Antes de que el cómic se emancipara como medio autónomo, antes de que las viñetas encontraran refugio en revistas especializadas, álbumes o librerías, hubo un tiempo en el que las historietas vivían entre noticias, anuncios y columnas de opinión. Un tiempo en el que el cómic se leía con las manos manchadas de tinta de periódico y formaba parte de la rutina diaria de millones de lectores, que se tomaban el café o un vaso de leche con un gag dibujado en una esquina de la gaceta matutina. Por eso, este ensayo sobre «Comic Strips Made in USA 1894-1928. El origen de las tiras de prensa», de Antoni Guiral, es un viaje minucioso y apasionado a ese momento fundacional, cuando el noveno arte todavía no sabía que lo era, pero ya estaba inventando su propio lenguaje.

En este primer volumenm que Guiral dedica a las tiras de prensa estadounidenses no es un simple repaso histórico ni una acumulación de datos eruditos. Es, sobre todo, una obra de comprensión. Una forma de ordenar el pasado para que el lector entienda por qué el cómic es hoy como es. Y lo hace desde una mirada amplia, paciente y profundamente respetuosa con el medio, algo que se agradece desde la primera página.
El marco temporal elegido, de 1894 a 1928, delimita un periodo clave. El punto de partida es The Yellow Kid, de Richard F. Outcault, considerada la primera tira de prensa (comic strip) moderna. No solo por su popularidad, sino por la manera en que empezó a articular narración secuencial, personaje recurrente y diálogo integrado en la imagen. El final, 1928, no es un cierre arbitrario, sino un momento de transición. Justo antes de la explosión de las tiras de aventuras, que transformarán el panorama y que seguro tendrán su propio volumen. Aquí estamos, por tanto, ante el laboratorio del cómic, el lugar donde se ensayan formas, estilos y conceptos que definirán el futuro.

Uno de los grandes valores del libro es que no arranca directamente en Estados Unidos, sino que mira atrás, hacia Europa, rastreando los antecedentes gráficos y narrativos que prepararon el terreno. Guiral recuerda la importancia de las hojas volantes del siglo XVIII, de la prensa satírica y de la ilustración narrativa, demostrando que el cómic no surge por generación espontánea. Este enfoque evita la visión simplista y permite entender las tiras de prensa como el resultado de una evolución cultural larga y compleja.
Cuando el relato se traslada a Estados Unidos, el ensayo gana una dimensión casi sociológica. La aparición y consolidación de las tiras de prensa no se entiende sin la venta salvaje de diarios de información y sin la competencia feroz entre dos gigantes: Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. Guiral explica con claridad cómo esa rivalidad impulsó la innovación gráfica, la búsqueda de personajes carismáticos y la apuesta por páginas dominicales cada vez más espectaculares. El cómic, en este contexto, no es solo entretenimiento. Es una herramienta estratégica para ganar lectores y moldear gustos populares (y en algunas ocasiones hasta cambiar la opinión de muchas personas respecto a la vida o el ámbito político).

Especialmente revelador resulta el capítulo dedicado a los syndicates, esas agencias encargadas de producir y distribuir las tiras de prensa por todo el país. Lejos de ser un elemento secundario, esas asociaciones son presentados como una pieza clave en la industrialización del cómic. Gracias a ellos, personajes y autores alcanzaron una difusión nacional, se estandarizaron formatos y se creó un sistema que, con variaciones, sigue influyendo en la producción de historieta hasta hoy. Guiral explica su funcionamiento con un tono didáctico, sin perder profundidad ni rigor.
Es en estas páginas donde desfilan nombres y personajes míticos como Gasoline Alley, Mutt & Jeff, Polly and her Pals, Mr. & Mrs., Krazy Kat, Little Nemo in Slumberland , Popeye, Flash Gordon o Little Annie o Texas Slim entre muchos otros. Guiral no los trata como iconos intocables, sino como fenómenos culturales vivos, analizando su humor, su estética, su relación con la sociedad de su tiempo y su evolución a lo largo de los años. Se entiende así que muchas de las innovaciones que hoy damos por sentadas (el uso expresivo del color, la ruptura de la cuadrícula, el surrealismo visual o el gag recurrente) ya estaban presentes en estas tiras primigenias.

Uno de los aspectos más estimulantes del libro es cómo muestra la diversidad de enfoques dentro de las tiras de prensa. No todo era humor blanco o aventuras épicas: había sátira social, experimentación formal, crítica política, absurdo, poesía e incluso erotismo encubierto. En este sentido, el apartado dedicado a las Biblias de Tijuana resulta especialmente llamativo. Estas pequeñas publicaciones clandestinas, consideradas los primeros cómics pornográficos, reutilizaban personajes populares de las tiras de prensa en historias explícitas. Guiral las analiza sin sensacionalismo, como un síntoma de hasta qué punto esos personajes ya formaban parte del imaginario colectivo y podían ser reinterpretados al margen del circuito oficial.
El tramo final del libro está dedicado a las biografías de una selección de autores, cuidadosamente elegidos por su relevancia y aportación al medio. Winsor McCay, Frederick Burr Opper, Lyonel Feininger, Cliff Sterrett, George McManus, George Herriman, Frank King, Roy Crane y Frank Godwin son esos autores que aparecen en esta parte final contados su labor y su vida en relación al tebeo. Aquí Guiral vuelve a demostrar su experiencia y criterio como historiador del cómic. Cada perfil aporta contexto humano y creativo, recordándonos que detrás de estas tiras hubo artistas con trayectorias complejas, luchas profesionales y una creatividad desbordante que a menudo quedó eclipsada por la fama de sus personajes.

Todo este contenido se apoya en un apartado gráfico excepcional. El libro está profusamente ilustrado con tiras, páginas dominicales, viñetas, fotografías y portadas, reproducidas en un formato grande que respeta la espectacularidad original de estas obras. El tamaño del volumen no es un capricho editorial, sino una decisión coherente: estas tiras fueron pensadas para ser vistas en grande, y aquí recuperan parte de ese impacto visual. Es perfectamente posible disfrutar del libro solo hojeándolo, pero su verdadero valor surge cuando texto e imagen dialogan. Publicado por Dolmen, este volumen se presenta como una obra de referencia imprescindible. No solo para estudiosos o historiadores del cómic, sino para cualquier lector interesado en entender cómo se construyó el lenguaje de la historieta. Guiral logra algo poco común: escribir un libro riguroso sin ser árido, detallado sin ser pesado, académico sin perder la pasión. Por eso, este ensayo llamado «Comic Strips Made in USA 1894-1928. El origen de las tiras de prensa» es mucho más que un estudio histórico. Es una reivindicación de las tiras de prensa como cimiento del cómic moderno, una lectura que invita a mirar al pasado con curiosidad y respeto para comprender mejor el presente del medio.
