Maus: un clásico necesario

En agosto de este 2026 se cumplirán cuarenta desde que Pantheon Books publicará de forma compilada la primera entrega de la obra posteriormente ganaría el Pulizter en 1992. Con anterioridad esos capítulos ya habían aparecido de forma serializada en el magazine “Raw”, pero su edición en libro logró alcanzar una mayor difusión. No era para menos: en sus páginas, de forma cercana se mostraba a los lectores el testimonio de Vladek Spiegelman, superviviente del holocausto nazi. Sin consignas ni maniqueísmos, solo lo vivido por una persona que pasó por uno de los mayores infiernos posibles en la Segunda Guerra Mundial. Testimonio trasladado por su hijo a las viñetas, Art Spiegelman, cuyo nombre ya es indisoluble del clásico que hoy nos ocupa: “Maus”.

Para cualquier obra es difícil resistir el paso del tiempo. En el caso de “Maus”, las décadas no han hecho mella en sus páginas. Porque lo que cuenta y por cómo lo hace, este tebeo sigue siendo vigente. También necesario, pues los vientos extremistas van tomando cuerpo en la actualidad cuando la memoria del pasado no se cuida. Este cómic es memoria. Habla de un pasado, el de su protagonista. Un judío polaco que vivió el infierno nazi. Que sufrió en sus carnes toda la pesadilla supremacista nazi. Las consecuencias de planteamientos totalitarios llevados al extremo se ven en estas páginas. Donde lo que se cuenta se limita a mostrar lo que vivió el protagonista, sin consignas ni baños ideológicos. Solo lo ocurrido.

Secuenciado por capítulos, “Maus” es un viaje a las consecuencias de lo peor que puede desencadenar el ser humano. Aquí no se habla de líderes políticos ni de falsas heroicidades. Aquí lo que se muestra es a la gente corriente que pagó con sus vidas el delirio antisemita. Contado con cercanía, y por ello más desgarrador, el camino que muestra este cómic es duro. Pero también necesario. Pues estas cosas que ocurrieron conviene no olvidarlas.

El hecho que en el relato Spiegelman combine conversaciones y vivencias con su padre en la época que se está documentando con los pasajes del pasado hace que el cómic gane más empaque. Pues los momentos entre padre anciano, con sus manías de persona mayor, e hijo hacen a los personajes más cercanos al lector. Hecho que, cuando viajamos al pasado, refuerza la dureza de lo mostrado. Pues se traslada la idea de lo que esas personas supervivientes pasaron y dando, de esa manera, un mayor calado a lo contado.

El recurso gráfico de representar de forma de animales antropomórficos a cada una de las razas o nacionalidades le da una mayor personalidad a lo contado. Siendo los gatos alemanes, los judíos son ratas, mientras que los polacos son cerdos y los franceses sapos. Este hecho, que parte del desdén nazi hacia Mickey Mouse, es una idea gráfica muy potente. Una metáfora hecha trazo que, lejos de deshumanizar lo contado, le da una mayor personalidad, revistiendo de potencia la interacción de los diferentes personajes.

Quizá por todo eso “Maus” siga vigente a día de hoy. Por lo que entraña esta memoria en viñetas, tan cercana como desgarradora. Que esconde una lección de vida y supervivencia. Pero también nos muestra los peligros de los “ismos” llevados al extremo. Por eso los años no pasan por estas páginas. Pues es un clásico que, a todas luces, sigue siendo necesario.

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