A.V.T.: Agencia de Variación Temporal. Oleada de pesadillas

Hay oficinas donde el café sabe a resignación y otras donde huele a apocalipsis inminente. Luego está la A.V.T., esa deliciosa pesadilla burocrática que vigila el flujo del tiempo con moqueta beige y manuales infinitos. Eso se observa, en el tomo «A.V.T.: Agencia de Variación Temporal» cuando decides que el multiverso no necesita más discursos solemnes sino una buena dosis de caos organizado y personajes que jamás deberían coincidir en el mismo ascensor temporal.

Después del cierre de Loki (la serie de Disney Plus) con ese final que nos dejó mirando el techo como si esperáramos que se abriera un portal naranja, muchos sentimos un pequeño vacío con forma de reloj animado. La tercera temporada nunca llegó, pero esta miniserie de cinco números funciona como ese spin-off que no sabías que necesitabas: no es una secuela directa, pero respira el mismo aire irónico y juguetón. Y lo mejor: lo hace sin complejos.

Al frente del guion está Katharyn Blair, que entiende perfectamente el tono de la AVT. Esa mezcla entre thriller cósmico y comedia de oficina. Su mayor mérito es que no intenta hacer “el cómic más importante del multiverso”. Lo que hace es algo mucho más inteligente. Construir una historia ágil, divertida y con suficiente misterio para que el lector pase páginas como si estuviera huyendo de una poda temporal. La premisa es irresistible. Tras los eventos que reformulan la AVT, la organización decide cambiar su política respecto a las variantes. Ya no se trata de borrar sin preguntar; ahora se reclutan supervivientes de líneas temporales destruidas. Es decir, si tu universo ha sido eliminado, puede que te ofrezcan contrato indefinido en el fin del tiempo. Beneficios incluidos: acceso a tecnología imposible y compañeros de trabajo que pueden lanzar cartas cargadas de energía o trepar por paredes.

El nuevo equipo es una fantasía con espíritu multiversal. Mobius sigue siendo el funcionario más entrañable de la eternidad, con esa mezcla de serenidad y cansancio cósmico. O.B. aporta el genio técnico con energía de científico adorablemente obsesivo. B-15 representa la firmeza moral en un entorno donde las reglas cambian cada cinco minutos. Y luego están los fichajes: Ghost-Spider (Spider-Gwen para los amigos), un Gambito devastado, James Hudson y una Capitana Carter que conecta directamente con el imaginario de las películas de cine. Sobre el papel, juntar a este grupo podría parecer un experimento de laboratorio editorial. En la práctica, Blair consigue que encajen como piezas de un puzle extraño pero coherente. Cada personaje conserva su voz propia. Gambito no deja de ser el pícaro encantador con tragedia a cuestas; Gwen mantiene su energía nerviosa e inquisitiva; B-15 no tolera tonterías. Y cuando interactúan, el choque de personalidades es parte del espectáculo.

La trama gira en torno a una serie de pesadillas compartidas que están afectando a distintas realidades. Personas de universos lejanos entran en trance y describen con inquietante precisión los pasillos de la AVT. ¿Cómo es posible que conozcan un lugar que existe fuera del tiempo? Esa pregunta dispara la investigación y nos lleva por líneas temporales rotas, ciudades envueltas en sombras y rincones olvidados de la propia agencia. El misterio está bien dosificado. Hay un ataque inesperado a Mobius que convierte los pasillos en escenario de thriller. Cámaras desconectadas, sospechosos improbables, decisiones incómodas. Blair sabe jugar con la tensión sin abandonar el humor. Porque sí, incluso cuando el tejido de la realidad se deshilacha, alguien puede hacer un comentario sarcástico sobre formularios mal rellenados.

Uno de los grandes placeres del tomo es cómo equilibra acción y diálogo. Hay enfrentamientos espectaculares contra criaturas surgidas de pesadillas, pero también escenas más íntimas donde los personajes se enfrentan a sus propios miedos. Las visiones que asaltan al equipo no son solo excusas para la espectacularidad; funcionan como espejo emocional. Cada héroe se ve obligado a confrontar aquello que perdió cuando su línea temporal fue destruida. Y ahí el cómic gana profundidad sin ponerse pesado. Cuando entra en juego la figura de Wanda y la manipulación de las pesadillas adquiere un rostro concreto, la historia da un salto. La amenaza no es solo externa; tiene raíces en el dolor acumulado, en la culpa, en la rabia. Y sin perder el tono ligero, el cómic consigue que el clímax tenga peso. No es una simple pelea con rayos de colores; es la culminación de una intriga que se ha ido tejiendo con paciencia.

En el aspecto gráfico, Pere Pérez demuestra por qué es uno de esos dibujantes que elevan cualquier proyecto. Su dibujo es claro y dinámico. Las expresiones faciales son clave. Cada mirada, cada gesto transmite emoción. Mobius puede parecer relajado y preocupado al mismo tiempo; Gwen alterna determinación y vulnerabilidad en cuestión de viñetas. Pérez entiende que en una historia coral el dibujo debe dar espacio a todos sin que nadie eclipse al resto. Las escenas de acción son vibrantes pero legibles. No hay caos gratuito. Cuando la magia del caos irrumpe o las sombras se abalanzan sobre los protagonistas, la composición guía al lector con precisión quirúrgica. El color de Guru-eFX refuerza ese contraste entre la monotonía beige de la AVT y los estallidos cromáticos de otros universos. Los rojos intensos, los verdes inquietantes y los azules eléctricos convierten cada clímax en un espectáculo visual.

Mención especial merecen las pequeñas historias intercaladas protagonizadas por variantes de la Señorita Minutos, escritas por Ryan North y dibujadas por Enid Balám. Son cápsulas de humor absurdo que funcionan como descanso cómico entre capítulos principales. Una especie de “vídeos corporativos” del fin del tiempo que te arrancan una sonrisa justo cuando la tensión amenaza con subir demasiado.

La edición de Panini Cómics cumple con creces. Traducción de José María Méndez de los cinco números americanos es correcta tanto para quienes vienen de la serie como para lectores que simplemente quieren una aventura multiversal bien construida. La introducción de David Aliaga te sitúa en el momento exacto de la trama que mejora con el visionado de la serie de Loki, pero se entiende también sin él.

Lo mejor es que el tomo no se despide cerrando puertas, sino dejando la agradable impresión de que cualquier pasillo puede esconder una nueva historia. Porque si algo demuestra esta miniserie es que el multiverso no necesita ser más grande: necesita estar mejor contado. Y aquí lo está. Así que sí, puede que la línea temporal siga siendo un caos imposible de domesticar. Pero mientras existan cómics así de juguetones, vibrantes y conscientes de lo que son, que el tiempo haga lo que quiera. Nosotros estaremos encantados de fichar en la oficina del fin del mundo una vez más. «A.V.T.: Agencia de Variación Temporal» es, en esencia, una carta de amor a la idea de que incluso en el fin del tiempo puede haber espacio para la amistad, la redención y una buena carcajada. Porque si el multiverso va a desmoronarse, al menos que nos pille leyendo algo así de entretenido.

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