«La nueva Biblia de Dragon Ball» no es solamente un libro. Es un tratado sobre uno de los mangas más reconocidos del planeta. Un artefacto brillante y peligrosamente adictivo que Vicente Ramírez ha escrito con la determinación de alguien que sabe que Bola de Dragon no es solo una obra sino una forma de vida. Esta edición ampliada y actualizada, publicada por Dolmen Editorial para celebrar el 40.º aniversario del nacimiento de Goku y compañia, no viene a discutir si la creación de Akira Toriyama es importante. Eso ya lo sabemos. Viene a demostrar por qué lo es en todos los frentes posibles, desde el manga original hasta el anime, pasando por el merchandising, los videojuegos, la música, los materiales apócrifos y hasta las últimas mutaciones del universo como Dragon Ball Kai y GT esta gran creación tendrá siempre una legión de acérrimos seguidores.

El libro arranca como debe arrancar cualquier evangelio: hablando del creador. Akira Toriyama no aparece aquí como un dios lejano e inalcanzable, sino como un autor real, humano, contradictorio y genial. Vicente Ramírez dedica el primer capítulo a contextualizar quién era Toriyama, de dónde venía y por qué Dragon Ball no surge de la nada, sino de una mezcla explosiva de tradición, humor, ciencia ficción, artes marciales y una imaginación sin freno. Aquí se entiende algo fundamental. Dragon Ball no nace para ser épico, se vuelve épico casi por accidente, empujado por el talento natural de su autor y por una historia que crece como una bola de nieve cuesta abajo.
A partir de ahí, el libro entra en la historia del manga, narrada con orden, claridad y un entusiasmo contagioso. No es un resumen perezoso. Es un recorrido que explica cómo Dragon Ball empieza como una aventura ligera, cómica, casi picaresca, y poco a poco se transforma en el shōnen definitivo. Ramírez señala momentos clave, giros fundamentales y decisiones narrativas que cambiaron para siempre el rumbo de la serie. Aquí están los torneos, los enemigos memorables, las muertes que marcaron a toda una generación y los regresos imposibles que enseñaron al mundo que en Dragon Ball morir es solo un trámite administrativo.

Uno de los grandes aciertos del libro es cómo se detiene en los momentos clave, esos instantes que todos llevamos tatuados en la memoria colectiva: transformaciones, sacrificios, combates eternos, miradas al cielo mientras la música sube y alguien grita hasta quedarse sin garganta. Pero lejos de quedarse en la nostalgia fácil, el libro explica por qué esos momentos funcionaron, qué los hizo tan potentes y cómo definieron un nuevo lenguaje que luego copiarían (con más o menos éxito) decenas de series posteriores. Y entre análisis y épica, llegan las curiosidades, uno de los grandes placeres de esta Biblia. Detalles de producción, anécdotas, decisiones improvisadas, ideas que nacieron casi como chistes y terminaron siendo pilares del canon. Nos damos cuenta de que Dragon Ball no fue un plan maestro cerrado, sino una obra viva, flexible, que crecía a base de intuición, talento y una libertad creativa casi impensable hoy. Ramírez convierte estas curiosidades en pequeñas joyas que enriquecen la lectura y refuerzan la sensación de estar ante un universo caótico, pero milagrosamente coherente.
El salto al anime está tratado con el respeto que merece. El libro no se limita a decir “hubo anime”. Analiza cómo la adaptación animada amplificó el impacto del manga, cómo alargó combates hasta el infinito, cómo creó una estética y un ritmo propios y cómo fue clave para que Dragon Ball se convirtiera en un fenómeno global. Aquí entra en juego uno de los apartados más interesantes: la música. Opening, endings, bandas sonoras y temas asociados a películas y especiales son tratados como parte fundamental de la experiencia Dragon Ball. Porque todos sabemos que, sin esa música, muchos momentos no habrían sido igual de legendarios.

Vicente Ramírez dedica espacio también a las películas, tanto las más queridas como las más discutidas, explicando su lugar dentro del universo, su relación con el canon y su función como expansión del mito. No se juzgan con desprecio ni se elevan sin criterio. Se contextualizan, se analizan y se entienden como lo que son, piezas de un mosaico gigantesco que sigue creciendo. Uno de los detalles más curiosos del libro es el dedicado a los videojuegos. Dragon Ball no solo se leyó y se vio: se jugó. Y mucho. Desde recreativas hasta consolas domésticas, Ramírez repasa cómo los videojuegos ayudaron a que los fans no solo observaran las batallas, sino que las protagonizaran. Aquí se habla de mecánicas, de evolución, de títulos clave y de cómo Dragon Ball fue uno de los primeros grandes universos transmedia, mucho antes de que esa palabra estuviera de moda.
El apartado de merchandising es otro golpe de realidad: Dragon Ball no solo es una obra artística, es una máquina cultural. Figuras, cromos (quien no recuerda las cards de Ediciones Este), ropa o juguetes, todo forma parte del fenómeno. El libro no lo desprecia ni lo glorifica sin más, sino que lo analiza como una extensión natural de su éxito. Dragon Ball se convirtió en algo que se podía tocar, coleccionar, exhibir. En identidad. Especial mención merece cómo el libro aborda aspectos que durante años pasaron desapercibidos o fueron suavizados, como la presencia de personajes queer, el tratamiento del sexo, el deseo y la identidad en una obra que, bajo su apariencia de aventura juvenil, fue sorprendentemente abierta para su época. Ramírez señala con inteligencia y naturalidad cómo Dragon Ball incluyó desde muy temprano personajes que rompían moldes, situaciones incómodas, humor sexual y una visión del cuerpo y el deseo que hoy resulta incluso más libre que la de muchas obras actuales. No se exagera ni se oculta. Se explica y se pone en contexto histórico, algo que engrandece aún más la figura de Toriyama.

El repaso a los personajes es exhaustivo y delicioso. No son simples fichas. Son retratos que explican por qué cada uno importa, qué representa y cómo ha evolucionado. Desde Goku hasta los secundarios más improbables, todos tienen su espacio en esta biblia coral. Y sí, el libro no se olvida del final del camino o de sus desvíos. Con esta nueva edición se incluyen las partes como Dragon Ball GT o Dragon Ball Kai entre otros que son tratados sin prejuicios, explicando su origen, su intención y su recepción. No se dictan sentencias absolutas. Se analiza qué aportaron, qué cambiaron y por qué siguen generando debate.
Por todos estos aspectos se podría considerar que «La nueva Biblia de Dragon Ball» es una obra monumental, apasionada, divertida y sorprendentemente completa. Un libro que entiende que Bola de Dragón no es solo una serie, sino un universo que ha atravesado generaciones, formatos y sensibilidades. Vicente Ramírez no ha escrito un simple ensayo. Ha levantado un templo de papel, donde conviven el análisis serio, el amor del aficionado, la risa cómplice y la épica desatada. Un libro para leer, consultar, discutir y volver a abrir. Porque Dragon Ball no termina nunca. Y esta Biblia tampoco.
