El increíble Hulk de Phillip Kennedy Johnson 1. La Era de los Monstruos

Hay superhéroes que inspiran esperanza, otros que representan justicia y luego está Hulk, que básicamente simboliza el arte supremo de perder los nervios, ponerse verde y solucionar cualquier problema a base de puñetazos gigantes. Y si alguien tenía que recordarnos lo divertido que puede ser ver a un monstruo desatado atravesar un mundo lleno de horrores, ese alguien es Phillip Kennedy Johnson con este primer tomo de «El Increíble Hulk» recopilado en Marvel Premiere. Después de años en los que Marvel parecía no tener muy claro qué hacer con el gigante esmeralda tras la revolucionaria etapa de Al Ewing en El Inmortal Hulk, la editorial decide devolver al personaje a un territorio que siempre le ha sentado de maravilla. El del horror, el de los monstruos y el de las carreteras secundarias donde Bruce Banner intenta sobrevivir mientras el coloso verde dentro de su cabeza sueña con aplastar todo lo que se mueva.

Porque sí, el pobre Banner vuelve a estar en su situación favorita: huyendo. Huyendo del FBI, de la justicia, de la sociedad y sobre todo huyendo de Hulk, que aquí no es solo una transformación ocasional sino un compañero de piso muy enfadado que cada vez tiene más ganas de tomar el control del cuerpo compartido. La dinámica entre ambos vuelve a convertirse en una auténtica guerra interna, una pelea constante entre el científico que intenta mantener la calma y la criatura que solo quiere salir al mundo para repartir mamporros del tamaño de un edificio. Johnson entiende perfectamente que Hulk siempre ha funcionado mejor cuando es un monstruo antes que un superhéroe, y por eso decide empujar la serie hacia un territorio claramente cercano al terror. En lugar de grandes batallas urbanas o aventuras con los Vengadores, aquí tenemos carreteras perdidas, pueblos olvidados por Dios, minas abandonadas y pantanos que parecen esconder secretos bastante desagradables. Es el escenario perfecto para un coloso errante, casi como si fuera el protagonista de una vieja película de terror rural en la que cada parada en el camino trae consigo una nueva pesadilla. Y es que algo se está despertando en el mundo, algo antiguo que ha decidido convocar a criaturas de todo tipo para dar caza al gigante verde.

Lo que Johnson plantea desde el primer número es una auténtica Era de los Monstruos, un concepto que convierte el cómic en una especie de festival de criaturas grotescas, zombis, horrores sobrenaturales y entidades que parecen escapadas de una novela de Lovecraft. Cada número funciona casi como un capítulo de una película distinta en la que Hulk se encuentra con un nuevo monstruo que intenta acabar con él, lo que inevitablemente termina con el monstruo estampado contra el suelo mientras el gigante esmeralda demuestra que, en el fondo, sigue siendo el bicho más fuerte de todos. Pero la serie no se limita a encadenar peleas espectaculares, porque Johnson también introduce un elemento humano que aporta bastante tensión a la historia. Charlie, una adolescente fugitiva que se cruza en el camino de Banner y que, por alguna razón que probablemente haría sudar frío a cualquier psicólogo, idolatra al Hulk. Para Charlie, el gigante verde no es un peligro sino un símbolo de fuerza, alguien capaz de plantar cara a un mundo que a ella nunca le ha dado demasiadas oportunidades. Su relación con Hulk se convierte en uno de los motores del tomo, porque la chica no se limita a seguirlo como una simple acompañante, sino que interactúa con él, lo provoca, lo admira e incluso intenta imitar su peculiar forma de hablar. Hulk, que normalmente tiene la paciencia justa con los humanos, termina tolerando su presencia de una forma extrañamente protectora, lo que crea una dinámica curiosa que recuerda en parte a la vieja relación del personaje con Rick Jones, pero con un tono mucho más oscuro y moderno.

