Soy un ángel perdido: El retorno de Eva Rojas

Viendo la portada, el título no puede ser más acertado: Vemos en primer plano a la protagonista del cómic de cuerpo entero. Está situada en la parte superior de una grúa. A sus pies, su ciudad, Barcelona mientras está amaneciendo con las primeras luces asomando por el Mediterráneo. Una ciudad que aún está en la noche, pues su alumbrado permanece encendido. Sobre ella, la protagonista, refuerza la simbología del título y da, sin revelar casi nada, con la certera síntesis de lo que espera en su interior, maridando muy bien con el título: «Soy su ángel perdido«, la secuela de “Soy su silencio”, el tebeo con el que Jordi Lafebre nos sorprendió hace dos años, trayendo consigo a uno de los personajes que, por frescos y resueltos, deja huella cuando se leen sus aventuras.

Nos referimos obviamente a Eva Rojas, posiblemente la psiquiatra más desequilibrada del tebeo europeo actual. En esta ocasión vivirá otra aventura, ambientada en Barcelona, en la que la desaparición de uno de sus pacientes servirá de motor para un relato que comenzará con una investigación policial y que nos llevará desde el mundo del futbol al de la prostitución y la marginalidad neonazi.

“Un año y cinco meses después, ellas (las voces) siguen ahí”


Son las que sigue escuchando Eva en su cabeza. Todas pertenecientes a sus antepasados femeninos y que nos sirven para conocer, tanto la dimensión de la patología que padece la protagonista como para explorar los aspectos de su linaje familiar. Ellas, obviamente, la acompañan desde el comienzo del cómic. Jordi Lafebre ha situado este inicio acertadamente en el marco que se muestra en la portada, plantando así una de las efectivas semillas para hacer de este thriller algo irresistible.

Las otras son una hábil combinación para la intriga y el humor y dejar que Eva, el autentico “ángel” del cómic derroche locura y carisma a cada paso que da en la búsqueda de su paciente perdido. Una búsqueda construida con elementos clásicos del género, pero con la habilidad de servirlos frescos mientras la historia se desenvuelve con soltura. Denotando ante todo, coherencia. Tanto en lo argumental como en lo conceptual, el tebeo, como esos relatos que no se olvidan, va creciendo a cada página que se lee. A ello ayuda la expresividad de los personajes cada vez que Lafebre les da vida en cada página y viñeta, dando más empaque a la investigación que Eva lleva a cabo.

Junto al psiquiatra perturbada permanecen los secundarios que tan efectivamente interactuaron con ella en “Soy su silencio”: la subinspectora Merkel, el detective García y el doctor Llull, además de las mujeres de su familia con las que habla la psiquiatra en sus delirios. A ellos se suman otros personajes nuevos para la ocasión, como piezas colocadas con oficio en pos de que el relato gane enteros a cada paso. Y lo hace, creciendo con la forma en la que la efectividad se disfraza de sencillez, por lo orgánico que fluye lo que se va contando.

Como escenario, Barcelona. Que funciona más como un personaje más que como un contexto geográfico donde se sitúa la acción, por lo bien que se ha representado la ciudad en estas viñetas, siendo reconocible, dotando de mayor sensación de realidad a lo contado. Y es que en este caso, que se indique ya en portada “un thriller en Barcelona”, no es gratuito, pues la ciudad condal es un elemento esencial en las aventuras de Eva Rojas.

Publicado originalmente por Dargaud en el mercado franco belga (“Je suis un ange perdu”), Norma lo acaba de estrenar en castellano y catalán (“Soc un àngel perdut”), con traducciones de Eva Reyes de Uña y Andrea Jofre respectivamente, en una cuidada edición de 128 páginas donde, además de la aventura de Eva nos espera un jugoso dosier gráfico de Jordi Lafebre. Que sirve de guinda a este segundo paso de Eva y del que esperamos no sea el último. Pues, como ya hemos dicho, esta psiquiatra deja huella. Seduce a cada página con su carisma, complejidad y desparpajo. Ya lo hizo con “Soy su silencio” y lo sigue haciendo con “Soy un ángel perdido”.

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