Los 4 Fantásticos de Ryan North 2: pura maravilla cotidiana

Hay etapas que llegan a una serie para cambiarlo todo, otras para mantener el statu quo y algunas, las más raras y valiosas, para recordarte por qué te enamoraste de esos personajes en primer lugar. Por eso estos Marvel Premiere de Los 4 Fantásticos de Ryan North pertenecen sin discusión a este último grupo. Este segundo tomo no intenta impresionar a base de grandes fuegos artificiales. Simplemente hace algo mucho más difícil: funciona. Funciona como cómic, como ciencia ficción, como aventura superheroica y, sobre todo, como historia sobre una familia que sigue avanzando incluso cuando el mundo parece mirarles con desconfianza.

Los Cuatro Fantásticos siempre han sido el corazón de Marvel. No los más oscuros, ni los más violentos, ni los más perfectos, sino los que mejor encarnan la idea de exploración, descubrimiento y vínculo humano. Sin embargo, tras el cierre de la etapa de Jonathan Hickman, la serie entró en una especie de limbo creativo. Autores solventes como James Robinson o Dan Slott no lograron que la colección recuperara ese brillo especial, y durante años los 4F parecían caminar con la sombra de su propia grandeza a cuestas. Eran importantes por historia, no por presente. La llegada de Ryan North supuso un pequeño terremoto silencioso. No venía con la etiqueta de “autor estrella”, ni con promesas grandilocuentes, pero sí con algo mucho más importante. Una voz propia y una comprensión profunda de lo que hace únicos a Reed, Sue, Ben y Johnny. Este segundo tomo de Marvel Premiere confirma que su etapa no es un experimento pasajero, sino una declaración de intenciones muy clara. Aquí hay respeto por la tradición, pero también una valentía enorme para contar historias distintas, más juguetonas, más humanas y más inteligentes.

Una de las grandes virtudes de este volumen es cómo North aprovecha la herencia inmediata de la etapa anterior sin quedarse atrapado en ella. Las consecuencias de eventos anteriores pesan sobre los protagonistas. Los Cuatro Fantásticos no gozan del favor del público, no son vistos como salvadores intachables, sino como una familia brillante que ha cometido errores. Ese punto de partida es oro narrativo, porque los coloca en una posición incómoda, vulnerable, muy poco habitual para ellos. Ya no están en lo alto del pedestal, y eso los hace más cercanos. A esto se suma la figura del Doctor Muerte, que aquí vuelve a ocupar el lugar que le corresponde. El de antagonista absoluto, pero también el de reflejo deformado de Reed Richards. La implicación de Víctor, motivada por la desaparición temporal de Valeria Richards, añade esa de tensión a cada enfrentamiento. North entiende que Muerte no es solo un villano, sino un personaje herido por su propio orgullo, y lo escribe con una mezcla deliciosa de grandilocuencia, sarcasmo y tragedia.

El tomo se abre con el colosal Fantastic Four #700 USA de la numeración original (aunque aquí es el número 7). Un número conmemorativo que, lejos de quedarse en la anécdota de la numeración legado, se convierte en uno de los grandes momentos de la etapa. Aquí está todo lo que define a estos Cuatro Fantásticos: ciencia ficción desbordante, conceptos imposibles, diálogos afilados y una sensación constante de maravilla. North no tiene miedo a saturar la historia de ideas, de bucles temporales, de paradojas y amenazas conceptuales que exigen atención al lector, pero nunca pierde el control del ritmo ni de los personajes. El enfrentamiento intelectual entre Reed Richards y Víctor Von Muerte es puro gozo. Cada frase es una pulla, cada decisión una demostración de ego, y cada giro narrativo una forma distinta de explorar la vieja rivalidad entre ambos. Pero lo más importante es que, incluso en medio del caos científico, la historia nunca olvida su núcleo. Los Cuatro Fantásticos ganan porque son una familia. Porque se escuchan, se protegen y se complementan. No hay arma más poderosa que esa.

Uno de los momentos más hermosos del tomo llega con el protagonismo de Alicia Masters. Ryan North le dedica un número profundamente emotivo, construido desde la empatía y el respeto. A través de su forma de “ver” los cómics de superhéroes, el autor rinde homenaje a todas aquellas personas que disfrutan de la ficción desde lugares distintos a los habituales. Es un episodio pequeño en escala, pero enorme en significado, que demuestra hasta qué punto esta serie está escrita con cariño y sensibilidad. Alicia no es un personaje secundario. Es familia, y el cómic lo deja claro sin necesidad de discursos grandilocuentes. El resto de historias mantienen la estructura episódica que define esta etapa. Cada número plantea una idea clara y la desarrolla hasta sus últimas consecuencias, como si se tratara de un experimento distinto cada mes. Hay homenajes a monstruos clásicos, situaciones límite que obligan a los personajes a enfrentarse a sus propios miedos y conceptos de ciencia ficción que podrían sostener una serie entera por sí solos. Esta variedad es una de las grandes fortalezas del tomo. Nunca sabes qué te espera al pasar página, y esa sensación de descubrimiento constante conecta directamente con el espíritu original de la colección.

En cuanto al dibujo, el tomo mantiene un nivel notable y coherente pese a la variedad de artistas. Iban Coello sigue creciendo como dibujante, cada vez más seguro en su trazo y más expresivo en los personajes. Iván Fiorelli aporta claridad y dinamismo, mientras que Leandro Fernández deja su impronta con el oficio y la elegancia que lo caracterizan. El color de Jesús Aburtov refuerza la atmósfera de ciencia ficción sin eclipsar el dibujo.

En cuanto a la edición de Panini Cómics cumple sin problema. Es un tomo en rústica, con traducción de Uriel López, 136 páginas que contienen los números Fantastic Four 7-11. Es el tipo de tomo que se disfruta tanto del tirón como en lecturas pausadas, volviendo atrás para saborear ideas y diálogos. En definitiva, el segundo Marvel Premiere de Los 4 Fantásticos de Ryan North es un cómic que reconcilia. Reconcilia al lector con una serie que parecía haber perdido el rumbo, con una forma de hacer superhéroes basada en la imaginación y la humanidad, y con la idea de que no hace falta reinventarlo todo para contar algo nuevo. Basta con entender a los personajes, quererlos y atreverse a jugar con ellos. Ryan North lo hace, y el resultado es una de las lecturas más gratificantes y cálidas de la Marvel actual. Una serie que no solo se lee: se disfruta

Deja un comentario