Cuando en abril de 1938 toda Austria pasó a formar parte del Tercer Reich, la vida de los judíos residentes comenzó a torcerse en los mismos tintes oscuros que para sus pares alemanes. Daba paso así la segregación antisemita y las leyes que los expulsarían de muchos de sus oficios. Así como un acoso urbano constante contra comercios, ante la vista gorda de las fuerzas del orden. Entre muchos de los judíos residentes en Viena, están los Meyer, verdaderos protagonistas de esta nueva aventura de Max Fridman: “Los Primos Meyer” (“Max Fridman: I cuigini Meyer”), de Vittorio Giardino, que vio la luz en Italia el pasado año y que Norma la acaba de estrenar en castellano, con traducción de Gema Moraleda.

“La motivación para abordar este tema —en concreto, la persecución de los judíos en ese contexto específico— nació cuando hace unos años empezamos a ver naufragios de inmigrantes en el Mediterráneo por televisión. Nuestra indiferencia ante esas muertes o ante la posibilidad de acoger a supervivientes siempre me ha parecido inhumana. Los inmigrantes nunca son bienvenidos, ni siquiera cuando empecé a pensar en esta historia, es decir, antes del segundo mandato de Trump y del gobierno de Meloni… No fue difícil encontrar un precedente histórico: los extranjeros son respetados y bienvenidos si son huéspedes temporales, pero se les opone y rechaza si quieren quedarse...”
Estas declaraciones, recogidas en «Il Manifesto«, indican la motivación de Vittorio Giardino, para volver con su personaje icónico casi dos décadas después. Que no es otra que la de la indefensión que padecen los refugiados a los que se les niega el asilo en muchos países. Es lo que, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, lo vivieron muchos judíos europeos cuando les negaron el amparo en muchos países cuando intentaban huir del nazismo que se había instalado en sus naciones. Cosa que ocurrió, como en otros lugares, en aquella Austria que quedó fagocitada por el Tercer Reich a la menor ocasión que tuvo el régimen nazi.

En ese contexto se mueven la familia Meyer. En uno donde iran perdiendo sus empleos y comenzaran a sufrir el acoso y abuso de poder totalitario, en una constante racialización del estado Austriaco, ante el silencio cómplice (o simplemente miedo), haciendo de la discriminación bandera. Quedándose al final como “invitados no deseados” en la ciudad donde la familia ha vivido durante siglos, no queda otra opción que irse. Pero ni eso será fácil en la Austria nazi. Por suerte, un primo lejano suyo, antiguo agente de “La Firma”, podrá ayudarles en su huida hacia la libertad.
Bajo esa premisa Giardino construye una aventura sobria, sin excesos y apoyada en una documentación más que sólida. Detallista como es Giardino, compone un relato que se sostiene desde sus cimientos. Alimentado el relato de lo verosimil, Giardino deja que sus personajes vivan en cada viñeta, trazadas con esa línea clara que resulta ideal para mostrar lo complejo. Mientras sus personajes sienten y padecen, resultando vivos. También comunes a cualquier mortal, y eso es lo que lo que hace grande al tebeo en su conjunto. La sensación de ver vidas reales, sin excesos dramáticos, pero con la certera capacidad de mostrar lo posible y sintetizarlo en una narración fluida.

En lo gráfico, poco queda por descubrir de la grandeza de Giardino cuando dibuja. Sigue siendo uno de los grandes del continente y en “Los primos Meyer” lo vuelve a demostrar, con una capacidad notable para el arte secuencial, para situar el enfoque en el ángulo más efectivo posible. Y sin excesos, siempre al servicio de lo que quiere contar. Pues lo importante es el relato. Y para ello Giardino no escatima detalles en estas viñetas. Sirva, entre otros, el siguiente ejemplo: en el relato a los Meyer los Nazis les confiscan unos cuadros; después de este hecho, cuando la historia vuelve a esos escenarios podemos ver los huecos en las paredes de los cuadros robados. Detalles, como digo, que pueden resultar pequeños y que muchos pasarán por alto, pero dan la dimensión del cuidado y detalle con que Giardino afronta sus trabajos.
Así ha vuelto Max Fridman en una nueva aventura. Una que está a la altura del legado icónico del personaje. Aunque éste no participe activamente en el relato hasta la segunda parte del mismo, el aroma de la serie está presente desde la primera viñeta. Tras recorrer “Max Fridman. Los primos Meyer”, queda en el ambiente la sensación de haber leído un clásico atemporal, aunque se haya creado esta misma década. Pues en la sobria grandeza de estas páginas no hay presentismos, solo un excelente y eterno “savoir faire”. El de Vittorio Giardino.
