Hay tomos que son como una serie de plataforma digital: te los ves del tirón y te dejan con la sensación de haber asistido a una historia con principio, nudo y final. Y luego están los tomos de Marvel Premiere de «Tribulaciones de X«, que funcionan más bien como un bufé libre mutante. Coges un poco de aquí, un poco de allá, repites del plato que más te ha gustado y miras con recelo ese que parece interesante pero luego resulta bastante soso. Este tercer recopilatorio de la etapa post-Hickman es exactamente eso. Una bandeja variada donde conviven el músculo de Lobezno, el espectáculo luminoso de la Patrulla-X, el caos delicioso de Infernales y la persistente sensación de que Excalibur sigue buscando su sitio en algún universo paralelo.

Panini nos lo sirve en rústica, 168 páginas, con una introducción de Pedro Monje y traducción de Uriel López. Dentro encontramos material de Wolverine #15 y 16, X-Men #2, Hellions #13 y 14 y Excalibur #22. Es decir, cuatro sabores distintos del mismo gran experimento llamado Krakoa. Y sí, aunque Jonathan Hickman ya no esté al timón, la maquinaria sigue funcionando, a veces con piloto automático, a veces con chispazos de auténtica brillantez.
Abrimos fuego con Lobezno, escrito por Benjamin Percy y dibujado por Adam Kubert. Logan sigue persiguiendo a Solem, ese personaje que parece diseñado en un laboratorio secreto para meterse en problemas. En el camino aparece Sevyr Blackmore, un pirata con nombre de villano de serie B y, como guinda, la mítica espada Muramasa. Si todo esto te suena a “vale, aquí vamos a repartir estopa”, es porque exactamente de eso va la cosa. Percy no intenta reinventar a Lobezno ni explorar traumas ocultos ni darle un giro filosófico al personaje. Aquí la propuesta es más directa: acción, persecuciones, hostias como panes y violencia dibujada con gusto. Y es que Adam Kubert es una apuesta segura para este tipo de historias. Su Lobezno no es estilizado ni elegante: es un animal herido que se mueve a base de pura inercia y mala leche. Cada pelea tiene peso, cada golpe parece doler y cada página respira ese aire de cómic de superhéroes “a la vieja escuela”, donde lo importante es que el lector sienta que la sangre, el sudor y el acero están en juego. ¿Es memorable? No especialmente. ¿Es entretenido? Mucho. Es ese tipo de lectura que no te va a cambiar la forma de ver al personaje, pero que te hace pasar un buen rato y te recuerda por qué Logan sigue siendo uno de los mutantes más agradecidos de escribir y dibujar.

El cambio de tono llega con X-Men #2, de Gerry Duggan y Pepe Larraz. Aquí sí que entramos en modo “blockbuster mutante”. La amenaza es tan loca como suena: una raza de alienígenas vegetales con casino intergaláctico decide que invadir la Tierra es un buen plan de negocio. La Patrulla-X, en su nueva encarnación, sale al paso y lo interesante no es solo la pelea en sí, sino cómo interactúan entre ellos. Duggan entiende que un buen cómic de equipo no va solo de repartir golpes, sino de repartir momentos: pequeñas escenas, diálogos rápidos, chispazos de personalidad. Personajes como Sincro o Fuego Solar, que muchas veces viven en la sombra de los grandes iconos, aquí tienen su espacio para respirar. Especialmente Fuego Solar, que se abre un poco más al lector y repasa su trayectoria con ese tono de “héroe que ha visto demasiado” que siempre funciona. Y luego está Pepe Larraz, que directamente juega en otra liga. Su dibujo es dinámico, espectacular, limpio cuando tiene que serlo y grotesco cuando los enemigos lo exigen. Sabe mezclar el diseño estilizado de los héroes con esas criaturas monstruosas de aspecto de insecto que parecen salidas de una pesadilla con presupuesto infinito.
Pero la auténtica joya inesperada del volumen llega con Infernales #13 y 14, de Zeb Wells. Sobre el papel, esta serie parecía una broma. Un equipo de inadaptados, villanos de segunda y personajes directamente perturbadores, liderados por Mister Siniestro. Y sin embargo, contra todo pronóstico, funciona. Y no solo funciona: engancha. Aquí Wells se centra en las dinámicas internas del grupo, en la sensación constante de fracaso, en esa idea de que todos estos personajes están rotos de una forma u otra y aun así tienen que trabajar juntos. Entonces llegamos al tramo más flojo del volumen, Excalibur #22, de Tini Howard y Marcus To. La premisa sigue siendo interesante. Un grupo de mutantes encargados de defender el mundo mágico, artefactos místicos en juego, Merlín metiendo baza y tensiones políticas en la corte de Saturnina. Todo eso suena bien, incluso muy bien. El problema es la ejecución. La historia se lee, se entiende y se olvida. No hay escenas que se te queden grabadas, ni giros que te hagan levantar una ceja, ni personajes que consigan resultar especialmente carismáticos en este número. Es ese tipo de cómic que no está mal hecho, pero que no provoca ninguna emoción. Y en una franquicia tan desbordante de ideas como la de los X-Men, eso es casi peor que equivocarse.

Visto en conjunto, el tercer recopilatorio es un tomo tan irregular como representativo de esta etapa. Hay momentos donde la chispa de Krakoa sigue brillando con fuerza, donde se nota que los autores están jugando con el universo mutante y encontrando formas nuevas (o al menos entretenidas) de contar historias. Y hay otros donde parece que la maquinaria avanza por inercia, cumpliendo expediente mientras espera su próximo gran golpe de efecto. ¿Merece la pena? Si te interesa la etapa, sí, sin duda. No es un tomo redondo, pero tiene suficientes momentos buenos como para justificar la compra. La solidez de Lobezno, el espectáculo de X-Men y, sobre todo, el placer culpable que es Infernales. Excalibur sigue siendo la nota discordante, pero incluso eso forma parte de la experiencia. Krakoa es grande, ambiciosa, caótica y no todas sus historias pueden ser igual de brillantes. Al final, la tercera entrega de «Tribulaciones de X» se lee como se vive esta etapa de los mutantes: con curiosidad, con cierta paciencia y con la sensación de que, entre tropiezo y tropiezo, todavía quedan muy buenas historias por descubrir. Y en un universo tan sobrecargado de conceptos, clones, resurrecciones y política mutante, eso ya es bastante decir.
