Vesper: hermosa y trágica

«Vesper» no es un cómic que pida permiso para existir. Entra en escena como entra su protagonista en combate. De frente, con la espada desenvainada y la promesa de que alguien va a salir herido. Jérémy Petiqueux firmando guion y dibujo, construye aquí algo más que una aventura de fantasía. Levanta los cimientos de un mundo enorme, lleno de historia, tensiones políticas, religiones enfrentadas y razas que conviven a golpes. Es un tomo que no se conforma con presentar personajes y conflicto, sino que parece aspirar a fundar una saga, con todo lo que eso implica. Ambición, exceso, riesgo y una sensación constante de que lo que vemos es solo la punta de un iceberg mucho más grande.

La protagonista, Vesper, es ya de entrada una figura imposible de ignorar. Híbrida de humana y quimera, capaz de hablar la lengua etérea y de canalizar una magia temida, es conocida como “la amazona de los Caballeros de Nyx”. Pero más allá del título rimbombante, lo interesante es su posición en el mundo. Vesper no es solo una guerrera excepcional, es también un símbolo incómodo. Sirve al príncipe Crimson, y junto a él sueña con un reino donde todas las razas puedan convivir en paz. En un mundo construido sobre la guerra, la desconfianza y las jerarquías religiosas, ese sueño no es idealismo: es provocación.

El arranque del tomo nos sitúa en plena épica bélica. La guerra contra los Sorajis, la lucha por territorios clave como Valestiel, el fragor de las batallas donde la magia y el acero se mezclan sin piedad. Jérémy no pierde tiempo en largas introducciones didácticas; prefiere lanzarnos al centro del conflicto y que vayamos recogiendo las piezas sobre la marcha. Esto puede resultar abrumador al principio. Hay nombres propios, facciones, referencias históricas y tensiones políticas que no se explican con calma, sino que se viven. Es una elección narrativa valiente, que refuerza la sensación de estar ante un mundo que ya existía antes de que abriéramos el tebeo, pero que también exige al lector un esfuerzo extra de atención.

Ese esfuerzo, sin embargo, tiene recompensa. Poco a poco, el tablero se va aclarando y aparece el verdadero corazón de la historia. No tanto la guerra externa, sino la caza interna. Porque Vesper y Crimson pasan de ser héroes útiles a convertirse en objetivos. La Ekklesia, una poderosa institución religiosa, ve en la magia etérea y en la figura de Vesper una amenaza que debe ser erradicada. Y aquí el cómic da un giro especialmente interesante. El enemigo no es un monstruo sin rostro, sino un sistema. Una estructura de poder que se justifica a sí misma, que se cree guardiana del orden y que, precisamente por eso, resulta mucho más peligrosa que cualquier bestia fantástica.

A partir de ese punto, Vesper deja de ser solo una historia de batallas para convertirse en un relato sobre traición, persecución y supervivencia. Las lealtades se ponen a prueba, los símbolos se rompen y los protagonistas descubren que cambiar el mundo tiene un precio que casi nunca se paga con monedas pequeñas. La relación entre Vesper y Crimson añade ese aspecto amoroso tan interesante en las historias de fantasía. No es un romance edulcorado ni un simple adorno, sino un vínculo que hace que cada decisión pese más, que cada derrota duela el doble y que cada victoria se sienta frágil casi provisional. Este autor utiliza la propia naturaleza de Vesper (su parte quimérica, su poder, su condición de “otra”) como conflicto interno. No es solo que el mundo la tema; es que ella misma vive con la sospecha de lo que puede llegar a ser si deja que esa parte oscura tome el control. Esa tensión convierte a la protagonista en algo más que una guerrera imparable: la convierte en un personaje al borde del abismo, alguien cuya mayor batalla quizá no sea contra ejércitos o inquisidores, sino contra sí misma.

Destacaría como un punto espectacular el dibujo de este creador. Jérémy tiene un trazo detallado, poderoso, con un gusto claro por las anatomías marcadas, las criaturas fantásticas y los escenarios monumentales. Las escenas de acción recuerdan a las grandes producciones de Hollywood. Se siente el impacto de los golpes, el cansancio de los cuerpos, la violencia del combate. Pero no todo es músculo. También hay espacio para expresiones contenidas, miradas cargadas de significado y momentos de silencio que dicen más que muchos diálogos. El diseño de criaturas y razas refuerza la sensación de estar ante un mundo diverso y peligroso, donde cada esquina puede esconder algo maravilloso o letal. El color juega un papel fundamental en la atmósfera. No se limita a rellenar: construye clima, separa espacios, subraya emociones. Hay páginas que respiran épica luminosa y otras que se hunden en tonos más oscuros y opresivos, acompañando el descenso de la historia hacia terrenos más crueles.

Por otro lado, la edición de Yermo Ediciones juega un papel clave en cómo se percibe la obra. Este volumen no se limita a presentar un arco concreto, sino que reúne los cuatro álbumes que componen la serie completa editada en Francia por Dargaud: L’Amazone, L’Archimériste, Aurora Crux y Valse éternelle en un solo tomo de gran formato, con la traducción de Laura Casanovas. Eso convierte la lectura en algo muy distinto a la experiencia por entregas. Lo que antes era una sucesión de episodios con pausas y cortes, aquí se transforma en un relato continuo, donde se aprecia con mucha más claridad la arquitectura del conjunto.

Ahora bien, sería injusto decir que este tebeo es perfecto. Su mayor virtud es también su mayor riesgo. La trama es tan densa que puede resultar confuso para lo que busquen algo ligero, sobre todo al principio. Hay momentos en los que se echa de menos un poco más de respiración, un poco más de contexto o de desarrollo para ciertos personajes secundarios. A ratos, la historia parece querer abarcar tanto que amenaza con atropellar sus propias explicaciones. Pero incluso esos tropiezos forman parte de una apuesta clara. Jérémy no quiere contar una historia pequeña y cerrada, quiere construir un universo. Quizá la mayor virtud de este tomo integral de «Vesper» es que no se agota cuando pasas la última página. Al contrario, gana con la relectura. Con todo el recorrido ya en la cabeza, vuelven a destacar las semillas que se plantan al principio, las miradas que cobran otro sentido y las decisiones que pesan más cuando sabes a dónde conducen. La ambición de Jérémy se entiende mejor con perspectiva, y el mundo de esta poderosa protagonista se revela más rico, más trágico y más coherente cuando lo atraviesas de nuevo. Hay cómics que se leen una vez y se olvidan; este, en cambio, es de los que piden volver, porque cada relectura no solo confirma su potencia, sino que la amplifica.

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