Power Girl 1: Sueños Eléctricos. Aprovechando la oportunidad

Haber aparecido en 1841 entregas de cómics y no tener una cabecera regular en el universo DC dice mucho del papel del personaje en la editorial. Desde que Gerry Conway, Ric Estrada, Wally Wood y Joe Orlando le dieran vida en las páginas de All- Star Comics #58 aquel diciembre de 1975 (con fecha de portada febrero de 1976), la réplica madura en Tierra-2 de la prima de Superman se convirtió en un excelente secundario de la dimensión donde los héroes DC habían envejecido desde los años treinta. Desde entonces, ni las crisis y reorganizaciones argumentales han podido con ella, a pesar de los pertinentes reseteos sobre su origen. Apenas ha contado con tres volúmenes de serie propia pero su contundente presencia ha sido siempre requerida en muchas series de la Distinguida Competencia, siendo miembro destacado de la “Sociedad de la Justicia”, “Infinity Inc” o de la “Liga de la Justicia Europa”.

Con cincuenta años de vida editorial, Power Girl nunca ha encontrado la esperada continuidad para protagonizar serie propia regular. Intentos ha habido a lo largo de las décadas, pero las ventas, que al final son las que otorgan y quitan la longevidad, han sido implacables. Sus cabeceras han logrado mantenerse un tiempo, llegando a cifras muy significativas para lo que se puede esperar de un personaje menor. Las cuatro entregas de 1988, a cargo de Paul Kupperberg, Rick Hoberg, Arne Star y Julianna Ferriter, la resituaron conceptualmente en el Universo DC post crisis, pero la cosa quedó ahí. No fue hasta 2009 cuando Kara Zor-L contó con su segunda oportunidad, que logró llegar hasta 27 entregas.

Tras eso, habría que esperar hasta que el “Amanecer de DC” (“Dawn of DC”) le otorgara una nueva ocasión. Una que duró veinte entregas y es la que nos ocupa hoy. Una que se mantuvo hasta que las reorganizaciones de títulos que siguen a los eventos superheroicos dictó sentencia, pero que ha dejado buen sabor de boca entre los aficionados. Como muestra, el primer TPB de la serie, Sueños Eléctricos” (“Power Girl: Electric Dreams”), que editó en castellano Panini el pasado verano.


En el veremos a la anteriormente conocida Karen Starr protagonizar nuevas aventuras junto a Lilith Clay, alias Augurio, (su nueva socia desde lo acaecido en Isla Lázaro) y otra miembro destacado de la Superfamilia: Supergirl. No faltará la presencia de Superman, por supuesto. Ni la de Streaky, su supermascota felina, que protagoniza el delicioso capítulo cinco del volumen.


Con ese elenco, y las aventuras, retos y villanos pertinentes, se empezó a forjar una divertida serie protagonizada por Paige Stetler, el nuevo nombre de Power Girl, cuyas mismas iniciales comparten. Una serie que, si bien ni inventa la rueda tampoco lo pretende. El objetivo de Leah Williams, su guionista, fue hacer algo que tuviera más recorrido. Introduciendo poco a poco un contexto que añadiera interés a la protagonista, sirviéndose de otros personajes destacados del DC comics, pero asegurando en todo momento que la que más brillara fuera PG.

En las siete grapas que componen “sueños eléctricos”, Williams lo llevó a cabo junto al lápiz de Eduardo Pansica y Júlio Ferreira (números #1 al #4), David Baldeón ( en el estupendo y felino #5) y Margerite Sauvage ( #6 y #7), esta última como responsable completa del apartado gráfico. En las cinco primeras entregas el color corrió a cargo de Rómulo Fajardo Jr.

A pesar del baile estético, el resultado global se antoja coherente. Fundamentalmente por el trabajo de Leah Williams, que tras situar con una primera aventura el contexto y los parámetros donde se va a desarrollar Power Girl, cede el protagonismo a Streaky en una original y divertida grapa, para dar paso a una aventura donde las dos primas de Superman viajaran a un mundo fantástico, hecho que permitirá a Margerite Sauvage lucirse con dos estilos gráficos complementarios: uno más “superheróico”, para el “mundo real” que viven los héroes DC; y otro, a caballo entre el amerimanga y lo cartoon, para el “mundo fantástico” del Reino de Ferimbia, donde vivirán la aventura Power Girl y Supergirl.

En conjunto resulta un volumen equilibrado. Fresco en cuanto a desarrollo y lleno de oficio. Que no pretende revolucionar ningún concepto, pero mantiene el interés en su recorrido narrativo. Proporcionando buen entretenimiento superheroico, sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato. Y lo consigue. Sus 160 páginas, traducidas al castellano por Bárbara Azagra, nos permiten comprobar la buena forma creativa en la que se encontraba Leah Williams al asumir la cabecera, el oficio de Eduardo Pansica, Júlio Ferreira, David Baldeón y Rómulo Fajardo Jr. y la excelente sintonía que desarrolló con Margerite Sauvage.

Junto a las aventuras, además, acompaña un acertado texto de Miriam Almohalla a modo de introducción y reproducciones en formato “Textless” a página completa de todas las portadas de la edición en grapa: las principales firmadas por Gary Frank con Brad Anderson y Amy Reeder; y las variantes, a cargo de Leirix, Rahzzah, Saowee, Jeff Spokes, Brad Walker con Nathan Fairbrain, Jae Lee con June Chung, Sozomaika y Jonboy Meyers. Así son estos “Sueños eléctricos”, los que asentaron el comienzo de la tercera oportunidad de Power Girl. Una que fue bonita mientras duró, pero fue convenientemente aprovechada para proporcionar un fresco entretenimiento superheroico, dejando claro que, con las manos creativas adecuadas, los cincuenta años de Power Girl pueden lucirse con atractivo.

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