Hiedra Venenosa 3. La semilla del mal: Brotes  verdes.

Tras su periplo por la América profunda, Pam ha vuelto a Gotham junto a Harley y Janet. Una vuelta en la que G. Willow Wilson va combinar, en la ciudad de Batman, elementos que ya sembró acertadamente en su primer año en la serie. Plantados con mimosa creatividad plástica por Marcio Takara a lo largo de buena parte de los doce números anteriores, que ya dejaron buen sabor de boca, tanto por lo que mostraron en las viñetas como por la dirección conceptual a la que apuntaban. Y es en esa senda donde se colocan los #13 al #18 de Poison Ivy, editadas por DC comics dentro de su “Amanecer de DC”, que Panini nos los ha presentado en “Hiedra Venenosa 3. La semilla del mal” (“Poison Ivy vol. 3: Mouring Sickness”).


Es pues momento de vuelta a la ciudad, pero no por ello se deja atrás el pasado de Pam. Ni las esporas de Lamia que ha ido sembrando a lo largo y ancho de su viaje. Del mismo modo, la autoexploración del personaje continua en este nuevo periplo. A través de un dialogo interno sobresaliente, una voz que reviste la caracterización conceptual del personaje. G. Willow Wilson sigue aportando capas de complejidad a Pam, tan tridimensional como poliédrica. Capaz de sembrar una amenaza biológica para la humanidad en pos de la naturaleza para posteriormente, intentar proteger a la especie humana.

Es esa difusa línea donde brilla esta Hiedra Venenosa, a la que Marcio Takara le da la personalidad gráfica que requiere el personaje. Capaz de mostrarla en ocasiones vulnerable para luego plasmarla como siniestramente letal. Eso desprende Hiedra, dependiendo del momento del relato en la que la veamos aparecer. Todo bañado acertadamente por la paleta de colores de Arif Prianto, que potencia las sensaciones que emana del guion y dibujo. Reflejando una autoría en el color que nos habitual en el cómic mainstream estadounidense, llena de sutilezas por momentos, que huye de lo plano. Sobre todo en los momentos donde los elementos de “Lamia” están más presentes.

Entre lo siniestro y lo cercano el relato va seduciendo conceptual y gráficamente, creciendo espontáneamente como una enredadera. Que se nutre tanto de la ciencia ficción de base biológica como de lo siniestro. Haciendo que, con independencia que Pam comparta espacio en las páginas con Harley Quinn, Batman, Killer Croc o Solomon Grundy, la estrella en estos cómics, indudablemente es ella.

Además de Takara, en estas entregas colaboran los lápices de Guillem March, Kelley Jones, A. L. Kaplan y Luana Vecchio. Los tres primeros comparten con Takara el primer número que sitúa a Pam de vuelta en Gotham, junto a los colores del Prianto, José Villarubia y el propio Kaplan. En este caso, no chirria la combinación, pues al ser un número de transición es bienvenida la combinación de estilos. Además, que encontrarse con paginas de March o Jones no es nunca un problema. Al contrario, siempre es una agradable sorpresa.

En el caso de Luana Vecchio, tuvo la difícil misión de sustituir a Takara en las dos últimas entregas del volumen, las que cuentan el desenlace de una de las tramas de este arco y preparan la siguiente. Unas que, después de haberse desarrollado bajo el estilo de Takara, es difícil, con un dibujo más convencional como el de Vecchio, mantener el nivel. De hecho, ese cambio afecta al conjunto de esta trama, puesto que, si bien Vecchio cumple, no es Takara. Y esta Hiedra Venenosa ya está impregnada por el arte del dibujante brasileño. Casi podríamos decir que está ya en el ADN del personaje, dados los buenos resulados que consigue cuando la dibuja él.

Lo mismo podríamos decir de Jessica Fong, la responsable de las portadas principales de la serie. En este volumen, además, podemos disfrutar de páginas donde se expone el proceso que llevó a Fong en la concepción de las covers de las seis entregas que contienen las 160 páginas de este volumen, además de la correspondiente galería a página completa con las variantes a cargo de Frank Cho con Sabine Rich, David Nakayama y Otto Schmidt. Prologado por Lidia Castillo y traducido por Santiago García, “La semilla del Diablo” es más un volumen de cosecha que de siembra, por los buenos resultados globales que arroja su lectura. Aún con la ausencia de Takara en las dos últimas entregas (cosas de los deadlines de las majors estadounidense), lo que le espera a Pam Isley conviene ser leído y disfrutado.

Conscientemente no hemos nombrado al nuevo villano que hará acto de aparición en estas páginas y que está llamado a ser uno de los antagonistas de Hiedra Venenosa, dado el potencial que ha exhibido aquí. Por lo pronto, preferimos no contar nada de él, solo mostrar un dibujo de Takara. El resto, mejor descubrirlo cuando florezca en estas páginas tan llenas de brotes verdes. Eso es lo que llevan cultivando G. Willow Wilson, Marcio Takara y Arif Prianto desde la primera entrega. Y en ”Hiedra Venenosa 3. La semilla del Diablo” ya se puede afirmar que esta cepa creativa es muy sólida.

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