A menudo cuando se abordan biografías se suele hacer un recorrido, con mayor o menor énfasis, por todos los hitos y vicisitudes que abordó el protagonista de la historia. El resultado, en esos casos, no deja de ser una crónica lineal cuyo final ya sabemos cuál es. Pues, como decía el protagonista de este tebeo, “si quieres un final feliz, eso dependerá, por supuesto, de donde decidas detener tu relato”.

Esa es una de las frases más célebres de George Orson Welles ( 6 de mayo de 1915, Kenosha, Wisconsin , Estados Unidos – 10 de octubre de 1985, Los Ángeles, California), más conocido para la posteridad como Orson Welles. El hombre tras “Ciudadano Kane”, “La Guerra de los Mundos”, “Otelo” o “Campanadas a Medianoche”, capaz de revolucionar a una sociedad con un programa radiofónico y de hacer crecer el cine. Un tipo consciente que es más importante el camino que el destino. Puro siglo XX en forma y fondo, la huella de Welles perdura pues su talento como director de cine, actor, guionista y, en definitiva, dramaturgo, es incuestionable.
Abordar sus setenta años de vida de forma lineal podría haber sido una de las formas de acercarse a su figura. No es el camino que ha optado Youssef Daoudi en “Orson Welles. El artista y su sombra” (“Orson Welles l’artiste et son ombre”), recíen editado en castellano por Norma, con traducción de David Domínguez. Daoudi, que ya dejó huella en muchos aficionados con “El último hombre en pie: Jack Johnson y el combate del siglo”, ha preferido un enfoque más ambicioso, uno en el que se busca algo más que la mera concatenación de hechos, datos e hitos del biografiado. Pues lo que nos brinda es un acercamiento más profundo a la figura del artista. Como si fuera un lienzo cuyas pinceladas aportan matices de sobre la pulsión artística y rasgos psicológicos del retratado. Algo no exento de riesgos, pero que si se logra, el resultado suele ser más satisfactorio, pues “el cómo” reviste de fuerza a “el qué”.

“En el movimiento de una imagen a otra hay algo parecido a una estructura rítmica, contrapuntos, armonía y disonancias.”
De este modo, Daoudi ha compuesto la sinfonía de una vida, donde nos da una visión casi íntima de Welles. Una en la que podemos atisbar lo que fue ese niño prodigio, donde se revela el genio que anteponía lo brillante a lo rentable, donde se perfilan los rasgos psicológicos del creador, la pulsión por crear, la lucha por sacar adelante proyectos en los que lo artístico pesa más que el rédito inmediato. Todo eso esta aquí, orquestado en una obra que fluye por sus páginas un sabor shakespeariano, pues Welles, en el mejor de los sentidos, supo beber de Shakespeare y asimilarlo en muchas de sus obras, aportando, eso sí, su personal huella. Esa que hace que cuarenta años después de haber muerto, su legado permanezca inmaculado.
Por eso ver a Welles en este cómic entablar soliloquios como si fuera un personaje de Shakespeare nos parece, más que un recurso, un acierto en toda regla. Por todo lo que implica, simboliza y dimensiona a su figura. A modo de dialogo con el lector, el propio Welles nos va a llevar por su vida. Por ese torrente que con 23 años hizo “Ciudadano Kane”, por sus momentos poniendo voz a “La Sombra” (“The Shadow”) en su serial radiofónico, por el terror que despertó cuando se estrenó por radio “La Guerra de los Mundos”, por la descreída madurez artística con que enfiló el resto de su trayectoria, donde luchó para poder hacer el cine que el quería, y no el que “le demandaba el mercado”.

Hacer con estos mimbres un relato, y saber transmitir lo que subyace en una vida tan llena de genialidad como de rebeldía, no es tarea fácil. Youssef Daoudi lo ha logrado en su acercamiento a Welles de forma certera. Para ello se apoya, además de un guion preciso en el que todo tiene su razón de ser, en un ritmo gráfico que logra una naturalidad narrativa fluida, con excelentes juegos estéticos donde el amarillo pesa tanto como el blanco y negro. Y es ahí donde crece robustamente “Orson Welles. El artista y su sombra”, como una sinfonía perfectamente plasmada que nos muestra ese rincón donde crece lo creativo, donde nace lo eterno. No es fácil, como digo, llegar allí y transmitirlo. Y en este cómic se ha logrado.
