Las Águilas de Roma: Elevando intensidad

“Es tu elección. La elección que hará de ti… un perro o un lobo.”

Germania está a punto de estallar. La dominación de Roma no está tan arraigada como el Imperio cree. Las tribus bárbaras, hartas del sometimiento, planean rebelarse. Arminio, hijo de un antiguo jefe bárbaro, se ha criado como un romano. Piensa y actúa como un romano, pero su sangre es querusca. El sabe, como romano instruido, que un romano nunca se rinde… aunque tenga a la propia Roma en frente.

Bajo esa premisa discurre “Las Águilas de Roma Libro IV”, la cuarta entrega del péplum en viñetas creado por Enrico Marini. Un volumen en el que, hechas las presentaciones de personajes y definido ya el contexto, Marini opta por elevar la intensidad y la acción, en un álbum lleno de acción, peligros, conspiraciones y violencia. Sin maniqueísmos se muestran aquí a los personajes, pues todos ellos no se sitúan solo en un bando del conflicto, sino que sus personalidades revisten aspectos complejos. Son detalles que ya fue rebelando Marini en las tres entregas previas y que aquí continúa haciéndolo, como un elemento más que enriquece una trama llena de conspiración y drama. Cociéndose a fuego lento, pero firme. De la forma que va ganando altura conforme se desarrolla.

Así nos esperan en estas viñetas el retrato de una Germania que no se doblegó a Roma. Que, si bien fue vencida, muchos de sus habitantes no se sintieron derrotados. Ampliamente documentada, la historia, con las licencias pertinentes, envuelve a cada página, trasportando al lector a una época lejana. Maravillándolo con un arte superlativo, donde cada viñeta está al servicio de lo contado, componiendo páginas robustas, que van engrandeciendo a la saga a cada paso.

Así la historia de Marco y Arminio gano empaque y altura, a través de las sesenta páginas de “Las Águilas de Roma libro IV”. Quizá fuera este el paso de gigante que hizo de la saga un clásico moderno de la Bande Dessinée franco europea. Por lo bien trazado de un guion lleno de intrigas, conspiraciones y drama. Por la fría violencia que desprenden los encuentros entre romanos y bárbaros. O tal vez por la hábil combinación de todos estos elementos, efectivamente plasmados en unas páginas que maximizan cada momento dramático y cada instante de violencia.

Es pues este vuelo de “Las Águilas” uno en el que definitivamente la saga gano la altura y dimensión con la que hoy se le reconoce. Por lo bien que sintetiza y potencia lo que muestra. Por el efectivo recorrido narrativo que plantea. Su lectura no solo consolida las buenas sensaciones que se han sembrado desde la primera entrega, sino que dejan con ganas de más. Como una parte esencial de un todo aún mayor. Con un vuelo majestuoso que no solo gana altura, sino que mantiene el rumbo ascendente y el pulso gráfico, más que firme, resulta notable. Por eso seguiremos recorriendo esta historia de amistades rotas, ambiciones y pasiones, la de dos lobos amamantados por Roma que vuelan metafóricamente bajo el estandarte del águila. Ya sea luchando por los intereses del imperio o, simplemente, por los suyos propios.

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