
Fueron 82 días, entre el 1 de abril y el 21 de junio de 1945, lo que duró la batalla en las islas Ryūkyū (琉球諸島 Ryūkyū-shotō) durante la Segunda Guerra Mundial. El archipiélago más meridional de Japón fue el escenario de lo que se conoce como “La batalla de Okinawa”, la que tuvo más víctimas civiles y militares de todas las acaecidas en el pacífico. Sirvió para que la balanza se decantara por Estados Unidos. Poco después, el 6 y 9 de agosto de ese mismo año, con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, Japón se rendiría poniendo punto final al conflicto en el escenario asiático.
Por el camino, multitud de vidas segadas o desgarradas por el dolor. “La guerra es sucia” es una frase que recoje Sumusu Higa en el manga que hoy nos ocupa. La decía su madre y da la dimensión exacta de lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial en las islas Ryūkyū. Es lo que nos cuenta Higa en “Okinawa, el viento habla” (“Kajimunugatai: Kaze ga Kataru Okinawasen”, カジムヌガタイ 風が語る沖縄戦 ), editado en castellano por Reservoir Books con traducción de Sandra Ruiz Morilla.

Publicado originalmente en Japón de forma serializada entre 2001 y 2003 en la revista Morning, el conjunto de relatos que creó Sumusu Higa le valieron la obtención del “Japan Media Arts Grand Prize en la categoría de Maga, así como el reconocimiento internacional, que ha ido creciendo a lo largo de los años. Siempre en los márgenes de lo comercial, pero con la consistencia que da tener algo que decir y contar. Algo que, sin duda, deja huella en quien lo escuche o lea. Como muestra, este “Okinawa, el viento habla”, una colección de relatos que refleja lo dura que fue la Segunda Guerra Mundial en el archipiélago de Ryūkyū.

A través de seis relatos, siempre inspirados en hechos reales, Higa plasmó la dimensión exacta para aquella población civil que padeció el conflicto en las islas. Que padeció la invasión norteamericana, pero también la tiranía del ejercito japonés. Donde “los defendidos” eran expulsados de los búnkeres para que se refugiaran los soldados. Donde, tras la paz llegó la victoria y hubo abusos por parte del bando vencedor.
Más allá de cualquier propaganda o ilusión épica. Ahí radica el espíritu de este manga. Uno que plasma la memoria de lo acaecido esos días, con sencillez y sobriedad, pero a la vez contundente. Sin artificios ni metáforas. Con la voluntad de mostrar lo aberrante de esas situaciones desesperadas, en las que aflora tanto lo peor como lo mejor del ser humano. Donde la inocencia se pierde a la vez que descubre el dolor en las propias carnes.

De eso se nutre “Okinawa, el viento habla” y ahí está su fuerza. Para recordarnos que, en la guerra real no hay épica ni momentos heróicos. Solo suciedad y dolor. Y conviene no olvidarlo. Por eso, tebeos como “Okinawa, el viento habla” se antojan necesarios. Tanto por su valor artístico como por el testimonial que recogen estos relatos. Para que no se olviden ni se difuminen entre el humo de fuegos belicistas. “La guerra es sucia”, como ya hemos dicho. Por eso conviene limpiarla de propagandas épicas y mostrar sus crueles efectos. Por eso son saludables tebeos como éste.
