El Mundo que vendrá #1: Wakanda ante el abismo

Abrir este cómic y que, en lugar de darte la bienvenida, te arroje directamente a un funeral no es algo normal. Aquí no hay fanfarrias, no hay discurso heroico, no hay promesa de aventuras ligeras. Solo una certeza incómoda. El rey está muerto y el mundo sigue funcionando a trompicones. La primera grapa de «Marvel Knights: El mundo que vendrá»(«Marvel Knights: The World to Come«) no empieza como una historia de superhéroes, empieza como un epitafio. Desde ahí, Christopher Priest y Joe Quesada dejan claro que no han vuelto para celebrar nada. Han vuelto para preguntar qué queda cuando se apagan los mitos.

El escenario es un futuro áspero. La Tierra arrastra las consecuencias de una guerra, el agua es un bien que se guarda como oro, y aún existen bolsas de resistencia luchando contra una realidad que ya no necesita enemigos claros para ser hostil. Wakanda, durante tanto tiempo símbolo de poder, estabilidad y avance, tampoco está intacta. Su rey, T’Challa, ha muerto. Y lo que queda no es un vacío limpio, sino un campo de ruinas políticas, espirituales y emocionales. Priest elige una estructura que no busca facilitar las cosas al lector. La historia avanza hacia atrás, mezclando escenas del presente con fragmentos del pasado, recuerdos, versiones más jóvenes del rey y momentos clave de su vida. Todo ello enmarcado por el relato de un viejo rebelde, que le cuenta a una joven Dora Milaje la historia reciente del linaje real tras la muerte del monarca. Es un recurso casi de tradición oral, como si estuviéramos escuchando una leyenda contada al calor de una hoguera, pero con la diferencia de que esta leyenda está llena de grietas y contradicciones.

En el centro del conflicto está Ketema, el hijo biológico de T’Challa, y el combate ritual por el trono. No es una lucha presentada como un momento glorioso, sino como un choque inevitable entre dos formas de entender Wakanda. Ketema es un fanático de las antiguas tradiciones espirituales, un creyente absoluto en los ritos y en la idea de que el poder se toma, no se hereda con dudas. T’Challa, en cambio, aparece como un rey cansado, marcado por los años y por decisiones que nunca fueron simples. Entre estos momentos de tensión, el cómic va desplegando retazos del pasado del rey. La presión de su madre para que deje un heredero, el recuerdo de su matrimonio con Ororo, la decisión de buscar una vida distinta junto a Monica Lynne. Son escenas que no buscan romantizar a T’Challa, sino humanizarlo. Aquí no es solo el superhéroe elegante y seguro de sí mismo, es un hombre atrapado entre lo que quiere y lo que debe, entre el amor y la política, entre la tradición y la necesidad de cambiar. Todo esto ya sería suficiente para construir un primer número denso y ambicioso, pero Priest y Quesada deciden añadir un último golpe que redefine por completo la lectura. Este giro es, sin duda, el elemento más polémico del número. Está diseñado para incomodar, para generar discusión y para dejarnos con más preguntas que respuestas. ¿Cómo ha ocurrido? ¿Qué significa para Wakanda? ¿Es una crítica, una provocación, una trampa o todo a la vez? De momento, este tebeo no responde. Solo abre la herida y te invita a mirar dentro.

En cuanto al dibujo, Joe Quesada demuestra que no ha vuelto para cumplir expediente. Su dibujo tiene intensidad, presencia y un estilo muy claro. El T’Challa anciano es una figura imponente incluso en la debilidad. Cada arruga, cada gesto, cada postura habla de un hombre que ha vivido demasiado tiempo con la corona sobre los hombros. Las escenas de acción, especialmente los combates están llenos de energía. Hay cuerpos que chocan, caídas que duelen y un entorno natural que se siente peligroso. El color de Richard Isanove refuerza esa sensación de mundo en decadencia. Wakanda aquí no es el paraíso tecnológico brillante que muchos esperan, sino un lugar marcado por sombras, tonos apagados y una atmósfera crepuscular. Todo parece bañado por la idea de final de era, como si el propio entorno supiera que algo fundamental se ha roto.

Panini Comics presenta este primer número como lo que es. El arranque de una saga dentro del regreso de Marvel Knights. Ese sello nos retrotrae a la primera década de los 2000. Una época que representó una Marvel más adulta, más arriesgada, más dispuesta a salirse del molde. De ahí salieron etapas fundamentales de Daredevil o El Castigador y, por supuesto, una redefinición clave de Pantera Negra a cargo del propio Priest.

Como primer capítulo, funciona más como un prólogo cargado de tensión que como una historia cerrada. Te presenta un mundo roto, un rey caído y un legado en disputa, y te deja con la sensación de que lo verdaderamente importante está por venir. Wakanda ya no es un símbolo inamovible. Es un territorio en conflicto consigo mismo. En definitiva, el primer número de «Marvel Knights: El mundo que vendrá» es una apertura incómoda, provocadora y cargada de intención. No busca que aplaudas, busca que pienses. No quiere que te sientas en casa, quiere que te preguntes si esa casa sigue en pie. Esto se está iniciando y veremos hacia donde nos dirigen estos autores tan conocidos.

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