
“Es el símbolo del ejercito romano… Sin su águila, una legión no existe”.
Tres de estos estandartes, junto a las legiones XVII, XVIII y XIX, seis cohortes auxiliares y tres alas de caballería, cayeron en el año 9 en el bosque de Teutoburgo, llevando al imperio romano a una de sus derrotas más impactantes. Fue la espina del mandato de Augusto, el primer emperador de la mayor civilización de la Europa clásica, condicionando la «limes Germanicus» durante sus últimos años de vida.
Los tres estandartes perdidos, además de la casi totalidad de baja de sus efectivos, pesaron en el orgullo romano, que no tardó mucho tiempo en tomar represalias. En el año 14, con Tiberio ya en el poder, Germánico comandó la expedición que volvió a cruzar el Rin con ocho legiones a sus órdenes. El objetivo, recuperar lo perdido y restaurar el prestigio militar y gloria de Roma.

En ese contexto continúa el péplum en viñetas de Enrico Marini, “Las Águilas de Roma”, en su octava entrega, que Norma ha estrenado este año con traducción de Antoni Guiral. Un volumen en el que, dispuestas las piezas del juego en una “Limes Germanicus” aún en juego, la tensión previamente sembrada va a crecer a cada página, mientras el relato fluye orgánicamente, tanto en lo conceptual como en lo argumental, atrapando – como viene a ser costumbre en esta saga – desde la primera viñeta a quien lea el cómic.
Consolidada ya la trama, Marini la deja crecer aprovechando todo el potencial. Tanto en lo argumental, donde hábilmente se apoya en hechos históricos para recrear una sólida ficción de acción, drama y conjuras, como en lo gráfico. Pues baña de majestuosidad cada página, con su habitual savoir faire artístico. Uno en el que conjuga un arte de muchos quilates, con un trazo más suelto que da mayor vida a cada rostro y personaje, con una efectiva habilidad como narrador gráfico. Baste ver la elección de encuadres y composiciones de las viñetas para cerciorarse de que están dispuestas para meter de lleno al lector en el relato, situándolo con eficaz maestría en contexto, época y lugar. Donde la batalla final se avecina. Donde la tensión latente transpira por poros de los dos protagonistas de la saga, Marco y Arminio, que, aunque no se encuentren aún frente a frente, están predestinados a cruzar sus caminos y saldar viejas traiciones.

Junto a ello, las conspiraciones en Roma se mantienen tan vivas como el orgullo de los protagonistas. Los dos ya cuentan con pérdidas personales a sus espaldas. Y quieren resarcirse. Roma también, con Germánico al frente de las Legiones en Germania. La sombra de las tres águilas perdidas pesa pues, tanto para quienes las han perdido como para quienes las tomaron tras Teutoburgo. Un peso que irá decantando la balanza y que conviene recorrer en esta octava entrega, llena de furia soterrada y tensión. Provisto de un solvente guion y unas páginas que se quedan en la retina de quien las lea. Por eso siguen manteniendo su buen rumbo “Las Águilas de Roma”.
