
¿Qué harías tras el apocalipsis? La respuesta a esta pregunta ha servido de premisa para múltiples obras de ficción, por las posibilidades implícitas que despierta. No por nada, en los casos límite es cuando se pone en cuestión cualquier valor y condición. Y quizá por ello sea esta pregunta caudal inagotable de buenos relatos.
Uno de ellos es “Gung Ho”, de Benjamin von Eckartsberg y Thomy von Kummant, que acaba de publicar en formato integral Norma Editorial en una edición traducida al castellano por Alfred y Jofre Sala. En ella nos esperan los cinco álbumes que componen este thriller apocalíptico. Uno cuyo impacto es mayor si se degusta de forma completa.

¿Las razones? Basicamente son dos y una es muy poderosa: partir de un lugar común para construir mediante un sólido desarrollo un argumento que no solo entretenga al lector, sino que cale hondo mientras se degusta. Eso lo consigue Von Eckartsberg manejando tempos y recursos argumentales con oficio. Es obvio que la ciencia ficción apocalíptica tiene multiples referencias previas y Von Eckartsberg las utiliza con habilidad para plantar, desde el momento, unos parámetros que enseguida quedan implícito en la trama. Pero va más allá. Sabedor que paisaje y contexto no lo son todo, lo puebla de personajes sólidos. De los que pisan el suelo mientras muestran al lector su rebeldía ante el mundo y las colonias militarizadas donde han de pasar su existencia. Ese, más allá, de la ficción escapista, es el motor que alimenta el grito de guerra hecho viñetas que es “Gung Ho”.
Un grito que pone sonido, si se permite la metáfora, el trazo digital de Thomy von Kummant, que plantea un juego plástico dotando de personalidad a lo trazado en las viñetas. Unas que no solo hacen respirar la historia, sino que la visten de estética singular, a base de acertados diseños. No redundantes y siempre al diseño de lo que se cuenta. Como la forma de estructurar páginas y encuadres, potenciando con la misma efectividad tanto los momentos descriptivos como los de acción.

Quizá por eso las 456 páginas que componen “Gung Ho” se recorren con fluidez. En su composición todo invita a continuar la lectura, a ver qué ocurre con estos chavales que no se resignan a lo inevitable. Unos chavales, que de puro tridimensional que resultan sus caracterizaciones, hacen creible el infierno apocalíptico en el que vive. Por sus interacciones. Por el reto que les espera en este relato. Uno que, tras leerlo, deja poso por la solidez de lo mostrado.
