Hay personajes de cómic que salvan el mundo. Otros lo protegen. Algunos lo vigilan desde las sombras. Y luego está Masacre, ese mercenario bocazas que, cuando se aburre, decide que lo mejor para pasar la tarde es matar a todo el Universo Marvel. Y no, no estamos exagerando. Esa es literalmente la premisa de «Masacre mata al Universo Marvel por última vez» («Deadpool Kills the Marvel Universe One Last Time«), el cierre (o eso dicen) de una de las sagas más salvajemente gamberras que han salido de las oficinas de Marvel Comics en los últimos años.

La historia comienza con una premisa tan sencilla como absolutamente delirante. Wade Wilson ha vuelto. Y si pensabas que después de haber masacrado héroes en universos anteriores ya se le habría pasado la tontería, te equivocas. Porque en esta ocasión Masacre decide que eliminar a los héroes más poderosos de la Tierra ya no es suficiente. Esta vez el objetivo es mucho más ambicioso, mucho más absurdo y mucho más divertido: arrasar con todo el Multiverso Marvel. Así, sin anestesia. Si existe una versión alternativa de un héroe, Wade quiere conocerla y probablemente atravesarla con una katana en la misma página.
Detrás de este festival de violencia vuelve a estar el guionista Cullen Bunn, que lleva años demostrando que entiende perfectamente el tipo de locura que necesita una historia como esta. Bunn ya fue responsable de las anteriores entregas de esta peculiar “Asesinatología”, y aquí regresa con la intención de cerrar el círculo con una historia que mezcla humor negro, acción desatada y toneladas de metacomentarios sobre el propio universo Marvel. Porque si algo define a Masacre es que no solo rompe la cuarta pared: la dinamita, la vuelve a pegar con cinta adhesiva y luego hace un chiste sobre ello.

Desde las primeras páginas queda claro que esta no es una historia de superhéroes tradicional. No hay una misión noble, ni un gran discurso sobre la responsabilidad del poder. Aquí lo que tenemos es a Wade Wilson saltando de realidad en realidad mientras se enfrenta a versiones cada vez más raras, extravagantes o directamente ridículas de personajes conocidos. El Multiverso se convierte en una especie de parque temático de rarezas superheroicas donde cada atracción termina igual: con Masacre dejando un rastro de cadáveres y comentarios sarcásticos.
La estructura del cómic funciona casi como un videojuego de acción. Cada universo alternativo introduce un nuevo desafío, un nuevo grupo de héroes o una versión mutante de personajes clásicos. Wade entra, suelta cuatro chistes, pelea durante unas cuantas páginas y sale victorioso. Normalmente cubierto de sangre y con alguna nueva habilidad o arma que ha conseguido por el camino. El resultado es una lectura muy dinámica, donde cada capítulo se siente como un nivel distinto dentro de una aventura cada vez más absurda. Pero lo curioso de esta historia es que, pese a todo el caos y la violencia, también hay momentos donde el cómic se permite reflexionar ligeramente sobre el propio personaje. Este Wade no es exactamente el bromista despreocupado que vemos en muchas otras series. Hay algo extraño en él, algo ligeramente inquietante. En ciertos momentos parece más cercano a un villano de terror que a un antihéroe cómico. Sigue haciendo chistes, claro, pero detrás de esos comentarios hay una sensación de vacío que convierte a este Masacre en una versión particularmente peligrosa del personaje.

Ese tono se refuerza gracias al espectacular trabajo gráfico de Dalibor Talajić junto a Lee Loughridge, que regresa para ilustrar esta nueva carnicería con un estilo lleno de energía y personalidad. Talajić ya había demostrado en anteriores entregas que sabe dibujar acción como pocos, y aquí vuelve a lucirse con páginas repletas de combates dinámicos, composiciones atrevidas y un uso muy expresivo del lenguaje corporal de los personajes. Su versión de Masacre tiene algo inquietante: los ojos de la máscara parecen más vivos que de costumbre, como si hubiera algo perturbador detrás de ellos. El cómic juega mucho con el contraste entre el humor absurdo y la brutalidad de las escenas de acción. Los combates son intensos, rápidos y a menudo muy violentos, pero siempre hay espacio para que Wade haga un comentario sarcástico o rompa la cuarta pared con una referencia a los propios lectores. Esa mezcla de violencia y humor es, al fin y al cabo, una de las marcas registradas del personaje.
Otro de los grandes atractivos de la historia es la cantidad de versiones alternativas de héroes que aparecen a lo largo de sus páginas. El Multiverso Marvel siempre ha sido una excusa perfecta para experimentar con variaciones de personajes conocidos, y aquí esa idea se lleva al extremo. Los lectores se encontrarán con reinterpretaciones extrañas, mezclas imposibles y versiones inesperadas de héroes clásicos. Es casi como asistir a una convención de cosplay multiversal donde cada invitado termina siendo la próxima víctima de Wade Wilson. Sin embargo, también hay que reconocer que la propia premisa de la saga empieza a mostrar cierto cansancio. La idea de “Masacre mata a todo el mundo” fue tremendamente fresca cuando apareció por primera vez hace años, pero después de varias entregas el concepto ya no sorprende tanto como antes. Eso no significa que el cómic deje de ser divertido, pero sí que en algunos momentos se percibe como una especie de bis o vuelta de honor más que como una reinvención del concepto. Aun así, el talento de Bunn para escribir diálogos ingeniosos y el espectacular trabajo visual de Talajić consiguen que la lectura siga siendo muy entretenida. El ritmo es rápido, las escenas de acción funcionan de maravilla y el humor sigue siendo tan irreverente como siempre. Incluso cuando la historia repite algunos esquemas de entregas anteriores, lo hace con suficiente energía como para mantener al lector enganchado.

La edición en castellano de Panini Comics recopila los cinco números de la miniserie en un tomo de 120 páginas con el formato habitual de la editorial. Con traducción de Uriel López y una introducción de Nacho Teso, tenemos un comic que juega más con el entretenimiento que con la innovación. Puede que no tenga el impacto del primer cómic de la saga, pero sigue ofreciendo exactamente lo que promete: acción desenfrenada, humor metarreferencial y un desfile interminable de héroes que descubren demasiado tarde que enfrentarse a Wade Wilson nunca es una buena idea. Porque si algo ha demostrado esta saga a lo largo de los años es que Masacre no necesita un gran plan para causar el caos. Solo necesita una excusa, una espada afilada y la certeza de que, pase lo que pase, siempre habrá alguien dispuesto a reírse de la locura junto a él.
Y así, entre universos alternativos, chistes sobre continuidad y montañas de cadáveres superheroicos, Masacre vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los personajes más imprevisibles y deslenguados del cómic moderno. Si esta es realmente la última vez que decide matar a todo el mundo, al menos lo hace a lo grande, con un espectáculo de violencia absurda que mezcla lo mejor del humor de la creación de Rob Liefeld y Fabian Nicieza con una auténtica orgía multiversal de acción. Claro que, tratándose de Wade Wilson, siempre queda una pequeña duda flotando en el aire: ¿de verdad es la última vez… o simplemente la última por ahora? Porque si la «casa de las ideas» nos ha enseñado algo, es que siempre hay otra realidad, otro universo y otra oportunidad para que «Masacre mata al Universo Marvel por última vez» sea una realidad. Y cuando eso ocurra, probablemente estaremos todos allí otra vez, pasando página y preguntándonos quién será el próximo héroe en caer bajo las katanas del mercenario más bocazas del cómic.
