Las Águilas de Roma V: Cruzando el Rubicón

“Alea iacta est”

Es la frase atribuida a Julio César cuando, en el año 49 antes de Cristo, cruzó con sus tropas el río Rubicón en dirección a Roma. A ningún general le estaba permitido avanzar más allá y, haciendolo con sus hombres implicaba declararse enemigo de la entonces República Romana, inciando lo que fue la segunda guerra civil de la mayor civilización de la antigüedad, finalizando con Julio César conquistando el máximo poder.

Con independencia de los resultados del hecho histórico, la frase “Cruzar el Rubicón” ha quedado para la posteridad como una metáfora para señalar el momento en que se toma una decisión cuyas consecuencias serán, de llevarse a cabo, irreversibles. Una elección que conlleva riesgos, donde pesa más la temeridad que la prudencia y cuyos resultados no están del todo garantizados. Algo de eso ocurre en “Las Águilas de Roma V” («Les Aigles de Rome Livre 5«), de Enrico Marini, y a varios niveles. Los cuales son objeto del presente texto.

Tras haber construido un relato que ha crecido a cada paso previo, Marini acometió con la quinta entrega de su péplum en viñetas el primero de los grandes clímax del relato protagonizado por Marco y Arminio. Como dos caras de la misma moneda los dos personajes ya habían quedado situados como antagonistas tras lo mostrado en la cuarta entrega, y ahora “la suerte” ya estaba echada. Lo que fue una amistad forjada en la hermandad, aquí ya está quebrada. Quedando cada uno en un lado de la sangrienta partida dispuesta en el relato.

Arminio, que nunca dejó de portar su orgullo querusco cuando fue enviado a Roma como rehén, ha jugado bien sus cartas en Germania con las tribus bárbaras. Mientras tanto, Marco, considerado casi un proscrito en la facción romana, es el único consciente de la trampa a la que van las legiones comandadas por Varo. Además, el romance imposible con Priscila, la mujer de Lépido, va a pasar factura. Y no solo al orgulloso muchacho…

No hay pues, en el recorrido de este cómic, posibilidad de paso atrás. Cada una de las decisiones ha colocado al dramatis personae en una posición irreversible, que Marini aquí muestra, a modo de clímax bélico, las consecuencias que acarrean. Envueltas en épica y drama, el autor definitivamente “cruza el Rubicón” de la saga. Y lo hace con mano y pulso firme, en apenas 56 páginas, traducidas al castellano por Nuria Viver en la edición de Norma, pero con una fortaleza notable. Donde del mismo modo que aprovecha lo simbólico, plasma de forma espectacular y dantesca el fragor de la batalla, el dolor de la humillación de la derrota y la crueldad del vencedor. Sin moralejas y con una crudeza que impacta. En páginas gloriosas que destilan violencia y dolor. También las duras decisiones tomadas en campaña y la audacia de dos jóvenes: uno romano que intenta impedir lo inevitable mientras que el bárbaro romanizado asesta el golpe definitivo a aquellos invasores que humillaron a su pueblo.

Así “cruzó el Rubicón” Enrico Marini en “Las Águilas de Roma V” de forma irreversible y certera, destilando drama y épica. Dejando al lector con la sensación de haber presenciado algo muy grande en un álbum que es imposible abandonar hasta su última viñeta. Tal es la fuerza que portan estas páginas. Unas en las que las decisiones argumentales definitivas no solo se toman, sino que se plasman con altas dosis de talento y oficio. Por eso, casi diez años después de que este álbum viera la luz, seguimos disfrutándolo.

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