpreta en cada aparición pública y que va mejorando con los años, a base de acumular matices con esos “nuevos guiones” que suponen las canciones de cada nuevo trabajo discográfico. Unos guiones en los que el interprete ha contado con un excelente equipo creativo que maximiza el concepto artístico, y quizá de vida, que desarrolla José María Sanz en una carrera que ya cuenta con cuatro décadas en lo más alto. Llevándolo a cabo en un país como el nuestro, en el que el rock, salvo contadas excepciones, nunca ha estado en primera línea de exposición mediática.

Un equipo que cuenta con nombres insignes como Gabriel Sopeña e Igor Paskual, junto al propio Méndez, además de muchos otros (Carlos Segarra, Luis Alberto de Cuenca o Leiva, por citar solo algunos de sus colaboradores) que puntualmente han aportado su grano de arena para cimentar la leyenda que a día de hoy es Loquillo: Aquel chaval de barrio que “cantaba su canción” y la dotó de una épica urbana y creíble para varias generaciones. Con un cancionero que ha traspasado ya momento y lugar, formando parte de la memoria emocional de muchos de los amantes del rock español. Así que, solo por eso, cabe estar atento a cada paso artístico que dé este tipo. Y más tras el periodo del que venimos, en el que la coyuntura sanitaria y económica trastocó muchas iniciativas artísticas. Bajo esa coyuntura histórica vio la luz el disco que centra nuestra atención hoy: “Diario de una Tregua”, editado por Warner el pasado abril y que ha servido para que el Loco capitaneara una de las giras más potentes que se han paseado durante este año por territorio nacional.
Un disco en el que el Loco ha contado con los tres grandes compositores de su carrera – Sabino Méndez, Igor Paskual y Gabriel Sopeña – y la producción de Josu García, responsable del orgánico y cohesionado resultado final.

Paradójicamente y a pesar del título, “Diario de una Tregua” da mucha batalla en lo artístico, todo ello con las mejores armas: las canciones que aguardan en su interior. Los “guiones” con los que el Loco arma su discurso interpretativo y alimenta la estela de Rock Star que porta con orgullo de saberse uno mismo y disfrutar del camino. Solo así se puede explicar que el disco abra con “El Rey”, un tema de Igor Paskual que diseña un traje a medida para el jefe. Una canción que nos lleva a la calle E mientras el Loco entona un discurso autocomplaciente y se pregunta “¿Cómo es posible ser el Rey?”, mientras enumera muchos de los puntos fuertes que tiene su propuesta artística. Todo dotado de la épica propia del personaje, con dosis de “savoir faire” y atrevimiento a partes iguales. Una divertida intro que busca la complicidad de cada fan y que generó la suficiente atención cuando salió como single a la vez que se editaba el disco. No por nada, la gira posterior de este 2022 lleva su título.
Tras esta divertida llamada de atención, toca revisitar el clásico “La Mafia del Baile” de 1985 para llevarlo a terrenos más excitantes, acercarlo a Bo Didley y Buddy Holly y revestirlo de una enérgica madurez. Tras eso, “Sonríe”, de Sabino Méndez, nos invita (de igual manera que hizo cuando la estrenaron en redes en plena pandemia) a salir a calle y a reírnos de todo disfrutando de la vida. Seguro que, y permítase la licencia poética, en ese momento, en la esquina de esa metafórica calle está Willy DeVille mirando a las chicas pasar…

“Velas a San Antón”, un tema del Loco y Paskual, supone una suerte de lección de vida en lo textual, mientras la música nos evoca esos pasajes en los que Rick Rubin llevó a lo más alto a Johnny Cash. (¿Quizá esté haciendo lo mismo Josu García con el Loco en este trabajo?). De ahí, y aumentando la intensidad, el Loco acomete un nuevo himno: “Somos la Furia”, que en la versión en estudio cuenta con la vibrante participación de la guitarra de Jorge Martínez (Ilegales). Un discurso musical épico y comedido que gana en intensidad conforme avanza la canción.
“El rugido y el clamor.
El milagro y la ocasión.»
La poética del mejor Sabino Méndez nos la encontramos en entradas como la que sigue en este diario: “La Lluvia dice”, una joya que brilla con luz propia. Tras eso, “La Libertad” enarbola una llamada a vivir días mejores mientras una enérgica base musical consigue llevar a término el discurso que enarbola la voz del Loco, contra odios, banderas, fronteras y diversas imposiciones que la codicia humana va sembrando a su paso.

