
“Nuestros destinos están entrelazados en contra de nuestra voluntad.”
No hay ciudad europea que lleve al Diablo tan arraigado en sus mitos urbanos como Praga. Por eso, puede ser posible que él haya estado en sus calles. Y no siempre de forma voluntaria, pues como se expresa en la cita que inaugura este texto, hubo una vez en la que estuvo en estas calles por imposición sobrenatural, anclado a una joven de 19 años: Coral.
De esta premisa parte la primera obra como autor completo de Josep Homs, más conocido como Homs: “El Diablo y Coral” (“Le Diable et Coral”), recién editada por Norma en castellano. Una aventura fantástica que recupera el sentido de la maravilla de lo sobrenatural, bañado en un dibujo magnético. Ese que Homs ya nos ha ido acostumbrando en obras pretéritas como “Shi” o “El Ángelus”. Pero en esta ocasión no ha habido necesidad de tener un compañero guionista a su lado. Homs ha asumido la parte argumental para tejer un relato que no solo seduce en lo gráfico, también en lo conceptual.

Orquestado en seis actos, “El Diablo y Coral” nos lleva a la Praga de entreguerras, con la amenaza nazi latiendo a flor de piel en sus calles legendarias y el Puente de Carlos supurando leyenda en cada uno de sus cimientos. Con ellas y otras referencias, Homs compone una historia que entronca el sentido clásico de la aventura y del camino del héroe, en este caso heroína, en un camino de redención, pero también de reconciliación con su progenitor: un anciano rabino ahora en coma, cuyas habilidades como exorcista han mantenido a salvo a Praga durante su ejercicio. Pero ahora todo ha cambiado…
De ese contexto de amenazas terrenales (el totalitarismo expansionista nazi) e infernales nace esta historia, donde Coral, que ejerce de médium en un circo de la época, va a tener que asumir el mayor reto de su joven vida. Uno que le va a llevar al mismo infierno, donde lo diabólico y lo familiar se entrelazan en una resuelta odisea. De esas que crecen conforme se avanza en su recorrido.

Con un tono directo, plagado de referencias visuales y guiños a la cultura popular, pero también a la literaria, la cinematográfica o la pictórica, el tebeo va conquistando a quien lo lee. En unas páginas donde se invoca, en algún momento, a William Friedkin o a Ingmar Bergman y, en otros, a Jerónimo Bosch, mientras los mitos de Fausto y de El Golem sobrevuelan, participando de un legado tan antiguo como el ser humano. También hay guiños a nuestro querido noveno arte, con un notable homenaje a Dave Cooper. Elementos todos que enriquecen el conjunto, aportando, pero no condicionando el relato. Pues éste, si bien se entronca en un legado fantástico, posee ese punto de personalidad propia que justifica su existencia. Poder adentrarse en esos terrenos, tan recorridos antaño, y conseguir un fértil y fresco resultado solo está al alcance de quien tiene algo que decir. Y Homs demuestra aquí que lo tiene y que, no solo sabe cómo decirlo, sino que lo hace de forma notable.
Ese es el principal valor de “El Diablo y Coral”. Una rotunda personalidad en lo que cuenta, con un guion que no solo mantiene el interés sino que lo incrementa conforme avanza el relato. Con unas viñetas de muchos quilates, donde la narrativa gráfica directamente fluye de forma orgánica. Sin más artificios que el oficio de saber secuenciar y componer una página en aras de que el ritmo narrativo sea inmaculado. Que vaya atrapando a quien lo lee. De todos los atributos fantásticos que posee “El Diablo y Coral”, el más potente es el más real: la capacidad que demuestra Homs para componer el tebeo. Tanto en lo argumental como en lo artístico. Dando sentido con sus páginas al término “arte secuencial”.

Más allá de la obra en si, cabe destacar la manifestación de Homs en los créditos del tebeo (como en tantos otros dada la coyuntura «artificial» que amenaza al mundo del cómic), donde especifica que no se ha hecho uso de IA generativa para la creación del tebeo. A día de hoy, eso supone más que una afirmación. Es la demostración de resistencia del talento humano frente a la mediocridad del plagio. Es la constatación que, en lo artístico, no hay terreno más excitante que el que nace de la mente humana, no de la apropiación indebida de un software capaz de robar de miles de obras pretéritas para hacer un pastiche sin personalidad. Por eso, es conveniente que aparezca esta frase en tebeos que nacen de lo humano, del oficio artesano de crear, de contar y narrar, que emocionaran siempre mucho más que un collage compuesto de dibujos y textos previos. Para demostrar la evidencia de que lo creativo nace del calor humano, no de la frialdad de algoritmos que copian y pegan.
Bienvenidos sean pues tebeos como “El Diablo y Coral”, que nos dan ese calor humano. Que transmiten y conectan porque es un ser de carne y hueso el que crea. Sirva de ejemplo lo que cada mirada y expresión dibujada en este tebeo (baste ver los rostros de Coral para comprobarlo) transmiten, porque componen una caracterización tan tridimensional y humana como la mano que la ha creado y dibujado. Verdaderos ejercicios de elocuencia gráfica, totalmente alienados con el guion, que fortalecen el conjunto final.

Editado en el mercado franco belga por Dargaud- Le Lombard, Norma se ha encargado de traerlo a este lado de los pirineos en una cuidada edición en cartoné. La cual viene acompañada en su campaña de lanzamiento de una jugosa lámina de regalo. A la altura de las páginas que acompaña. Donde nos recuerda la extraña alianza de «El Diablo y Coral«, tan fructífera en las manos y arte de Homs. Con ese calor que nace de la creatividad humana. Esa que se puede copiar desde lo artificial, pero nunca igualar.
