
Más que modernos, estos tiempos que vivimos son, como indica el título de esta reseña, insomnes. Donde el ajetreo diario acaba por desvelar esas noches y el descanso, una utopía. Porque en ese momento donde todo se para es cuando asaltan los anhelos y la vigilia se mueve a ritmo de scroll infinito hiperestimulado por esos dedos que pasan las pantallas en búsqueda de una válvula de escape, mientras quedan latentes la angustia diaria de objetivos impuestos , el estrés de sacar adelante un proyecto vital o familiar y la falta de recursos materiales.
Así es esta época para muchos. En vigilia permanente. “En vela”, como indica el título del último cómic de Ana Penyas, editado por Salamandra Graphic. Un tebeo ambicioso que ahonda en el insomnio global a través de un reparto coral de personajes. Los cuales, a través de sus angustias y anhelos se desvelan, sin poder dormir. Sin avanzar, pero sin descanso.

Es el daño colateral de un sistema donde prima más el resultado que el bienestar de quien lo produce. Donde las presiones por alcanzar objetivos condicionan los modos de vida. Donde la sobreabundancia de estímulos más que alentar, distorsionan. Donde la precariedad se extiende como un rasgo cada vez más común y constante. Donde la salud mental, más que algo a cuidar, es un hastag mas para posicionar los productos en la red. Todo ello conforma un entorno hostil y enemigo del necesario descanso.
De eso se nutre “En vela”. De lo que impide conciliar el sueño. A modo de retrato coral muestra las consecuencias del estilo de vida real de muchas personas en las sociedades teóricamente avanzadas. Donde lo económico y social al final hace mella en lo emocional. Donde el ritmo de los días pasa factura cada noche de forma implacable. Y se lo cobra. Mediante esas horas con los ojos abiertos. Donde se para el tiempo, pero también el reposo.

Ese es el collage que Ana Penyas ha dispuesto en esta obra. Con una lírica que discurre a modo de epifanía. A través de un estilo gráfico personal va retratando vidas reales en esas noches sin sueño. Donde es imposible cerrar los ojos. En una vigilia constante, alimentada por esos eslóganes de baratillo donde confunden el esfuerzo con el sacrificio. Donde el sobresfuerzo por sacar adelante a una familia se somatiza. Así quedan desveladas las miserias de este capitalismo moderno, en el que el “bienestar” queda relegado a una experiencia premium contratada a través del móvil y la dopamina solo se libera a través de “likes” y videos cortos de mensajes de trazo grueso.

Son, pues, estas viñetas, noches de descanso robadas. Ausencias necesarias que provocan lo que se muestra aquí. Tan real como el suelo de la calle que pisamos cada día. Tan gélido como las solitarias noches pensando que hacer, como las madrugadas delante de la pantalla de un móvil. Plasmadas y secuenciadas con trazos entre lo naif y lo grotesco, pero con voluntad tan esclarecedora como poética. Tomando la forma idónea para meter de lleno al lector en lo que se cuenta y se transmite. Lleno de tonos fríos. Dotando de una atmósfera acorde al mensaje que subyace. Uno que, como digo, muestra las consecuencias de esas vidas sin descanso. Y que invita, tras la lectura, a la reflexión sobre que tipo de sociedad tenemos y que tipo de vida tenemos. Las 164 páginas de “En vela”, tan urbanas como cercanas, funcionan de forma íntima exponiendo estas cuestiones. Como faros en las noches que el ajetreo diario nos roba. Como una brújula que avisa de las miserias de nuestra sociedad. Esas que hacen imposible conciliar el sueño.
