Abrir el tomo de Marvel Premiere llamado «La Edad Oscura» es como entrar en una fiesta donde las luces se han ido, el DJ se ha desmayado y alguien ha decidido reorganizar la pista de baile a base de terremotos y destrucción masiva. Pero lo más interesante no es la fiesta en sí. Es quién la está organizando. Porque «Dark Ages» como se llama en inglés no es solo otra historia alternativa de Marvel; es una demostración del músculo creativo de Tom Taylor y del talento explosivo de Iban Coello. Dos autores que aquí trabajan como si estuvieran jugando en modo “libertad total”, sin miedo a volar por los aires el statu quo. Incluso llegando al extremo de apagarlo hasta sus últimas consecuencias.

La premisa puede sonar familiar. Un mundo conocido, una catástrofe, héroes sin pies ni cabeza. Vamos lo que podemos encontrarnos en Marvel en muchos momentos de su historia. Pero Taylor y Coello no entran aquí para imitar. Entran para pasárselo bien, para que tú te lo pases bien, y para recordarte por qué estas realidades alternativas siguen funcionando mejor que el café para despertarnos el cerebro. Porque si algo sabe Tom Taylor, es tomar una idea que ya hemos visto mil veces y darle la vuelta como si fuera una tortilla. Este hombre escribe historias alternativas como quien hace magia con una baraja trucada. Todos sabemos que va a pasar algo terrible, todos sabemos que la cosa se va a torcer, todos sabemos que habrá lágrimas, pero aun así queremos ver cómo lo hace. Y en La Edad Oscura vuelve a su especialidad. Destruir el mundo, pero con estilo. Taylor tiene esa mezcla curiosa de caos, humanidad y humor que convierte lo apocalíptico en accesible, casi entrañable. Puedes estar viendo morir a medio Universo Marvel y aun así sentir que te lo cuenta un amigo con gracia.
Lo que hace Taylor aquí, sobre todo, es jugar. Jugar con las relaciones, con los roles, con los personajes que ya tenemos muy vistos. Jugar con el efecto dominó de quitarle a la humanidad algo tan básico como la electricidad. Jugar con lo dramático, pero también con la esperanza. Porque si lo piensas, estas páginas no son realmente un cómic de “fin del mundo”, sino un cómic de “qué pasaría si los héroes tuvieran que volver a crear toda una civilización de nuevo”. Ahí es donde Taylor brilla. Cuando convierte lo épico en íntimo, cuando deja que Peter Parker sea un padre antes que un héroe, cuando transforma a Sue Storm en un motor tanto en poder como en sentimientos, cuando deja que Tony Stark vuelva a ser un inventor artesano en vez de un millonario con toda la tecnología en su mano.

Pero si Taylor diseña, Iban Coello te fulmina con su arte. Este cómic es suyo tanto como del guionista. El artista español no se limita a ilustrar lo que Taylor escribe. Lo empuja, lo exagera, lo embellece y lo convierte en una superproducción. Coello dibuja la destrucción como si fuera una coreografía, y la calma como si fuera peligro. Hay algo en su trazo que convierte cada página en un espectáculo. Las splash pages podrían perfectamente estar expuestas en cualquier mural de una tienda de comic para atraer al público. Las escenas de acción vibran, literalmente vibran, como si los golpes fueran a salir de la página. Y aun así, cuando Coello baja las revoluciones para mostrar algo íntimo (una mirada, una pérdida, una duda), lo hace con una elegancia que sorprende. Lo mejor es que Coello aquí no está encorsetado. No es un número suelto, ni algo puntual, es toda una miniserie donde puede rediseñar personajes, mostrar escenarios nuevos, imaginar un mundo destruido, pero aún vivo. Y se nota que se lo pasa bomba. Lo notas en cada monstruo ridículamente amenazante, en cada héroe reinventado, en cada pequeño detalle que añade para enriquecer la lectura. El tipo se divierte, y cuando un dibujante se divierte, el lector lo nota a kilómetros. El trabajo del colorista Brian Reber también potencia lo que Coello propone. Colores vivos, contrastes marcados, sombras densas, un equilibrio entre luz y oscuridad que sirve tanto para el tono como para el tema central: un mundo sin electricidad, pero no sin vida.
Entre los tres construyen un mundo que se siente lógico dentro de su propia locura. El universo de La Edad Oscura no funciona con electricidad, pero funciona con humanidad. Por eso la historia engancha incluso cuando se sale de madre. Sobre todo, por ese final que llega tan rápido que parece que alguien tenía prisa por acabar algo muy interesante. Pero esa prisa final, aunque real, no borra los puntos fuertes. El arranque espectacular, el tratamiento de los personajes, la manera de empujar a cada héroe a un lugar distinto dentro del tablero post-apocalíptico. Taylor no busca complejidad filosófica. Busca ritmo, espectáculo y corazón. Busca algo que parece sencillo, pero es dificilísimo: coherencia en medio del caos. El cómic puede tener monstruos gigantes, vampiros, simbiontes mezclados, apocalipsis con mayúsculas, pero los personajes sienten, reaccionan, cambian. Y eso siempre es Taylor al volante.

En su momento Panini Comics lo publicó en grapa y ahora llega en el formato de Marvel Premiere. Incluye Dark Ages #1-6 y material de FCBD 2020 X-Men con traducción de Gonzalo Quesada y Uriel López. Además, tenemos una introducción y epilogo de Pedro Monje junto con bocetos realizados por Coello y multitud de portadas alternativas realizadas por Ryan Stegman, Takashi Okazaki, Peach Momoko o Pete Woods entre otros. Por eso de estás 160 páginas pueden surgir varias preguntas: ¿Es una historia profunda? No. ¿Es una revolución del género? Tampoco. ¿Es un cómic donde Taylor y Coello se lo pasan en grande, se coordinan como si llevaran toda la vida trabajando juntos, y entregan un espectáculo que se lee de una sentada y se recuerda con cariño? Sí, totalmente.
Este tebeo llamado «La Edad Oscura» funciona porque es divertida. Porque es trepidante, porque tiene personajes bien escritos, porque Coello dibuja como si no tuviera vértebras y porque Taylor, incluso cuando acelera demasiado en el final, deja tras de sí un mensaje que recorre toda la obra. Cuando el mundo se apaga, lo que quedan son las personas y sus decisiones. Eso no es poca cosa. Además, si un cómic post-apocalíptico tiene a Masacre, Drácula, Pantera Negra, Sue Storm desatada, Tony Stark haciendo alquimia, May Parker hiperactiva, Tormenta convertida en una especie de santa protectora de refugiados, y Apocalipsis comportándose como un villano de ópera. Qué quieres que te diga: a mí me tienen en ese equipo. Al final, Taylor activa el pulso electromagnético y Coello pulsa el botón. Eso es Marvel Premiere: La Edad Oscura. Y así da gusto entrar en la oscuridad.
