Cuando te has criado entre desprecio, combates y acero, poca esperanza puede albergar en tu interior de encontrar un entorno más cálido. Sin embargo, Melonius Brigantius encontrará esa pequeña luz entre las brumas de Caledonia. Aunque eso implique, a ojos de sus compañeros y mandos de la III Centuria de la XXII Legión, III Cohorte, II Manípulo, una deserción en toda regla. Aunque el atisbo de esa humanidad que ha tenido, de por vida, denegada, se vislumbre en las filas de los pictos. Bajo esa premisa culmina el díptico de Hermann e Yves H., “Brigantus”, con su segundo volumen, “Brigantus 2. El picto.” (“Brigantus Tome 2 – Le picte”), recién estrenado por Cartem cómics en castellano, con traducción de José Emilio Martínez.

En sus 64 páginas espera el solvente final del último proyecto abordado por un octogenario Hermann, toda una leyenda de la Bande Dessinée franco belga, que demuestra que, quien tuvo retuvo. Como muestra, cualquiera de las viñetas que aborda mezclando su trazo con un color que aplica directamente para alumbrar esos paisajes neblinosos que esperan en la Caledonia del siglo I d.C., en plena incursión romana más allá del muro de Adriano para intentar, inútilmente, expandir las fronteras del imperio.
La mejor arma de la XXII legión es el gigante que se ha criado entre armas y vida marcial, despojado desde su infancia de cualquier rasgo de amabilidad en el trato que le daban los demás. Un gigante que, tras lo ocurrido en la primera entrega de esta historia, ha acabado en un poblado picto. Allí también desconfían de él, pero encontrará esa humanidad que le fue negada desde que quedó huérfano nada más nacer.

Así, como la bruma que se mete en todos los paisajes de Caledonia, quedan impregadas todas las páginas de esa sensación. La de orfandad absoluta del personaje. El cual es perfilado con eficacia a través del guion de Yves H., para que su padre, Hermann, lo esculpa en unas viñetas crepusculares que capturan a la perfección el tono del relato. Ya sea con los acertados dibujos que, aun lejos de los años de esplendor pasado, mantienen el trazo expresivo y fuerza narrativa que ha caracterizado su carrera.
Del mismo modo, las elecciones cromáticas para plasmar los ambientes envueltos en niebla o los pasajes nocturnos, se revelan como las mejores elecciones posibles para hacer sentir esa oscuridad, soledad y humedad a la que se enfrentan los personajes. Aportando así no solo un componente descriptivo, sino también emocional. Hecho que eleva el resultado conjunto del álbum, que culmina con solvente oficio lo planteado en su primera entrega.

Es pues “el picto” un buen final para un trabajo crepuscular. Tanto por lo que cuenta como por lo que demuestra el buen estado de forma de Hermann. El tiempo es inexorable para todos. Eso es cierto. Pero igualmente lo es que Hermann mantiene con eficaz maestría el punch artístico de su trazo y composiciones. Pasarán los años, pero la capacidad de narrar gráficamente atrapando la atención del lector permanece intacta. Visto lo visto, y mientras la biología lo permita, que vengan muchos más. Al fin y al cabo, como en las viñetas llenas de bruma de “Brigantus 2”, no solo se atisba, sino que se revela auténtica gloria plástica.
