Civilizaciones: Creta. Revisitar un mito

Con «Civilizaciones: Creta» («Civilisations 1. Crète«), Simona Mogavino y Carlos Gómez inauguran una serie que no se conforma con revisitar el pasado, sino que lo interroga desde el presente. Este primer tomo se presenta como una obra de ambición declarada. Reinterpretar los mitos fundacionales de la civilización occidental y someterlos a una lectura contemporánea, ideológica y simbólica. Lejos de ofrecer una adaptación clásica del mito del Minotauro, Creta propone una relectura que mezcla historia, leyenda y reflexión política. El resultado es un cómic que se mueve en terrenos complejos, a medio camino entre la épica histórica, el relato mítico y el ensayo, que encuentra su mayor fortaleza en el impresionante trabajo gráfico de Carlos Gómez, auténtico pilar de la obra.

La historia se abre en Tera, la actual Santorini, en el año 1630 a. C. El volcán duerme… pero respira. Su presencia es constante, inquietante, como un corazón que late demasiado fuerte bajo la superficie. Desde ese primer momento, comprendemos que la catástrofe no es solo un evento futuro, sino un estado permanente. Todo en Creta está a punto de romperse. En este escenario desembarca Dédalo, también llamado Barsabas. No el sabio intocable de las leyendas, sino un hombre herido por el exilio, un príncipe ateniense reducido a forjador errante. Alguien que conoce el poder desde fuera, desde sus márgenes. Su regreso a la isla, acompañado por el hijo secreto de la reina Pasífae, no es un simple viaje. Es una herida que se reabre, una chispa que cae sobre un terreno ya seco. Dédalo es el corazón del relato. A través de su mirada, descubrimos una Creta transformada, más dura, más voraz. El reencuentro con Costa, un amigo de hace quince años, sirve para constatar el cambio. El palacio de Knossos lo devora todo. Impone tributos, vacía los clanes, somete a la isla a una lógica de poder que ha olvidado el equilibrio y la armonía que antaño definieron al mundo minoico. Hay una tristeza profunda en estas páginas, una sensación de pérdida que atraviesa cada conversación, cada gesto.

Simona Mogavino construye su guion como un lamento y una advertencia. Su Creta no es solo un escenario histórico, sino un reflejo de cualquier civilización en el momento en que empieza a traicionarse a sí misma. El rey Minos aparece como una figura consumida por su sed de dominio, atrapado en su propio laberinto de poder. A su alrededor, diplomáticos, embajadores y alianzas (especialmente con el mundo fenicio) tejen una red política que asfixia lo humano en favor de la expansión y el control. Frente a este mundo masculino, jerárquico y depredador, Mogavino alza otra voz: la de lo femenino, lo ancestral, lo ligado a la tierra. Pasífae deja de ser un personaje reducido al escándalo del mito para convertirse en una figura trágica y poderosa, consciente de que su pueblo se está corrompiendo. Su miedo no es solo político, sino espiritual: la pérdida de identidad, la ruptura del vínculo con la naturaleza y con los dioses antiguos. Este enfoque, claramente pro-matriarcal, no se oculta ni se disfraza. Está ahí, latiendo en cada página, buscando deliberadamente conectar con el lector contemporáneo. A veces lo hace con una fuerza poética notable; otras, de manera más explícita, incluso subrayada. Pero siempre desde una convicción honesta, desde el deseo de usar el mito como espejo del presente. La llegada de la erupción volcánica es, en este sentido, devastadora. No solo como acontecimiento histórico, sino como clímax emocional. La tierra se rebela. El suelo tiembla, el cielo se oscurece, el fuego emerge. Es imposible no sentir que la naturaleza, cansada de ser ignorada, reclama su lugar. Pocas veces un desastre natural ha sido representado en cómic con tanta carga simbólica y visceral.

Si el guion conmueve y provoca, el dibujo de Carlos Gómez deslumbra y sobrecoge. Su trabajo es, sencillamente, magistral. Cada página está construida con una precisión y una elegancia que rozan lo obsesivo. Las ciudades minoicas, los palacios, los talleres de alfareros, los puertos o los rituales, todo está recreado con un nivel de detalle que no solo impresiona, sino que da vida al mundo representado. Gómez no dibuja la Historia: la habita. Sus personajes tienen peso y presencia. Sus cuerpos expresan cansancio, orgullo, miedo, deseo. El uso de la composición es soberbio: grandes panorámicas que transmiten la majestuosidad de la civilización cretense se alternan con escenas íntimas, casi silenciosas, que detienen el tiempo y permiten al lector respirar dentro del relato. El color, obra de Luca Saponti y Lorenzo Pieri, es el aliado perfecto de este viaje. Los tonos cálidos del Mediterráneo contrastan con las sombras que anuncian la tragedia. Hay belleza incluso en la destrucción, una belleza terrible que convierte la erupción volcánica en un momento de pura potencia visual. No es solo un espectáculo: es un golpe en el estómago.

La edición de Yermo Ediciones merece una mención especial. El gran formato es fundamental para apreciar el trabajo gráfico en toda su magnitud. El cartoné aporta peso y presencia, convirtiendo el libro en un objeto casi ceremonial, algo que se abre con respeto y se cierra con la sensación de haber asistido a algo importante. Por eso, el primer volumen no es un cómic para devorar deprisa. Es una obra que pide pausa, atención y sensibilidad. Puede incomodar a algunos lectores por su enfoque ideológico o por su voluntad de reinterpretar el mito desde claves muy actuales, pero esa incomodidad forma parte de su fuerza. Es un comic que no quiere agradar a todos, sino dialogar con quien esté dispuesto a escucharlo.

Al cerrar el comic, queda una sensación persistente: la de haber recorrido los pasillos de un laberinto no solo de piedra, sino de ideas, emociones y preguntas. ¿Qué ocurre cuando una civilización olvida sus raíces? ¿Cuándo el poder se impone a la vida? ¿Cuándo dejamos de escuchar a la tierra? Este primer tomo de «Creta» no ofrece respuestas sencillas. Ofrece imágenes, emociones y una advertencia antigua como el mundo. Y eso, en tiempos de lecturas rápidas y relatos complacientes, es algo que deberíamos apreciar con sumo cuidado.

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