Thor de Donny Cates volumen 3: despedida apresurada

Hay algo casi poético en que el dios del trueno tenga un final de etapa que suena menos a martillazo divino y más a tormenta improvisada sobre la marcha. En este tercer tomo Marvel Deluxe del Thor de Donny Cates es exactamente eso. Un cierre que intenta ser épico mientras recoge los pedazos de un plan mayor que nunca pudo ejecutarse del todo. No es un desastre, no es un bochorno, pero tampoco es el Ragnarok prometido. Es, más bien, el eco de una ambición gigantesca comprimida en el espacio que quedaba libre antes de que el calendario editorial cayera como una losa

El tomo recopila Thor #27-35 y el especial Thanos: Death Notes, y aunque el nombre de Donny Cates preside la portada, su presencia real es más conceptual que efectiva. Cates había planteado una etapa con dirección clara. Un Thor rey, marcado por visiones del futuro, enfrentado a amenazas cósmicas que conectaban con el legado de Thanos y con un destino inevitable. Pero las circunstancias personales del autor lo apartaron de la serie, y este volumen es el resultado de un equipo creativo intentando cerrar la historia sin traicionar demasiado el espíritu original. Eso convierte la lectura en algo curioso. Por momentos potente, por momentos atropellada, siempre consciente de que está terminando algo que aspiraba a ser más grande.

El arranque con el cruce entre Thor y Veneno marca el tono de lo que viene después. Espectáculo inmediato, concepto llamativo, impacto visual. El guion corre a cargo de Al Ewing junto a Donny Cates, que entiende perfectamente cómo manejar el exceso cósmico y lo abraza sin complejos. El resultado es entretenido, dinámico y deliberadamente exagerado. Thor envuelto en simbionte, rayos negros surcando el cielo, combate grandilocuente. Funciona como fuegos artificiales, pero también deja claro que el foco no está en la introspección ni en el desarrollo pausado, sino en avanzar rápido hacia el siguiente punto de la trama. Tras ese prólogo intenso llega Thanos: Death Notes, un especial que funciona como puente temático. Diversos autores, entre ellos J. Michael Straczynski, Christopher Cantwell, Kyle Starks y Torunn Grønbekk, exploran distintas facetas del Titán Loco. Thanos, incluso muerto, sigue siendo una presencia inevitable en el Universo Marvel. Su sombra es más importante que su cuerpo. Y aquí esa sombra sirve para anunciar que la amenaza no ha terminado, que el destino que Thor vislumbró sigue en marcha. El especial es irregular, pero cumple su función. Recordarnos que Thanos no es solo un villano, sino un concepto que gravita sobre la etapa entera.

El grueso del tomo queda en manos de Torunn Grønbekk, encargada de dar forma definitiva a la trama de la Gema Negra, al secuestro de Laussa y al conflicto que conecta pasado, presente y futuro asgardiano. Su trabajo no es sencillo. Debe respetar la arquitectura previa, cerrar hilos abiertos y ofrecer un clímax satisfactorio en menos espacio del que probablemente estaba previsto. Aunque consigue articular una narrativa coherente, la sensación de compresión es constante. Las ideas son buenas, los elementos están ahí, pero el desarrollo carece del tiempo necesario para que cada revelación cale con la fuerza que merece. Laussa, como hermana pequeña de Thor, aporta un ángulo emocional interesante. Introduce vulnerabilidad en un personaje que, como rey de Asgard, parecía moverse en una dimensión casi abstracta de poder y responsabilidad. Sin embargo, el impacto dramático de su secuestro se diluye rápidamente en la acumulación de amenazas. Corvus Glaive entra en escena con su habitual aura de peligro calculado, Hela añade peso mitológico al conflicto, y la aparición de Doctor Muerte eleva el nivel automáticamente. Víctor Von Muerte tiene esa capacidad de imponer gravedad allá donde pisa, y sus escenas son de lo más sólido del volumen. El enfrentamiento entre el monarca de Asgard y el soberano de Latveria funciona como choque de egos y voluntades, y por momentos recupera la intensidad que definió el inicio de la etapa.

En el aspecto gráfico, el tomo es un desfile continuo de talento: Salvador Larroca, Nic Klein, Juan Gedeón, Andrea Di Vito, Travel Foreman, Geoff Shaw, Ron Lim, Sergio Dávila o ChrisCross aportan estilos distintos, todos competentes, algunos especialmente potentes en las escenas de acción. Sin embargo, el constante cambio de dibujante refuerza la sensación de irregularidad. No hay una identidad gráfica uniforme que sostenga el conjunto. Aun así, cuando la épica necesita desplegarse en splash pages de Asgard o en duelos cósmicos, el nivel artístico responde con fuerza.

La edición de Panini Cómics cumple con lo que se espera de un Deluxe. Son 256 páginas con traducción de Gonzalo Quesada. Una introducción de Nacho Teso y multitud de extras como las portadas alternativas dibujadas por Path Zircher, Daniel Acuña, Frank Cho, Kaare Andrews, Leinil Francis Yu, Ed McGuinness, Daniel Warren Johnson y Mike Spicer, Pepe Larraz y Marte Gracia entre muchos otros.

Mirando la etapa completa, este tercer volumen redefine la percepción global. Los primeros compases de la serie prometían una transformación profunda del personaje, una exploración ambiciosa del reinado de Thor y de su destino marcado por la sombra de Thanos. Este final no invalida esas ideas, pero las reduce a su mínima expresión necesaria para concluir la historia. Es un cierre funcional, digno en su ejecución, pero carente del impacto que podría haber tenido con mayor desarrollo. En definitiva, este último tebeo de la etapa del Thor de Donny Cates es un tomo entretenido pero irregular. Funciona mejor si se acepta como lo que es. La conclusión acelerada de un plan mayor interrumpido por circunstancias externas. No es el Ragnarok que cambiará para siempre la mitología del personaje, pero tampoco es un fracaso. Es un trueno que suena fuerte, aunque no sacuda los cimientos del cielo. Un final con cicatrices, sí, pero también con momentos de auténtica épica que recuerdan por qué Thor sigue siendo, pese a todo, uno de los dioses más imponentes del Universo Marvel.

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