Hellhunters: cazadores infernales. Explosiva aventura bélica

Hay cómics que intentan ser elegantes. Otros quieren ser profundos. Luego está «Hellhunters», que decide tirar toda la elegancia por la ventana, abrir una grieta al infierno y lanzar dentro a nazis, demonios, zombis, un Motorista Fantasma en llamas y a medio universo Marvel armado hasta los dientes. El resultado es un cómic que parece preguntarse constantemente: “¿Y si la Segunda Guerra Mundial ya era terrible… pero además estuviera infestada de demonios?”. La respuesta es exactamente lo que imaginas. Una fiesta salvaje de horror, acción y fuego infernal que no tiene ninguna intención de comportarse como un cómic serio, aunque sorprendentemente también tiene mucho que decir.

Todo empieza de la manera más tranquila posible. Soldados alemanes corriendo por la nieve rusa mientras algo los persigue. Cadáveres en el hielo. Silencio inquietante. Entonces aparece un caballo zombi que habla. En ese momento entendemos dos cosas: primero, que el guionista Philip Kennedy Johnson no ha venido a escribir una historia convencional. Y segundo, que este cómic se va a divertir muchísimo siendo lo más extraño posible. La guerra que conocemos aquí no es solo la lucha entre ejércitos, sino un tablero donde fuerzas infernales están moviendo piezas. Demonios antiguos, nazis poseídos y criaturas salidas de pesadillas empiezan a invadir el campo de batalla, y entre ese caos aparece nuestro protagonista. El sargento Sal Romero, un paracaidista que estaba teniendo un día bastante malo hasta que murió, volvió y se convirtió en la versión de 1944 del mismísimo Motorista Fantasma.

La transformación de Romero es uno de esos momentos que parecen diseñados para que el lector sonría como un niño viendo fuegos artificiales. Un soldado en mitad de la guerra se convierte en un esqueleto envuelto en llamas infernales, con cadena ardiente incluida, listo para repartir justicia sobrenatural. Si alguien pensaba que los paracaidistas eran peligrosos, esperad a ver lo que pasa cuando uno de ellos está poseído por el espíritu de la venganza. Lo mejor de todo es que Romero no se convierte automáticamente en un héroe oscuro y solemne; sigue siendo un tipo bastante normal que intenta entender qué demonios está pasando con su nueva vida. Literalmente.

Pero el cómic no tarda en subir todavía más el nivel de locura. Porque Romero no está solo. Muy pronto la historia empieza a reunir un equipo de auténticos especialistas en patear traseros demoníacos. Aparece un joven Nick Furia con su clásico aire de tipo que siempre sabe más de lo que dice. También vemos a la imparable Peggy Carter, que demuestra que si el mundo está lleno de demonios alguien tendrá que organizarlos en una lista de objetivos. Y por supuesto, en algún momento tenía que aparecer un canadiense muy enfadado con cuchillos grandes: sí, Logan, (el futuro Lobezno), entra en escena como una fuerza de la naturaleza con muy poca paciencia para nazis poseídos. Incluso vemos a cierta pareja abanderada que juega con un pequeño guiño a esa lucha inicial contra el fascismo. La gracia de todo esto es que Johnson no convierte el cómic en un desfile gratuito de cameos. Cada personaje aporta algo al equipo, que acaba funcionando como una especie de comando sobrenatural de la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de soldados, espías y monstruos que comparten un objetivo muy simple: si el infierno ha decidido invadir la Tierra aprovechando la guerra, alguien tiene que devolverle la visita.

Mientras tanto, el enemigo tampoco se queda corto en creatividad. El oficial alemán Felix Bruckner termina convertido en el anfitrión de una entidad demoníaca que no tiene precisamente buenas intenciones. Bajo su influencia empiezan a aparecer criaturas imposibles: demonios helados, soldados poseídos y horrores que parecen sacados de la peor pesadilla imaginable. Uno de los momentos más memorables de la serie llega cuando surge un monstruo gigantesco formado por cadáveres de soldados nazis, algo que suena grotesco porque lo es. Y porque el cómic abraza sin miedo esa estética salvaje y exagerada.

El responsable de que todo esto funcione visualmente es el dibujante Adam Gorham, que parece haber recibido una sola instrucción: “hazlo lo más brutal posible”. Su estilo es perfecto para esta historia. Las escenas de guerra están llenas de movimiento, caos y violencia, mientras que las criaturas demoníacas parecen salidas directamente de un infierno muy creativo. Hay momentos de auténtico horror, soldados destrozados, demonios gigantes y explosiones de fuego infernal que convierten cada número en una experiencia visual bastante intensa. A eso se suma el trabajo del colorista Frank Martin, que se lo pasa especialmente bien jugando con dos elementos que dominan toda la serie: el hielo y el fuego. Los demonios suelen aparecer rodeados de azules gélidos y tonos mortecinos, mientras que el poder del Motorista Fantasma brilla con un rojo anaranjado que parece iluminar cada página. Ese contraste convierte muchas escenas en algo casi hipnótico: el infierno ardiendo contra un mundo congelado por fuerzas oscuras.

Pero lo curioso de Hellhunters es que, entre tanta locura, el cómic también se permite momentos inesperadamente humanos. Sal Romero sigue siendo, en el fondo, un soldado que perdió a sus compañeros y busca justicia. Incluso hay escenas que parecen creadas específicamente para provocar una reacción de incredulidad feliz en el lector. Como cuando Romero conduce su moto envuelta en llamas hacia una criatura gigantesca mientras Bucky dispara una ametralladora. O cuando Logan decide que la forma más rápida de resolver un problema es apuñalarlo repetidamente. O cuando el equipo empieza a usar armas imbuidas con poder infernal que parecen sacadas de una pesadilla medieval. Todo esto culmina en un enfrentamiento final absolutamente desatado en el que las fuerzas demoníacas intentan cambiar el curso de la guerra congelando el Canal de la Mancha. El plan es tan exagerado como espectacular, y permite a Johnson y Gorham cerrar la historia con una batalla llena de fuego infernal, monstruos gigantes y héroes luchando como si estuvieran dentro de la película bélica más loca jamás rodada.

En cuanto a la edición española, Panini Comics publica esta historia en un tomo de su línea 100% Marvel que reúne los cinco números de la miniserie original. El volumen llega en formato rústica, 120 páginas a color y varias portadas alternativas a pequeño tamaño y una introducción y un epilogo de David Aliaga. En definitiva, Hellhunters: Cazadores infernales es uno de esos cómics que no pide permiso para divertirse. Mezcla guerra, horror sobrenatural y personajes clásicos de Marvel en una historia que no tiene miedo de ser exagerada, violenta y tremendamente entretenida. Por eso, cuando terminas el último capítulo, solo puedes pensar una cosa. Si este es el tipo de misiones que hace el Motorista Fantasma, quizá el infierno debería empezar a preocuparse un poco más.

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