El Sensacional Spiderman: La Colección Completa. Entre Civil War y el regreso del traje negro

Si hay algo que define al hombre araña es su capacidad para meterse en líos y este integral de «El Sensacional Spiderman» es básicamente una enciclopedia de “cosas que pueden salirle mal a Peter Parker en tiempo récord”. Aquí no hay descanso ni hay tregua y, desde luego, no hay forma humana de que el pobre hombre se tome un café tranquilo sin que aparezca un lagarto gigante, un hombre lobo o una crisis superheroica de escala nacional para arruinarle el día. Este tomo, que recopila una etapa nacida tras Marvel Knights Spiderman y que se cruza de lleno con Civil War, es una montaña rusa que mezcla terror, acción, drama y momentos íntimos con una naturalidad sorprendente, como si alguien hubiera decidido agitar todas las versiones posibles del personaje en una coctelera y servir un cóctel que, contra todo pronóstico, entra solo.

La fiesta empieza fuerte, con Roberto Aguirre-Sacasa al guion apostando por un enfoque que huele a nostalgia noventera, recuperando ese tono oscuro y algo macabro. Y claro, si vas a hacer un Spiderman oscuro, no puedes conformarte con ladrones de poca monta. Aquí entran en juego los villanos más “animalescos” del repertorio del trepamuros, como el Lagarto, Gata Negra o El Hombre Lobo (el hijo de Jameson), pero no en su versión habitual, sino en una especie superiormente salvaje donde la parte humana parece haber perdido la batalla frente a la bestia interior. El resultado es un inicio que parece más una película de terror con telarañas que un cómic clásico de superhéroes, con peleas brutales, criaturas deformes y un Spiderman que, por momentos, parece preguntarse en qué momento su vida se convirtió en un documental de National Geographic pero con más puñetazos.

El apartado gráfico acompaña perfectamente esta locura inicial, sobre todo gracias al trabajo de Ángel Medina, que dibuja como si cada página fuera la portada de un disco de heavy metal: cuerpos exagerados, expresiones desatadas y monstruos que parecen salidos de una pesadilla con presupuesto ilimitado. No es un estilo para todos los gustos, pero encaja como un guante en esta historia, porque aquí la sutileza brilla por su ausencia y lo que se busca es impacto, visceralidad y esa sensación de que todo está a punto de descontrolarse. Luego entra en escena Clayton Crain, que cambia completamente el tono visual con un estilo más pictórico, más oscuro y casi onírico, con páginas que son una pasada pero que a veces hacen que Spiderman parezca moverse con menos agilidad de la que debería alguien que literalmente se balancea por la ciudad como si fuera un acróbata con hipoteca. A esto se suma el desfile de artistas como Sean Chen, Ramón F. Bachs o Lee Weeks, que aportan variedad y hacen que el tomo tenga ese aire de collage creativo que, lejos de molestar, termina dándole personalidad.

Lo interesante llega cuando el cómic decide bajar revoluciones y recordar que Spider-Man no es solo puñetazos y acrobacias imposibles, sino también un tipo con una vida personal que es, siendo honestos, un desastre bastante entrañable. De repente, entre tanta pelea, empiezan a aparecer historias más íntimas, centradas en personajes como Mary Jane Watson, la tía May o la propia Gata Negra, y el tono cambia por completo: menos explosiones, más emociones; menos monstruos, más humanidad. Son episodios que conectan mucho con la etapa de J. Michael Straczynski y que demuestran que, a veces, el mayor enemigo de Peter Parker no es un villano con colmillos, sino la dificultad de mantener a salvo a la gente que quiere sin perderse a sí mismo por el camino.

Entonces, como si la vida de Peter no fuera ya lo suficientemente complicada, llega Civil War para ponerlo todo patas arriba. Aquí el cómic se pone serio, muy serio, y Spiderman pasa de ser el héroe bromista de siempre a un personaje atrapado en un conflicto que le obliga a tomar decisiones que afectan tanto a su identidad como a su relación con otros héroes. Es en este contexto donde aparece el regreso del traje negro, en el arco conocido como Back in Black, y donde vemos a un Peter Parker mucho más enfadado de lo habitual, más directo, más peligroso y con bastante menos paciencia para tonterías. Es un Spiderman que impone respeto, que pega más fuerte y que deja claro que, cuando las cosas se ponen realmente feas, el chico de las bromas puede convertirse en alguien bastante intimidante. Eso sí, hay momentos en los que la continuidad entre series chirría un poco, porque mientras en otras colecciones Peter parece completamente obsesionado con su objetivo principal, aquí se permite ciertos desvíos que hacen que el lector levante una ceja y piense: “¿pero no estabas en modo venganza total hace un momento?”. No es un desastre, pero sí uno de esos detalles que recuerdan que el universo Marvel es un engranaje enorme donde a veces las piezas no encajan del todo.

Cuando parece que el tomo ya ha dado todo lo que tenía, llega el Annual #1 y decide robar el espectáculo sin pedir permiso. Escrito por Matt Fraction y dibujado por Salvador Larroca, este número es una auténtica joya que cambia completamente el enfoque para centrarse en la relación entre Peter y Mary Jane. Aquí no hay grandes batallas ni villanos gigantescos, sino una historia mucho más íntima, emocional y, en algunos momentos, bastante oscura, que explora lo que significa amar a alguien cuya vida está constantemente en peligro. Es uno de esos cómics que te recuerdan por qué esta relación ha sido tan importante a lo largo de la historia del personaje, y que demuestra que, incluso después de todo lo que han pasado, Peter y MJ siguen siendo uno de los pilares más fuertes de la “casa de las ideas”.

La edición más completa de este material es ésta última que hoy nos ocupa, a cargo de Panini Comics junto a SD Distribuciones y con traducción de Santiago García. Contiene The Sensational Spider-Man Volume 2 del #23 al #40 y Annual #1, además de una introducción de Raúl López, varios bocetos de Clayton Crain y una entrevista en mesa redonda de varios de los escritores de Spiderman entre los que están Peter David, J. Michael Straczynski y Roberto Aguirre-Sacasa.

En conjunto, este integral es una de esas etapas que quizá no siempre aparece en las listas de “lo mejor de SpiderMan”, pero que tiene muchísimo que ofrecer. Es irregular, sí. Cambia de tono, de estilo y ritmo más de una vez; y tiene algún que otro momento en el que la historia se alarga más de lo necesario. Pero también es divertida, intensa, sorprendente y, sobre todo, muy consciente de lo que hace especial al personaje. Porque al final, entre monstruos, guerras superheroicas y crisis personales, lo que mantiene todo en pie es la figura de Peter Parker, ese tipo que intenta hacer lo correcto, aunque el universo entero parezca conspirar para complicarle la existencia. Y mientras siga siendo así, mientras SpiderMan siga siendo ese héroe que lucha tanto contra villanos como contra su propia vida, tomos como este seguirán siendo, con todos sus altibajos, tremendamente disfrutables.

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