Sláine: El Amanecer del Guerrero. Un bárbaro desterrado

Nadie te prepara para el primer encuentro con Sláine. No hay manual, ni advertencia legal, ni una pegatina que diga “contiene mitología celta, dioses hostiles y violencia ritual”. Simplemente abres el tomo, pasas la primera página y, cuando quieres darte cuenta, ya estás metido hasta las rodillas en barro, sangre y superstición, escuchando a un enano que jura ser un genio mientras roba tu bolsa y a un bárbaro que empieza a deformarse físicamente porque ha decidido que hoy es un buen día para matar algo muy grande. «Sláine: El Amanecer del Guerrero» no se presenta con educación: te empuja.

Este volumen recoge las primeras historias publicadas en 2000 AD entre 1983 y 1984. Es el punto cero de una de las figuras más singulares del cómic británico. En una revista dominada por la ciencia ficción, Pat Mills decidió colar una fantasía heroica de raíces profundamente celtas, impregnada de paganismo, humor negro y una violencia que, aunque contenida por el formato juvenil de la publicación original, resulta áspera y constante. Sláine Mac Roth de los Sessair no es un héroe civilizado ni aspira a serlo. Es un desterrado, un mercenario, un superviviente que avanza por un mundo donde los dioses no escuchan plegarias, solo cuentan cadáveres.

La primera gran diferencia respecto a otros bárbaros del cómic es que Sláine no es un huérfano mítico sin pasado. Tiene tribu, nombre, linaje y un motivo claro para su exilio: el amor prohibido por Niamh, la hija del rey. Ese conflicto inicial pesa sobre todo el relato y convierte sus viajes por Tír na nÓg en algo más que una sucesión de aventuras. Sláine no vaga porque sí; vaga porque no puede volver, porque su mundo lo ha expulsado. Y esa herida se manifiesta cada vez que entra en combate y sufre los temidos espasmos de furia, una transformación física y espiritual que bebe directamente del mito de Cúchulainn y que lo acerca más a una criatura legendaria que a un simple guerrero musculado. A su lado camina Ukko, el enano, uno de esos personajes que parecen diseñados para desmontar la épica desde dentro. Ukko es cobarde, embaucador, mentiroso y extraordinariamente práctico. Se esconde mientras Sláine pelea, roba mientras otros mueren y narra muchas de las historias con un cinismo delicioso. Su presencia impide que el cómic se convierta en un desfile solemne de heroicidades y aporta un humor negro constante que se filtra incluso en las situaciones más oscuras. Ukko no cree en dioses ni en destinos grandiosos: cree en salir vivo y, si es posible, con ganancias.

Las historias que componen «El Amanecer del Guerrero» son cortas, directas y construidas para enganchar semana a semana al lector de 2000 AD. Sláine y Ukko se enfrentan a monstruos imposibles, compran una prisión como si fuera una inversión sensata, rescatan jóvenes destinadas a sacrificios humanos, lidian con herreros enanos que templan espadas en sangre y se cruzan con los temibles drune, una casta decadente y corrupta que funciona como antagonista recurrente. Todo ello sucede en Tír na nÓg, la Tierra de la Eterna Juventud, que aquí es menos un paraíso y más un campo de pruebas donde la vida vale poco y la muerte suele ser espectacular.

Uno de los grandes aciertos de Pat Mills es que no utiliza la mitología celta como simple adorno exótico. Nombres como Medb, Crom Cruach o Cernunnos no aparecen al azar, sino integrados en una visión pagana donde la Tierra es una entidad viva y peligrosa, y los dioses exigen sacrificios reales. La célebre historia de La novia de Crom, con su sacrificio en un hombre de mimbre, conecta directamente con el folk horror y con una visión del pasado tan inquietante como fascinante. Aquí la fantasía heroica no es escapismo luminoso. Es mito sucio, ancestral y a menudo cruel.

En cuanto al dibujo, el tomo refleja el carácter cambiante y experimental del cómic británico de los años ochenta. Angie Kincaid(La exesposa de Pat Mills), cocreadora del personaje, dibuja el primer episodio con un estilo sencillo y funcional que cumple su papel introductorio. A partir de ahí, Massimo Belardinelli y Mike McMahon toman el relevo con enfoques muy distintos. Belardinelli aporta un trazo más detallado y orgánico, lleno de criaturas grotescas y escenarios densos, mientras que McMahon opta por un estilo más anguloso y expresionista, con masas de negro agresivas que refuerzan la sensación de violencia y caos. La alternancia puede resultar irregular, pero también transmite la sensación de estar asistiendo a un mito en construcción, todavía buscando su forma definitiva.

La edición de Dolmen Editorial presenta este material en tapa dura, traducción de Alberto Díaz, gran formato y más de doscientas sesenta páginas, ofreciendo por fin una visión completa y ordenada de los inicios del personaje en castellano. La lectura es fluida y el conjunto tiene un valor histórico incuestionable dentro del cómic europeo. Eso sí, no puede obviarse que la edición arrastra un error de bulto en la portada y en la primera página. Un fallo llamativo que contrasta con el cuidado general del volumen y que resulta especialmente chocante en un tomo que aspira a ser una edición de referencia. No empaña el contenido, pero sí deja una pequeña cicatriz visible en lo que debería haber sido una presentación impecable.

Más allá de ese tropiezo, «Sláine: El Amanecer del Guerrero» es una obra que se disfruta tanto por lo que cuenta como por lo que anticipa. Aquí están los cimientos de un universo que crecería en ambición, espectacularidad y complejidad con el paso de los años. Pat Mills ya deja claras sus intenciones. Usar la fantasía heroica como vehículo para hablar de identidad, poder, paganismo y resistencia cultural, todo ello sin renunciar al humor ácido ni a la violencia épica. No es el Sláine más deslumbrante ni el más conocido, pero sí el más necesario. Volver a estos orígenes es recordar que antes de convertirse en icono, Sláine fue un bárbaro incómodo, excesivo y fascinante que se coló en una revista de ciencia ficción para demostrar que los mitos antiguos aún tenían mucho que decir. Y lo hizo sin pedir permiso, a golpe de hacha, dejando claro desde el primer momento que su historia no iba a pasar desapercibida.

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