
En un futuro, cuando el siglo XX esté más lejano, convendrá estudiar lo acaecido en nuestro país. En el caso del periodo que abarca el último cuarto de siglo, si quiere tomar un buen retrato a piel de calle de lo acontecido a nivel político, nos atrevemos a decir que sería conveniente, además de recurrir a la prensa escrita, cualquier historiador que se precie debería revisar los ejemplares publicados de la revista “El Jueves”. En sus páginas, muy alejadas de los fines digamos “oficiales”, se recogen, cargadas de humor y sátira, muchas de las visicitudes vividas en la transición y democracia española.
Del mismo modo, y en un sentido más amplio, si a nivel sociológico se decide comprender a quienes vivieron la segunda mitad del siglo pasado en este país, una cita inexcusable sería pasar por todo el material que publicó la extinta Bruguera clásica y el legado que dejó tras de sí. Como máximo exponente cabe citar a Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 15 de marzo de 1936 – Barcelona, 15 de julio de 2023), que hoy habría cumplido noventa años, y de sus entrañables personajes que siguen despertando carcajadas entre varias generaciones de lectores.

Entre sus creaciones, la más inmortal es la pareja de agentes más cómica del tebeo español: Mortadelo y Filemón. Tan indisolubles ya a nuestra cultura popular como “El Quijote”. Por lo bien que captaron el humor de las épocas en las que se crearon sus aventuras. Tanto en sus inicios, cuando la censura de la Dictadura estaba presente, como en la evolución que sufrieron a lo largo de la vida de Ibáñez. El cual, una vez recuperó la propiedad de sus creaciones, las dotó de una sólida madurez creativa que bebía tanto de inocentes gags como de la actualidad que se cocía a la par que las nuevas historietas.
Prueba de ello son las tres aventuras que componen “Mortadeluxe. El Ibáñez más irreverente”, editado por Bruguera a finales del año pasado y con prólogo del que fuera editor de Ibáñez, Manuel de Cos. Tres pruebas de que el pulso creativo de Ibáñez en su madurez seguía firme y su capacidad para observar la coyuntura intacta. “Marrullería en la alcaldía”, “El Tesorero” y “El 60 aniversario”, que son las historietas que componen este volumen, dan prueba de ello.

Como reflejo de un tiempo y un país, y aprovechando las posibilidades cómicas que daban los muchos casos de corrupción municipal que salieron cuando la crisis del 2008 azotó la coyuntura política española, surgió “Marrullería en la alcaldía” (2010) Un álbum en el que Mortadelo y Filemón han de investigar un caso de malversación de fondos públicos en el entorno rural. Escenario y parámetros que sirvieron a Ibáñez para hacer un álbum redondo, lleno de porrazos, persecuciones y equívocos marca de la casa. De los que las carcajadas están a la vuelta de la viñeta.
Cinco años después, en 2015, llegó el que quizá sea el mayor superventas de la última etapa de Ibáñez. Nos referimos a “El Tesorero”, el tebeo donde Ibáñez se inspiró en los casos de corrupción que afloraron a la luz de los papeles del entonces tesorero del Partido Popular. Fue todo un shock que sacudió a la vida política española, y que sirvió a Ibáñez para dibujar uno de sus álbumes más recordados y conseguidos, por todo el potencial que supo sacar de la vergonzosa coyuntura política de aquella época.

Pero no solo de lo nacional bebieron las últimas aventuras de Mortadelo y Filemón, también Ibáñez puso el objetivo en lo internacional. Y así lo hizo en “El 60 aniversario” (2017), cuando la pareja de agentes viaja a “Kolea D’Aliba” para intentar neutralizar a su líder, un tal “Pxing Pxiong”, antes de que la líe en los festejos nucleares de su régimen. Cabe destacar que, en esa fiesta también está invitado el presidente de los “Estados Juntitos”, un tal “Trompf”, con un papel destacado en esta sátira, que cuenta además con más cameos de otros personajes políticos, como Mariano Rajoy y Vladimir Putin.
Como se puede comprobar en estas páginas, fueron años de madurez creativa los últimos de Ibáñez. Una época en la que, liberado de los corsés de las entregas semanales, cada gag era más natural en su extensión y la libertad temática, tomada del pulso de la vida real, desencadenó muchos momentos para la risa y el recuerdo. Una época en la que sus personajes fluían por las viñetas con desparpajo. Centrado en el guion y el lápiz Ibañez, las tintas corrían a cargo del efectivo Juan Manuel Muñoz, que potenciaba con oficio cada una de las viñetas a lápiz del maestro.

Son pues estas tres aventuras un tríptico del Ibáñez más irreverente y certero. El de su última época, también dorada, pues en toda su vida como creador nos arrancó a los lectores carcajadas. Y las 144 páginas de “Mortadeluxe. El Ibáñez más irreverente” componen un buen arsenal para seguir provocando risas. Tal es el poder de la buena comedia, que siempre es joven porque sigue logrando el efecto de la carcajada.
