Ultimate Spider-man 1: Matrimonio con hijos. Bienvenido a la familia

Hay decisiones editoriales que suenan a comité de marketing. Y luego está esta: coger a Spider-Man, el epítome del héroe eternamente joven, eternamente gafado, eternamente al borde del desahucio y casarlo. No solo eso: darle hijos, entradas incipientes, barba cerrada y esa energía de padre que se sabe todas las contraseñas del router pero no recuerda dónde dejó las llaves del coche. Bienvenidos al primer Marvel Premiere «Ultimate Spider-Man», la colección escrita por Jonathan Hickman y dibujada principalmente por Marco Checchetto, con el apoyo de David Messina al lápiz y el color de Matthew Wilson.

Este nuevo Universo Ultimate (resucitado con bisturí conceptual por el propio Hickman después de haberlo hecho añicos hace años) parte de una idea deliciosa: ¿y si los héroes no hubieran surgido cuando debían? ¿Y si alguien hubiera movido las piezas del tablero para que el destino llegara tarde? En este mundo, Peter Parker no fue mordido de adolescente, no perdió a su tío como detonante superheroico, no aprendió a base de tragedia que el poder implica responsabilidad. Aquí Peter tiene 35 años, esposa, hijos, una vida aparentemente plena y una sensación incómoda de que algo no encaja. Es como si su alma llevara años con el icono de “actualización pendiente”. Ahí entra Hickman, que decide que el gran tema no será la culpa, sino el cambio. No el “la he liado y debo compensarlo”, sino el “¿estoy siendo la mejor versión posible de mí mismo o me he acomodado en la plantilla básica?”. Es una crisis existencial de manual, pero envuelta en mallas rojas y azules. Y funciona de maravilla. Porque, seamos sinceros, a los 35 no necesitas que te expliquen qué es la responsabilidad. Necesitas que alguien te dé permiso para reinventarte sin sentir que estás traicionando tu propia biografía.

La gran jugada del tomo es desplazar el motor clásico del personaje. Durante décadas, Spider-Man fue una máquina alimentada por culpa: la muerte del tío Ben como batería infinita. Aquí no. Aquí Ben Parker está vivo. Sí, vivo. Y no solo eso: activo, íntegro, con principios. La motivación de Peter no nace de un fantasma que susurra reproches, sino del ejemplo de un hombre que todavía cree que se puede hacer lo correcto, aunque nadie te obligue. Es un cambio radical y, paradójicamente, más luminoso. Luego está Mary Jane. Por fin alguien la escribe como algo más que “interés romántico con fotogenia”. En esta versión, MJ tiene su propia empresa de relaciones públicas, toma decisiones, lidera, organiza, apoya y, sobre todo, cree. Cree en Peter cuando él duda. Cree en que puede hacer algo más. Cree en que el vacío que siente no es capricho, sino llamada. Es tierna, es natural y es mil veces más potente que cualquier discurso solemne bajo la lluvia.

Los hijos son el ingrediente secreto que convierte esta serie en algo especial. No son accesorios adorables para la foto familiar. Son el espejo donde Peter se mira y se pregunta qué ejemplo quiere ser. Cuando su hija dibuja un símbolo que terminará en el pecho del traje, la metáfora es tan clara que casi se oye el clic. Este Spider-Man no nace del dolor; nace del hogar. De la confianza. Del amor. Además, no son números pastelosos. Hay acción. Hay enemigos. Hay tensión. Pero Hickman administra las peleas como quien dosifica el picante: lo justo para que la historia tenga sabor sin que te anestesie la lengua. Aquí lo importante no es ver a Spidey encadenar chistes mientras esquiva puñetazos, sino contemplar cómo un hombre adulto decide cambiar su trayectoria vital. Y eso, en un cómic de superhéroes, es casi revolucionario.

El Peter de esta serie no es el tipo que suelta pullas afiladas cada tres viñetas. Es el que, en mitad de una pelea, parece estar pensando: “Estoy demasiado mayor para esto, pero alguien tiene que hacerlo”. Por eso, Marco Checchetto lo dibuja con una mezcla perfecta de cansancio y determinación. La barba espesa, el pelo algo más largo, la mirada que combina ternura y cálculo. Su Spider-Man es atlético, sí, pero también elegante, casi felino. Cada pose transmite control, cada salto parece medido. Y cuando vuelve a casa y se sienta a la mesa, el contraste es delicioso. Cuando entra Messina, el tono se vuelve un poco más sobrio, menos espectacular, pero mantiene la coherencia. Y el color de Wilson hace un trabajo silencioso y eficaz: calidez en las escenas familiares, sombras densas en los momentos de duda y energía contenida en la acción. Es una iluminación pensada para que los personajes respiren.

Uno de los mayores aciertos del tomo está en los secundarios. J. Jonah Jameson y Ben Parker forman una pareja que podría protagonizar su propia comedia de periodistas veteranos. Son gruñones, idealistas, testarudos y absolutamente adorables en su empeño por defender una ética que parece en vías de extinción. Sus diálogos tienen ese aroma a película clásica donde dos tipos discuten a gritos mientras, en el fondo, se respetan profundamente. Añaden textura al mundo y refuerzan la sensación de que este Ultimate no es solo “Spider-Man con familia”, sino un ecosistema completo. Gwen Stacy también recibe un trato digno, lejos del pedestal trágico en el que tantas veces la han colocado. Aquí es persona antes que símbolo, presente antes que recuerdo. Y eso, en una franquicia tan cargada de historia, se agradece como agua en un día cálido.

Panini Cómics recopila los seis primeros números en un Premiere en tapa blanda de 168 páginas, a color, con traducción de Santiago García. El formato es cómodo, manejable, perfecto para releer escenas concretas sin que el tomo te disloque la muñeca. Incluye además material adicional que contextualiza como el texto de Julián Clemente y una galería de portadas realizadas por Leonardo Romero, Elizabeth Torque o Kael Ngu que demuestra que el entusiasmo por esta etapa no es casual.

Si el Spider-Man clásico era el héroe que pagaba por sus errores, este es el héroe que apuesta por su potencial. Si antes la máscara era penitencia, aquí es proyecto. Y en ese giro aparentemente pequeño está la revolución silenciosa que convierte esta serie en algo especial. Puede que dentro de unos años todo vuelva a cambiar. Puede que la continuidad haga de las suyas. Pero, aquí y ahora, este primer Marvel Premiere Ultimate Spider-Man demuestra que todavía se pueden contar historias nuevas con personajes de siempre. Que todavía se puede emocionar sin recurrir al trauma. Que todavía se puede sorprender, simplemente dejando que Peter Parker sea feliz. Sinceramente, verle balancearse por Nueva York después de haber dado un beso de buenas noches a sus hijos tiene algo profundamente satisfactorio. Como si, por una vez, el héroe no estuviera huyendo de su vida, sino corriendo hacia ella.

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