Batman. El hombre murciélago de Gotham: la esencia al mito

“No he dormido desde que Bruce desapareció…”

Así se expresa Tim Drake, el tercer Robín, tras lo acontecido en “Mecanismo de Seguridad”, el primer arco argumental protagonizado por “el cruzado de la capa” en la cabecera que lleva su nombre, “Batman”, cuando comenzó el “Amanecer de DC”. Un arco en el que Chip Zdarsky llevó un paso más allá el descenso a los infiernos de Bruce Wayne, tras haber previamente perdido fortuna y Alfred Pennyworth, el mayordomo que lo cuidó tras quedar huérfano.

Tras la pérdida emocional y material, quedaba el golpe de efecto que había preparado Zdarsky junto a Jorge Jiménez en los Batman #125 a #130, un relato que, lejos de concluir, nos llevaba al siguiente paso: “El hombre murciélago de Gotham” (“The Bat-Man of Gotham”), desarrolado en las entregas #131 a #136 y que dirigía al lector hacia la celebración del Batman #900, que correspondía al #135 de la numeración vigente de DC Comics en 2023, año de publicación de estas grapas en Estados Unidos.

Con la excepción del número novecentenario, en estas grapas Jiménez se tomó un descanso de los interiores para centrarse en las portadas principales de cada una de las entregas, recogiendo el testigo artístico un plantel compuesto por Mike Hawthorne, con tintas de Adriano di Benedetto, Miguel Mendoça, Belén Ortega, Mikel Janín y Jorge Corona, mientras que los colores fueron asumidos por Tomeu Morey, Roman Stevens, Romulo Fajardo Jr. e Iván Plasencia.

Todos ellos quedaron al servicio de unos relatos cuya esencia buscaba la razón de ser de Batman. Esa era la motivación del guion de Zdarsky, que nuevamente bebió de conceptos previos del personaje, llevando a Bruce a un universo distinto, en una Gotham donde Batman, como tal, no existe…

“Una Gotham sin Batman.

Una Gotham a la que salvar.”

Bajo esa premisa, Zdarsky dividió el argumento en dos relatos complementarios. El primero el que dá título al TPB, el de Bruce en un universo diferente, con el arte de Mike Hawthornem, Adriano di Benedetto y Tomeu Morey. Un aparente “mundo sin héroes” en el que Bruce recupera la esencia del vigilante que es. Con un cierto sabor a resignificación y autoafirmación del personaje, no deja de ser una propuesta que se ha visto, en mayor o menor medida, en otras ocasiones. Aún con eso, lo que plantea Zdarsky deja buena sensación post lectura.

Lo mismo puede decirse del otro relato seriado “La caja de los Juguetes”, con Miguel Mendoça y Roman Stevens al apartado gráfico, donde Tim Drake se encarga de traer de vuelta al hogar a Batman. Una historia que, remite directamente al mismo rol que tuvo el tercer Robin en el célebre “Batman R.I.P.” con el que Grant Morrison revolucionó a Batman décadas atrás.

Ambas historias desembocan en el Batman #135, verdadera perla de este arco argumental, por el homenaje que hay muchas de las encarnaciones (tanto en cómic como en el audiovisual) del Caballero Oscuro, elevando a lo memorable el arco. Sin ese final, posiblemente esta sería una historia más de Batman, funcional y efectiva. Pero con el final preparado por Zdarsky, sembrado de homenajes en muchas viñetas, hacen de este clímax algo memorable para cualquier fan del señor de la noche. Cierto que, en esencia, es otro golpe de efecto que juega más con el shock que con la sustancia, pero cumple con creces su propósito.

Cierra el volumen la vuelta de Batman a Gotham, con Belén Ortega al arte y el color de Tomeu Morey, y un pequeño epílogo dibujado por Jorge Corona, con color de Iván Plasencia, que preparan el terreno (sobre todo el relato dibujado por Belén Ortega) para el siguiente arco. Porque, en Gotham, las amenazas nunca descansan. Y más si se estamos hablando del icono más popular de DC Comics.

Este es el material que compone el segundo volumen del sello DC Premiere dedicados por Panini al Batman de “El Amanecer de DC”. Un material efectivo, que proporciona una buena dosis de entertaiment superheróico, con la espectacularidad y tono que precisa un personaje como el Caballero Oscuro. Junto a las seis entregas, traducidas por Santiago García y con prólogo a cargo de Xavi Sanz Serrano, las 232 páginas se complementan con una buena ración de las portadas con las que se editaron estos números en Estados Unidos, tanto las principales a cargo de Jorge Jiménez, como las diferentes “variants” firmadas por Stanley “Artgerm” Lau, Joe Quesada con Richard Isanove y la participación (en algunas) de Kevin Knowlan, David Nakayama, Jason Fabok con Brad Anderson, Derrick Chew, Mike Hawthorne, Nathan Szerdy, Clayton Crain, Frank Cho con Sabine Rich, Tom King (¡Haciendo unos sencillos monigotes!) Neal Adams, Gabrielle Dell’otto, Kael Ngu, Jim Cheung con Jay David Ramos, Lee Bermejo y Stjepan Šejić. Entre todos conforman una genial bat-galería artística a la altura de lo que supone que es la celebración del #900 de Batman y la saga que se planificó para la efeméride: «El hombre murciélago de Gotham«. Una que no escondía su esencia efectista, pero cumplió con creces la labor de resignificar al Caballero Oscuro.

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