
Desde su irrupción en la vida cotidiana, el mundo virtual ha reproducido todos los ámbitos y facetas del ser humano. No solo los aspectos amables, sino también los más oscuros. Los hechos más aberrantes también han encontrado su reflejo en las redes. Es el caso de las “Red Room”, una serie de videos snuff en directo donde se pueden visionar torturas y asesinatos en directo. Con mucha leyenda urbana en sus espaldas, estas aberraciones se cuelgan de forma clandestina en la dark web
¿Son un mito la existencia de estos asesinatos en directo? ¿O una depravación oculta que se muestra de forma secreta en los recovecos oscuros de las redes? En todo caso, es material que puede servir de punto de partida para componer un buen relato. Y eso es lo que han hecho Run y Petit Rapace en “LowReader 7: Red Room” («LowReader 7 Distorsion X Red Room«), recién estrenado en castellano por Nuevo Nueve.

Surgida al calor de “Doggy Bags”, “LowReader” es una antología coordinada por Run donde la serie B campa a sus anchas entre dosis de frescura y mucho homenaje a ese cine que antaño solo se estrenaba en los videoclubs. Esos relatos que pocas veces se veían en pantalla grande pero que ocuparon su espacio en los visionados de muchos espectadores.
Si en el mercado franco belga Label 619 la publica en tomos que recogen más de un relato, Nuevo Nueve, con buen criterio, la ha traído a España en ejemplares unitarios que contienen cada uno de ellos una historia. Una suerte de colección que en cada entrega nos presenta un relato que sabe a adrenalina y shock contundente. Hecho que se mantiene con esta séptima entrega, donde Run asume el guion de una historia que bebe del suspense de manual, pero aportando en su desarrollo mucho oficio.

Así conoceremos a unos chavales que se meten en la dark web. Pero el propósito de encontrar un dealer virtual que suministre drogas o armas se verá difuminado cuando den con un club secreto que promete emociones fuertes. Tan fuertes que pueden costar la vida…
Con esa premisa, bien cimentada en un pulso narrativo constante, “Red Room” va captando la atención del lector, que quedará ya cautivo hasta la última página. Para ello, la expresividad que dota a los rostros Petit Rapace es esencial para que el relato funcione, transmita y proporcione las dosis efectivas de suspense y shocks. Bañando las viñetas de una oscuridad conjugada con una solvente elección de colores, que refuerzan el tono de la trama.

Así sobrecoge con oficio “Red Room” en sus 36 páginas. Como si te adentraras en lo prohibido, donde el morbo puede costarle la vida a quien quiera mirar. Donde el shock espera a la vuelta de la página y la curiosidad puede ser una trampa… mortal. Porque mirar al horror a la cara tiene consecuencias.
