El problema de los tres cuerpos 1: pensar el fin del mundo

El primer volumen de «El problema de los tres cuerpos» es una obra que se resiste a ser leída con ligereza. No es un cómic que busque la simpatía inmediata ni el asombro fácil, sino una adaptación que exige del lector una cierta disposición intelectual. Una voluntad clara de entrar en un territorio donde la ciencia ficción no se limita a imaginar naves espaciales o invasiones espectaculares, sino que plantea preguntas incómodas sobre la humanidad, el conocimiento y nuestra posición real en el universo. En ese sentido, este primer volumen adaptado por Wu Qingsong junto al sello Three Body Universe funciona más como un umbral que como un clímax, como una puerta que se abre lentamente hacia algo mucho más vasto y perturbador.

La premisa básica es conocida, pero sigue siendo inquietante. Un proyecto militar secreto envía mensajes al espacio con la intención de contactar con civilizaciones extraterrestres, sin tener en cuenta las implicaciones reales de ese acto. El resultado es el descubrimiento de una civilización alienígena al borde de la extinción cuya única vía de supervivencia pasa por la invasión de la Tierra. Lo interesante es que este punto de partida no se presenta como una revelación espectacular, sino como una consecuencia lógica de decisiones humanas tomadas desde la ignorancia, la desesperación o la arrogancia científica. El cómic no convierte el contacto extraterrestre en un espectáculo, sino en un problema, en un error que no se puede deshacer.

Narrativamente, la historia avanza alternando puntos de vista que permiten abarcar distintas dimensiones temporales y emocionales. Por un lado, Ye Wenjie, una brillante astrofísica marcada de forma irreversible por la Revolución Cultural china. Su pasado no funciona solo como trasfondo histórico, sino como una herida ideológica y moral que explica muchas de sus decisiones futuras. La Revolución Cultural aparece aquí no como un simple contexto, sino como un recordatorio brutal de lo que ocurre cuando el conocimiento se somete a la violencia del dogma. Por otro lado, Wang Miao, científico especializado en nanomateriales, encarna el presente, la racionalidad moderna que comienza a resquebrajarse ante una serie de fenómenos que desafían las leyes conocidas de la física y de la lógica científica.

Esta alternancia no es un truco narrativo, sino el corazón mismo de la obra. A través de Ye Wenjie se explora el pasado y las cicatrices históricas de China; con Wang Miao se vive la inquietud del presente, la sensación de que algo no encaja; y, entre ambos, se insinúa un futuro cargado de amenazas que no se expresan en términos bélicos inmediatos, sino como una pregunta abierta sobre el destino de la humanidad. Todo se va ensamblando poco a poco, como un rompecabezas que no busca soluciones rápidas, sino comprensión profunda.

Uno de los aspectos más interesantes de esta adaptación es su relación con la ciencia. En lugar de simplificar los conceptos científicos para hacerlos más accesibles, el cómic apuesta por respetar la complejidad de las ideas de Cixin Liu. Para algunos lectores, esto puede resultar frío o incluso disuasorio, pero para otros supone uno de sus mayores atractivos. La ciencia no está aquí para adornar la trama, sino para sostenerla. El famoso “problema de los tres cuerpos” no es solo una metáfora, sino un concepto astrofísico real que plantea la imposibilidad de predecir con exactitud el comportamiento de ciertos sistemas. Trasladar esta idea al cómic no es sencillo, pero Wu Qingsong lo consigue mediante una puesta en escena clara, rigurosa y sorprendentemente didáctica sin caer en lo simplón.

El apartado gráfico es, sin duda, uno de los grandes logros del volumen. El estilo de Wu Qingsong, de un realismo muy trabajado. Aporta una sensación de solidez y veracidad que resulta fundamental para una historia de estas características. Los escenarios, los laboratorios, los paisajes y los rostros están dibujados con una atención al detalle que refuerza la credibilidad del relato. No hay excesos estilísticos ni artificios innecesarios. Cada viñeta parece diseñada para anclar la historia en un mundo reconocible, casi cotidiano, lo que hace que los elementos más inquietantes resulten todavía más perturbadores. Este realismo cumple una función muy clara. Cuanto más tangible parece el mundo, más aterrador resulta pensar en su posible destrucción. Wu Qingsong no busca deslumbrar con escenas de acción constantes, sino crear una atmósfera de inquietud progresiva, de amenaza latente. El ritmo del cómic es fluido, pausado cuando es necesario, permitiendo que las ideas se asienten y que el lector participe activamente en la construcción del sentido de la historia.

Más allá de la trama y del apartado gráfico, este primer volumen ya deja entrever las grandes cuestiones filosóficas que atraviesan toda la obra de Cixin Liu. La historia plantea preguntas sobre el lugar de la humanidad en el universo. Sobre nuestra tendencia a considerarnos el centro de todo y sobre las consecuencias de nuestras acciones cuando se proyectan más allá de nuestro planeta. También se reflexiona sobre el papel de la ciencia, la religión, el poder político y la responsabilidad individual en un contexto de crisis global. Nada de esto se presenta de forma explícita o moralizante; está integrado en la narración, invitando al lector a reflexionar sin ofrecer respuestas cerradas.

La edición española de Yermo Ediciones acompaña con acierto la ambición de la obra. Presentada en cartoné, con un formato europeo, traducción de Agustín Alepuz Morales y 176 páginas a color, el volumen ofrece una reproducción nítida y detallada del arte de Wu Qingsong, permitiendo apreciar plenamente su realismo y su cuidada puesta en escena. En este sentido, El problema de los tres cuerpos funciona como una obra profundamente incómoda, en el mejor sentido de la palabra. No tranquiliza, no ofrece héroes claros ni soluciones sencillas. Plantea un escenario en el que la humanidad no es necesariamente la parte más fuerte ni la más importante, y esa idea, trasladada al lenguaje del cómic, resulta especialmente poderosa.

Puede que este primer volumen de «El problema de los tres cuerpos» no sea el más espectacular de la serie, pero sí es esencial. Es el terreno sobre el que se construirá todo lo demás, el punto de partida de una historia que necesita tiempo y paciencia para desplegar todo su potencial. Como adaptación, respeta la esencia de la novela y aprovecha las posibilidades del medio para ofrecer una experiencia distinta, complementaria y muy sugerente. En definitiva, no busca convencer a todo el mundo, sino dialogar con un lector dispuesto a pensar, a cuestionarse y a aceptar que la ciencia ficción puede ser algo más que entretenimiento. Es una obra inteligente, ambiciosa y exigente, que encuentra en el dibujo de Wu Qingsong una herramienta perfecta para trasladar al papel la complejidad del universo creado por Cixin Liu. Un primer paso firme y estimulante hacia una de las sagas más importantes de la ciencia ficción contemporánea.

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