El momento de descompresión tras las descargas previas y el posterior clímax lo protagoniza “Todo tiene su sabor”, de Igor Paskual, un soul rock de los que tan bien le sientan al Loco. Ya solo queda preparase para asistir al crescendo final que suponen los dos últimos temas. El primero es, ya desde el momento que ha quedado registrado, un nuevo clásico del interprete del Clot: “Historia de dos Ciudades”, en el que Gabriel Sopeña musica el prólogo del inmortal clásico de Charles Dickens y nos regala una pieza que es puro zeitgeist, capturando lo universal que subyace en ese texto de 1859 y demostrando su plena vigencia, en una interpretación que el propio Sopeña acompaña a la voz al Loco.
Tras eso, solo queda “Voluntad de Bien”, de Sabino Méndez, que nos lleva a reencontrarnos con la mejor tradición de la chanson. Un tema en el que la voz del Loco transmite lo que se siente ante el final de los días: sabedor de lo que hay tras la madurez, con una emocional sensación de paz y esplendor, que va desarrollando mientras la canción toma cuerpo y despliega toda su grandeza. Con las últimas notas uno se imagina a Jaques Brel y a Johnny Hallyday sonriendo mientras escuchan este tema en el que se dan la mano pasado y presente. Un tema en el que la épica gana enteros e invita a emocionarse con una interpretación tan sentida como efectiva.

Así se cierra este trabajo que supone un paso adelante en la trayectoria del Loco. Un trabajo que emociona y, lo más difícil en una trayectoria que abarca ya 44 años, sorprende en algunos de los pasajes que compone el cancionero propuesto. Cierto es que no estamos hablando de un intérprete con registros vocales técnicamente perfectos, que esos que de pura perfección resultan asépticos, y al final aburridos. Estamos hablando de una voz con limitaciones en lo técnico, pero con capacidad de transmitir, de emocionar, de dotar de euforia los temas que enarbola. Acompañada en todo momento de una banda tremenda (Igor Paskual, Josu García, Laurent Castagnet, Alfonso Alcalá, Pablo Pérez y Gabri Casanova) que ejecuta a la perfección lo que cada tema exige y coordinadas por un orfebre en la producción (el propio Josu). Eso es lo que espera en este “Diario de una Tregua”, quizá el mejor disco del Loco desde “Balmoral”. Con textos que en ocasiones no son optimistas, pero siempre lúcidos.
“¿Cómo se puede ser el Rey?” pregunta el Loco en el primer tema del disco. En el resto deja la respuesta grabada con unos temas que piden a gritos ser interpretados en directo. Quizá en la gira «El Rey» que ha venido a continuación no todos han podido ejecutarse ante el público. También es cierto que con semejante cancionero es difícil elegir y acotar un set en el que tenga cabida todo lo que implican más de cuatro décadas de carrera. O puede ser que el Loco los reserve para formatos más acordes como pueda ser un teatro. Quien sabe. Lo único que ponemos decir al respecto es que “Diario de una Tregua” es un trabajo que, a los que en algún momento tuvimos una pandilla para “jugar a ser los faraones de la ciudad”, nos reconforta el “afán de medir” y “deseo de contar” que esconden estas canciones. Porque esa es la mejor sensación que deja este trabajo: la de no quedarse en lo ya conseguido y seguir explorando. Eso es lo que suponen estos “nuevos guiones” para el actor de registro que es el Loco. En definitiva: afán de crecer.
