El Universo Marvel de J. Michael Straczynski. Antología entretenida

«El Universo Marvel de J. Michael Straczynski» es uno de esos libros que parecen escritos con una sonrisa cómplice, como si el autor se sentara frente al lector y le dijera: “sé exactamente por qué te gusta Marvel… y voy a recordártelo”. Publicado por Panini Comics en un tomo de 192 páginas, este volumen no aspira a cambiar la historia del Universo Marvel ni a inaugurar una nueva era editorial. Su ambición es otra, quizá más honesta y también más peligrosa. Reunir la esencia misma de Marvel, ese espíritu juguetón, sorprendente y profundamente humano que convirtió a sus personajes en iconos culturales.

J. Michael Straczynski siempre ha sido un escritor interesado en el interior de los personajes. Lo demostró en los cómics con etapas tan influyentes como Thor o El Asombroso Spider-Man. Aquí, liberado de la presión de una serie regular o de un gran evento, el guionista se permite jugar. Y cuando Straczynski juega, el resultado es una antología que combina humor, épica, introspección y una enorme cantidad de cariño por el Universo Marvel. El concepto del tomo es tan simple como brillante. Historias autoconclusivas protagonizadas por parejas improbables de héroes y villanos. No hay una gran amenaza que lo conecte todo ni una excusa argumental forzada. El hilo conductor es la voz del autor y su capacidad para encontrar el corazón de cada personaje, incluso en los cruces más inesperados. El resultado es un tebeo que se lee con la sensación constante de estar asistiendo a algo especial, a ese tipo de historias que solo pueden existir cuando el creador confía plenamente en su idea.

El primer golpe de efecto llega con Doctor Muerte y Mapache Cohete, un emparejamiento que parece concebido para el chiste fácil, pero que acaba convirtiéndose en una reflexión sorprendentemente profunda sobre la identidad. Straczynski retrata a Víctor Von Doom como un personaje obsesionado con el sentido de su propia existencia, con el “por qué” de su destino, más que con el “quién”. Frente a él, Rocket actúa como un espejo deformante, irreverente y brutalmente honesto, desmontando la grandilocuencia de Muerte con sarcasmo y pragmatismo. La historia funciona tanto como comedia de contraste como ejercicio de caracterización, y deja claro desde el principio que este tomo no va a limitarse a hacer malabares con nombres famosos.

El siguiente relato, protagonizado por Capitán América y Volstagg, cambia el tono sin perder profundidad. Aquí Straczynski se adentra en la mitología asgardiana para ofrecer una reinterpretación muy inteligente del personaje de Volstagg. Bajo su apariencia de fanfarrón glotón se esconde un guerrero mucho más consciente y estratégico de lo que suele mostrarse, y el guionista aprovecha esta idea para construir una historia sobre la imagen pública, el sacrificio y el verdadero significado del honor. Steve Rogers encaja a la perfección como contrapunto, reafirmándose como el eje moral del Universo Marvel incluso cuando se mueve en terrenos mitológicos. Es una historia emotiva, elegante y con un poso reflexivo que la eleva por encima del simple cruce anecdótico.

El tono vuelve a virar con Nick Furia contra Fin Fang Foom, una aventura que abraza sin complejos el espíritu pulp de la Marvel más clásica. Ambientada en una etapa temprana de la carrera de Furia, la historia es una explosión de acción, pólvora y desmesura, con un dragón como antagonista imposible. Straczynski se divierte recuperando la estética y el ritmo de los viejos cómics de guerra, recordando que Marvel también nació del exceso y la exageración. Es una historia directa y tremendamente entretenida, que demuestra la versatilidad del guionista a la hora de cambiar de registro sin perder coherencia.

Uno de los relatos más introspectivos del volumen es el protagonizado por Hulk y el Doctor Extraño. Aquí el conflicto no se libra en el plano físico, sino en el psicológico. Straczynski se adentra en la mente de Bruce Banner para explorar su trauma, su culpa y su eterna lucha interna. El Doctor Extraño actúa como guía en un viaje que enfrenta al lector con los miedos más profundos del personaje. Aunque la premisa puede resultar familiar para lectores veteranos, la ejecución destaca por su sensibilidad y por el respeto hacia la complejidad emocional de Banner. Es una historia más contenida, que aporta equilibrio al conjunto y refuerza la idea de que este tomo no se limita al espectáculo.

Entre estos relatos de mayor peso, el volumen se permite también pequeñas joyas de ligereza, como el encuentro entre Tía May y Agatha Harkness. En apenas unas páginas, Straczynski construye una situación tan cotidiana como absurda, donde lo doméstico y lo sobrenatural conviven con naturalidad y humor. Es un relato encantador, que demuestra que el Universo Marvel también se construye desde los márgenes, desde personajes secundarios capaces de ofrecer momentos memorables con muy poco espacio.

La épica alcanza su punto álgido con el Motorista Fantasma contra Galactus, uno de los enfrentamientos más ambiciosos y espectaculares del tomo. Aquí Straczynski plantea un choque conceptual entre dos fuerzas que operan en planos distintos: el castigo sobrenatural frente a la inevitabilidad cósmica. El Motorista Fantasma, símbolo del juicio y la condena, se enfrenta a una entidad que trasciende la moral humana. El resultado es una historia grandilocuente, excesiva y absolutamente consciente de su propia exageración, que abraza la épica cósmica con una fuerza visual y narrativa arrolladora. El cierre del volumen llega con Spider-Man. Una historia que encapsula a la perfección el espíritu marvelita. Peter Parker vuelve a ser el héroe superado por las circunstancias, enfrentado a un caos que lo desborda por completo. Sin embargo, como siempre, se levanta gracias a su ingenio, su sentido del humor y su resistencia inquebrantable. Es un homenaje claro al Spider-Man clásico, al héroe cercano y humano que, pese a todo, nunca se rinde. Un final energético, divertido y tremendamente satisfactorio.

En el aspecto gráfico, el tomo es un auténtico escaparate de talento. Phil Noto, Germán Peralta, Will Robson, Natacha Bustos, Elena Casagrande, Bernard Chang y Juan Ferreyra aportan estilos muy distintos, pero todos encajan gracias al carácter antológico del tebeo. Cada historia tiene su propia identidad visual, reforzando la sensación de variedad y evitando cualquier atisbo de monotonía. A esto se suma una selección de portadas realizadas por Gary Frank, Terry Dodson, Kyle Hotz, Declan Shalvey o Nick Bradshaw entre otros. Así como una introducción y un epilogo de David Aliaga explicando los entresijos del tebeo.

En conjunto, «El Universo Marvel de J. Michael Straczynski» es una obra que brilla por su honestidad. No pretende ser trascendental ni revolucionaria, pero sí profundamente significativa. Es un recordatorio de que Marvel funciona mejor cuando se permite jugar, experimentar y poner a sus personajes en situaciones inesperadas sin perder de vista su esencia. Épico, divertido, emotivo y lleno de imaginación, este tomo es una lectura ideal tanto para veteranos como para quienes busquen historias autoconclusivas con personalidad. Un comic que no cambia el universo 616, pero sí te recuerda por qué merece la pena perderse en él una y otra vez.

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