Si creías que Hulk solo sirve para aplastar coches, ventanas y algún que otro villano despistado, este tomo de Marvel Essentials llamado «Hulk Gris» («Hulk Grey») viene a demostrarnos que el monstruo verde también sabe llorar, sufrir, culparse y de paso dejarnos con la boca abierta. Sí, un personaje con emociones, una gigante esmeralda con trauma, Hulk como si fuera tu ex con problemas de abandono. Este tomo de 168 páginas con guion de Jeph Loeb y dibujo de Tim Sale es básicamente Hulk haciendo terapia, pero con más músculos que un psicólogo de gimnasio.

Antes de abrir el tomo, conviene ponerse en situación. Loeb y Sale son la pareja creativa que combina nostalgia, drama y un toque de locura heroica que hace que cualquier lectura sea adictiva. Ya habían dejado huella en DC con títulos como Batman: El Largo Halloween, pero en Marvel decidieron ponerse a jugar con los colores y los traumas de los superhéroes: Daredevil: Amarillo, Spiderman: Azul, Hulk: Gris y Capitán América: Blanco. Cada color, una emoción; cada obra, una patada directa al corazón.
Este tebeo es, probablemente, la más gamberra de todas. Porque aquí no hay supervillanos lanzando rayos láser ni carreras por Manhattan. No. Aquí Hulk tiene 48 horas para lidiar con lo más complicado: ser Hulk, ser Bruce, y tratar de no arruinarle la vida a todo el mundo en el proceso. Tenemos la primera transformación, a Ross activando su ejército como si fuera un concurso de gritos, a Rick Jones flipando en colores como testigo involuntario y el secuestro de Betty, porque lo de hacer sufrir a Hulk estaba en la lista de objetivos desde siempre. Todo contado desde la consulta de Leonard Samson, que básicamente se convierte en el amigo que te escucha llorar mientras tú le das patadas al sofá. Lo mejor es que, aunque todo esto suene trágico, Loeb lo hace divertido a su manera. Hulk intentando entender la culpa, la confusión de Bruce intentando explicarse a sí mismo, las frases lapidarias de Betty. Todo tiene ese punto de humor negro que te hace sonreír mientras te rompe el corazón.

Esta historia no trata de héroes perfectos, sino de monstruos confundidos, de tipos que rompen cosas porque no saben cómo manejar lo que sienten y de un mundo que no les da margen de error. Bruce Banner es brillante, pero emocionalmente torpe. Hulk es enorme, pero sentimentalmente explosivo. Juntos, son una bomba de emociones sin detonador hasta que Samson se pone serio y suelta la frase que lo cambia todo: “No todo es blanco o negro”. En ese momento, Banner se da cuenta de que el mundo es gris y no sabe si llorar, golpear o tirarse por la ventana.
Aquí entra Tim Sale, el añorado creador que dibuja como si cada viñeta fuera un recuerdo con resaca. Su Hulk no es el típico tanque verde (en este caso gris) de musculatura perfecta; es un gigante torpe, desgarbado, vulnerable y ridículamente entrañable. Cada sombra, cada mirada perdida, cada composición abierta te grita: “Sí, Hulk puede destruir un helicóptero, pero también puede romper tu corazón en silencio”. La intensidad de Sale combina perfectamente con el guion de Loeb: drama y comedia, melancolía y humor negro, lágrimas y puñetazos. Además, este tomo no se anda con tonterías. En 48 horas, Hulk y Bruce se las arreglan para atravesar toda una montaña rusa emocional. La humillación de Ross, la aparición de Rick como único aliado que no huye, la confusión de Betty, y, por supuesto, Hulk intentando no perder los estribos mientras todos le recuerdan que es “el monstruo”. Loeb se divierte jugando con estas situaciones, y nosotros nos lo pasamos pipa viendo al coloso de jade reaccionar como cualquier adolescente con problemas solo que con músculos y radioactividad.

La edición de Panini Comics acompaña perfectamente el tono. Con traducción Gonzalo Quesada, es un formato de bolsillo sin florituras, papel de calidad y colores que respetan la paleta original de Sale. Además, incluye un artículo de Raúl López que contextualiza el ciclo cromático y un sketchbook final que es básicamente mirar a Sale hacer magia con lápices y acuarelas. Es una edición que te invita a leer, releer y llevar a cualquier sitio por tamaño reducido.
En pocas palabras, Hulk Gris es el gigante esmeralda con terapia y cambio de color, que fue el primero que tuvo su piel. Hulk no ha destruido solo coches, laboratorios ni helicópteros; ha destruido expectativas, clichés y, sobre todo, nuestras ideas de cómo “debería comportarse un héroe”. Es torpe, dramático, culpable y ridículamente humano todo al mismo tiempo. Y cuando se transforma y sale arrancando ventanas y puertas, no es solo rabia: es puro drama con efectos especiales de caos verde. El Doctor Samson se queda ahí, sentado, probablemente preguntándose si debería recetar ansiolíticos o un casco antibalas para todos los involucrados. Y nosotros, lectores, cerramos el tomo con la sensación de haber presenciado una catástrofe en tiempo récord, una mezcla de telenovela, comedia absurda y película de superhéroes que nadie pidió pero que todos necesitamos.
