
El tebeo que hoy nos ocupa ya es noticia por sí mismo por lo que supone: la vuelta de Mike Mignola a dibujar páginas interiores. Mucho tiempo llevábamos observando como el autor se limitaba a guionizar y hacer portadas de muchos de los títulos del universo que creó en torno a Hellboy. Por esa razón, encontrarse con “ Jugando a bolos con cadáveres y otras historias extrañas en tierras desconocidas” (“Bowling with Corpses and Other Strange Tales from Lands Unknown”), recién editado por Norma, es una sorpresa de las buenas. Porque además tenemos en sus adentros lo mejor de un Mignola maduro que sabe jugar con cada página para sacarle el máximo.
“Jugando a bolos…” es en sí una antología de relatos fantásticos de corte siniestro o macabro. De los que beben del folclore europeo y pasan por el tamiz de los pulps de terror y serie B. Es en esencia, en terreno donde Mignola hizo crecer a su célebre Hellboy y a todo el universo que creó en torno a su personaje cabecera. En esta ocasión esta antología se apoya más en la tradición folclórica de historias siniestras, de humanos relacionándose con seres sobrenaturales y, también, de explicaciones mitológicas de la creación del mundo. Unos parámetros que, en las manos de Mignola, sirven para evocar y sugerir mientras sumerge a los lectores en un mundo mágico.

Ese encanto, desplegado en las páginas, se sustenta en tres pilares. El primero, ya citado, es el legado de terror y fantasía donde se apoyan estas historias. Bien asentadas y “a hombros de gigantes”, las historias fluyen orgánicamente en esas coordenadas. Evocando un mundo de ensueño, a ratos fantástico y, en otros, siniestro. Recordando en cierta medida a esos relatos que han acompañado a la humanidad a lo largo de su historia. A mitos y creencias populares. En definitiva, a ese folclore popular tan pegado a la piel del ser humano.
Con esa materia prima Mignola ha esbozado los guiones de las distintos relatos que aparecen en “Jugando a bolos”. Guiones efectivos, con gran capacidad evocadora y que se sirven de elementos de la tradición popular para que su arte saque provecho a cada de las páginas que lleva a cabo.

Un estilo artístico, y este es el tercer pilar, ya en plena madurez. Donde la síntesis gráfica y la economía de trazo de Mignola compone páginas esplendorosas. Sin excesos gráficos, cada dibujo va a lo esencial: a captar y potenciar lo que muestra. Sin perder nunca la perspectiva que se está narrando con viñetas, Mignola nos lleva de forma fluida por cada página para que el disfrute de estas historias de “tierras desconocidas” sea máximo. Como recurso, las masas de negro y los contrastes siguen siendo una de las mejores bazas de Mignola, y en esta obra hay notables muestras de ello.
A su lado, Dave Stewart baña el trabajo de un efectivo color que refuerza las sensaciones del mundo mágico que espera en esta obra. Dimensionando, con las elecciones cromáticas adoptadas, el punto exacto emocional a cada momento y escena que Mignola plasma.

De ese material se componen las 112 páginas de “Jugando a bolos con cadáveres y otras historias extrañas en tierras desconocidas”, que acaba de editar Norma en formato cartoné y traducción de Héctor Lorda. Donde además del cómic nos esperan unos extras que son una delicia, pues se trata de diseños a lápiz de Mignola y páginas a tinta muy disfrutables. De las que te recreas en observarlas cuando las encuentras. Es ese pues el fantástico mundo que espera aquí. El que ha hecho volver a dibujar interiores a Mignola y que, desde aquí celebramos como el pequeño tesoro gráfico que es. El que supone, a todas luces, un acertado regreso gráfico. El de Mike Mignola a dibujar páginas interiores. Disfrutémoslo pues.
