Sin City 4. Ese cobarde bastardo: el martirio del héroe

Por extraño que pueda parecer, hasta en la ciudad del pecado, donde la corrupción es una constante que impregna cada calle, quedan tipos honrados. Tipos como el inspector de policía John Hartigan, el protagonista de “Ese cobarde bastardo” («That Yellow Bastard»), otra de las cumbres a las que llegó Frank Miller en la que quizá sea su obra más notable: “Sin City”.

Hartigan encarna el arquetipo de héroe que Frank Miller perfiló a lo largo de su carrera: un tipo de una pieza en un mundo hipócrita donde lo conveniente para uno mismo no siempre es lo correcto. Una característica perfectamente rastreable en sus mejores Matt Murdock y Bruce Wayne, que no dejan de ser el mismo perfil de protagonista: personajes que, si bien son elementales, desprenden un innegable halo de atractivo. Fundamentado en sus recto sentido de lo que está bien, incorruptibles frente a una sociedad voluble e hipócrita, debilitada por los poderosos que aprovechan sus parcelas de poder para obtener beneficio a costa de lo que sea.

Ese arquetipo, situado en Sin City, la urbe donde la corrupción es una constante, da para grandes momentos, que son los que están recogidos en “Ese cobarde bastardo”. Una epopeya con ecos de martirio, cuyo subtexto nos remite al “Born Again” y al evidente tormento que va a sufrir el protagonista por hacer lo correcto. En frente, la vileza humana que no duda en exterminar cualquier piedra en su camino. Solo que, en esta ocasión, da igual cual sea la condena, la determinación del héroe y su fe inquebrantable en hacer lo correcto es más fuerte. Por mucho que por el camino pierda todo cuanto posee, por mucho que quede proscrito a nivel social….

Ese es el martirio que va a sufrir Hartigan en “Ese cobarde bastardo”. Un policía que, en su último día de servicio antes de jubilarse no dudará en hacer lo correcto. Aunque le cueste todo y le condene a un aciago destino. Él es el sentido del deber personificado.

En frente, lo más depravado del poder y vilezas humanas, que serán crueles e implacables con el héroe. Ese es el motor de “Ese cobarde bastardo”, un relato bien macerado entre ecos literarios de Raymond Chandler y Mickey Spillane y los gráficos de Alberto Breccia y José Muñoz. Influencias que Miller no solo asimiló en esta serie, sino que las hizo suyas y las llevó a un paso más, poniendolas al servicio de relatos que se han afilado hasta lo básico, llevando la pulsión y tensión a cada instante, viñeta y página. Donde el blanco y negro refuerza la dicotomía del bien y el mal y se juega estéticamente con los contrastes, sombras y composiciones. Con excepción, en esta ocasión, del amarillo. Un color que inteligentemente contamina la estética de este relato, cumpliento la función perturbadora que ha de tener. Como la del personaje que es pintado así. Como el elemento que disturba todo cuanto toca. Como el hedor que le precede en el relato…

Así de grande es “Ese cobarde bastardo” a lo largo de sus 240 páginas, que acaba de reeditar Norma en castellano con nueva traducción de Hernán Migoya, además de la nueva portada a cargo de Miller. Portada que, en la versión de la edición de lujo, que va dentro de un cofre forrado en tela impresa con un nuevo diseño y el logo estampado, se acompaña de una lámina con la reproducción de ésta. Haciendo más goloso si cabe este volumen, donde el tamaño de 22 por 29,50 cm si importa, pues da mayor impacto a cada página y composición de Miller. A modo de extras, además de la galería de ilustraciones de Miller para las portadas, con color de Lynn Varley, y contraportadas que tuvo la serie en grapa, vienen las reproducciones de las ilustraciones de artistas del nivel de Mike Allred, Kyle Baker, Jeff Smith y Bruce Timm, complementando de este modo un volumen donde formato y contenido tienen el mismo valor colosal.


En consecuencia, “Ese cobarde bastardo” es pura serie negra de una pieza. Directa e intensa. Secuenciada con maestría para apelar al instinto, a la esencia, a lo básico. Que nos lleva a ese lugar donde no hay medias tintas, solo blanco y negro, bueno y malo. Donde hacer lo correcto es un trabajo duro con recompensas crueles. Pero alguien tiene que hacerlo: John Hartigan. Y alguien lo dejó plasmado con excelencia gráfica: Frank Miller

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