Mientras tanto, el guion va soltando pistas sobre la amenaza que está detrás de la aparición de todos estos monstruos, una presencia antigua que parece tener un interés muy particular en Hulk y que promete convertirse en el gran conflicto de esta etapa. El ritmo de la historia es rápido, casi salvaje, con Johnson lanzando una idea detrás de otra mientras Banner y Hulk atraviesan el país intentando sobrevivir a una sucesión de encuentros cada vez más violentos y extraños.

Todo esto se apoya además en un apartado gráfico espectacular por parte de Nic Klein, que ofrece una versión del personaje enorme, salvaje y brutal. Su Hulk no es el típico héroe musculoso de póster, sino una criatura gigantesca que parece más un animal que un ser humano, con una presencia intimidante que domina cada página en la que aparece. Pero donde Klein realmente brilla es en las transformaciones, que dibuja como un auténtico espectáculo de horror corporal: huesos que crujen, músculos que se expanden y cuerpos humanos que parecen romperse para dejar salir al monstruo. Es grotesco, incómodo y absolutamente perfecto para el tono que busca la serie. El color de Matthew Wilson refuerza todavía más esa atmósfera oscura, utilizando tonos verdosos enfermizos, sombras profundas y escenarios que transmiten una sensación constante de suciedad y decadencia.

Más adelante, en los números cuatro y cinco, el dibujo pasa a manos de Travel Foreman, cuyo estilo es bastante distinto al de Klein, más experimental y retorcido, con composiciones extrañas y un enfoque más psicológico del terror. Aunque el cambio puede resultar chocante al principio, funciona bastante bien con la historia de esos números, que introducen además a uno de los personajes más peculiares del lado sobrenatural del universo Marvel. El Hombre Cosa, el guardián del pantano, cuya presencia refuerza la sensación de que Hulk se está moviendo por un territorio lleno de criaturas extrañas que normalmente viven lejos de las historias heroicas tradicionales. Haciendo que pasemos del vengador a ese monstruo irredento que no nadie deja en paz. Y por último tenemos el Annual realizado por David Pepose, Caio Majado y Edgar Delgado que se publicó antes del inicio de la serie y es un buen punto de corte entre el siguiente Marvel Premiere.

En cuanto a la edición española, Panini Comics publica este arranque de etapa dentro de su línea Marvel Premiere, un formato que se ha convertido en una puerta de entrada perfecta para nuevas series o etapas modernas del universo Marvel. El tomo reúne 168 páginas en rústica y a color, recopilando los números 1 al 5 de la serie junto con el Annual, lo que permite leer de una sola sentada el primer gran arco de la llamada “Era de los Monstruos”.

Por eso, al terminar este primer volumen queda claro que estamos ante algo más que un simple reinicio del personaje. Johnson entiende perfectamente quién es Hulk y por qué sigue siendo uno de los personajes más fascinantes de Marvel. No es solo un superhéroe fuerte, es un monstruo atrapado en un mundo que también empieza a llenarse de monstruos. Esa idea, simple pero poderosa, es la que sostiene todo este arranque de etapa. El cómic mezcla terror, acción brutal y una constante sensación de amenaza que mantiene la historia avanzando como una locomotora desbocada. Entre cultos extraños, criaturas imposibles, carreteras solitarias y pueblos perdidos, Hulk vuelve a sentirse como una fuerza de la naturaleza que no pertenece a ningún equipo ni a ningún lugar. Solo existe, aparece cuando menos lo esperas y cuando lo hace, algo acaba inevitablemente destrozado. Si este primer tomo del Increíble Hulk sirve como declaración de intenciones, la Era de los Monstruos promete ser un viaje salvaje por el lado más oscuro del universo Marvel. Y si todos esos horrores creen que pueden cazar al gigante esmeralda, quizá deberían recordar una pequeña regla básica del mundo de Hulk: cuando los monstruos salen de las sombras para enfrentarse al Goliat Verde, normalmente descubren demasiado tarde que el monstruo más peligroso de todos siempre ha sido Hulk

Deja un comentario