Conan el Bárbaro #15: siglos reptando bajo el mundo

Todo lo que fue, es o vaya a ser algún día ocurre ahora

Hay personajes del cómic que reflexionan antes de actuar. Otros hacen discursos inspiradores. Y luego está Conan, que normalmente entra en una habitación, rompe una mesa, bebe el vino de alguien más y después pregunta qué demonios está pasando. Si alguna vez te has preguntado cómo sería una investigación criminal dirigida por un bárbaro cimerio con resaca y una espada enorme en esta grapa número quince de «Conan el Bárbaro» probablemente sea lo más parecido que vas a encontrar.

Porque sí, este número tiene asesinatos misteriosos, conspiraciones antiguas y dioses serpiente que llevan milenios planeando cosas muy poco agradables para la humanidad. Pero también tiene a Conan intentando robar en la casa equivocada, descubriendo un cadáver donde debería haber joyas, y acabando rodeado de guardias que están bastante convencidos de que el grandullón con espada es el culpable. Es el tipo de situación en la que la mayoría de la gente intentaría explicar las cosas con calma. Conan, en cambio, suele resolver estos problemas con dos métodos muy fiables: correr rápido o repartir espadazos más rápido todavía.

Este número marca el comienzo de «El Azote de la Serpiente» («Scourge of the Serpent»), una historia que el guionista Jim Zub plantea como una conspiración que atraviesa siglos enteros del universo creado por Robert E. Howard. Y lo hace con una estructura que salta entre distintas épocas: la Era Thuriana de Kull, la Hyboria del joven Conan y el mundo moderno de principios del siglo XX, donde el ocultista John Kirowan empieza a descubrir que algunas reliquias antiguas deberían haberse quedado enterradas para siempre. Tres historias distintas que, poco a poco, empiezan a revelar que el mismo enemigo ha estado manipulando acontecimientos durante siglos: los hombres serpiente de Set. Criaturas antiguas, expertas en disfrazarse de humanos y en infiltrarse en lugares de poder. Básicamente, si alguien en la historia parece sospechoso, probablemente sea porque tiene escamas debajo de la túnica.

El primer escenario que encontramos es la antigua Valusia, donde el rey Kull gobierna un reino que empieza a oler a traición por todos los pasillos del palacio. En esta parte aparece Brule, un guerrero duro como una roca que llega con noticias bastante incómodas: algunos de los consejeros del rey podrían no ser humanos en absoluto. En un mundo donde las intrigas políticas ya son peligrosas de por sí, añadir criaturas reptilianas que pueden cambiar de forma convierte cualquier reunión del consejo real en algo parecido a una partida de póker, pero con espadas. Mientras tanto, en la Era Hyboria, Conan está teniendo un día bastante malo. Lo que empezó como un simple robo termina con un cadáver sobre el suelo, un museo lleno de reliquias sospechosas y un montón de guardias convencidos de que el bárbaro es un asesino. Lo divertido es que Conan no tiene ni idea de qué está pasando realmente. Él solo quería encontrar unas cuantas joyas, beber vino barato y quizá impresionar a alguna dama de moral relajada. En lugar de eso, se encuentra atrapado en una conspiración sobrenatural que conecta con artefactos antiguos y cultos dedicados al dios serpiente. La tercera línea temporal nos lleva al siglo XX, donde un profesor investiga el extraño comportamiento de una mujer que empezó a actuar de forma violenta después de recibir un anillo con forma de serpiente. Lo que podría parecer un caso curioso de superstición acaba revelando algo mucho más inquietante. Ese objeto tiene un vínculo directo con una tradición oscura que se remonta miles de años atrás.

La habilidad de Zub en este número está en cómo consigue que estas tres historias funcionen como partes de un mismo rompecabezas. Cada salto temporal es una nueva pieza de información, una pista más sobre el plan que “el mal” por llamarlo suavemente podría estar preparando para la humanidad. Y lo hace sin caer en largas explicaciones pesadas. En lugar de eso, deja que el misterio crezca poco a poco, como una serpiente que se desliza entre las sombras. Pero claro, un cómic de Conan no puede vivir solo de conspiraciones. Tiene que haber acción, espadas, golpes y momentos en los que alguien atraviese una mesa de madera a base de pura violencia. Y ahí es donde entra el trabajo de Iván Gil, que convierte cada escena de pelea en un pequeño festival de energía y movimiento.

El Conan que dibuja Gil es poderoso, sí, pero también ágil. No parece un bloque de músculos estático, sino un depredador que se mueve con rapidez y precisión. Sus saltos, sus golpes y sus espadazos tienen una sensación física muy clara, como si cada movimiento tuviera peso real. Es un Conan joven, todavía en proceso de convertirse en la leyenda que conocemos, pero ya con esa mirada peligrosa que dice: “si esto se pone feo, alguien va a salir volando por la ventana”. El color de João Canola ayuda mucho a diferenciar las distintas épocas. Las escenas de Conan tienen una energía más directa y cruda, mientras que la historia de Kull se siente más oscura y conspirativa. En la parte moderna, el tono se vuelve casi de horror sobrenatural, con sombras densas y luces inquietantes que refuerzan la sensación de que algo muy antiguo está despertando.

Uno de los aspectos más interesantes del cómic es cómo mezcla géneros. Por un lado, tenemos la clásica aventura de espada y brujería. Por otro, una historia de terror cósmico que recuerda al lado más oscuro de la obra de Howard. Y en medio de todo eso aparece el misterio detectivesco de un asesinato que conecta con artefactos malditos y conspiraciones milenarias. Es una combinación ambiciosa, pero sorprendentemente funciona. Eso sí, el ritmo puede resultar un poco vertiginoso. Los saltos entre épocas son constantes y en algunos momentos el cómic avanza tan rápido que casi obliga a releer ciertas páginas para captar todos los detalles. Pero esa velocidad también forma parte del encanto de la historia. No estamos ante una trama pausada y contemplativa; estamos ante un relato que se mueve como una carga de guerreros cimerios bajando por una colina.

La edición española de Panini Comics reúne en esta grapa el material de «Conan The Barbarian: Scourge of the Serpent 1# y #2» junto con el especial publicado durante el Free Comic Book Day de Titan Comics. Lo que da como resultado un número bastante generoso de 72 páginas con traducción de Joan Josep Mussarra, que incluye las portadas alternativas realizadas por Geof Isherwood, Matías Bergara y un epilogo de Fran Calderón. De ahí que sea un comienzo potente para la saga y también un buen punto de entrada para nuevos lectores que quieran probar suerte con la serie. Por eso, este número de «Conan el Bárbaro» deja una sensación muy clara. Esto es solo el principio de algo mucho más grande. Las serpientes ya se están moviendo en las sombras, las conspiraciones empiezan a salir a la luz y distintos héroes de la obra de Howard parecen destinados a cruzar caminos en esta historia. Y en medio de todo ese caos milenario está Conan, que probablemente no entiende del todo la magnitud de la amenaza, pero tampoco le importa demasiado. Mientras haya una espada en su mano, un enemigo delante y una jarra de vino esperándole al final del día, el cimerio está perfectamente preparado para enfrentarse a cualquier dios serpiente que tenga la mala idea de cruzarse en su camino.

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