No es mi trabajo: Un monstruo llamado burocracia

Uno de los mayores problemas de las sociedades europeas actuales es la burocracia estatal. Llena de procedimientos, impresos y citas previas, se erigen como el mayor de los villanos para muchos de los ciudadanos de a pie. Del mismo modo, los caminos “telemáticos”, especialmente para los usuarios de mayor edad, se convierten en duros obstáculos para gestionar los asuntos con la administración. Dejando la tecnología a un lado, la “papelocracia” funcionarial ha sido una constante en nuestro país desde que Mariano José de Larra escribiera su “vuelva usted mañana”. Una característica frase que permanece desde entonces en el subconsciente popular, con independencia de las formas y los gobiernos que se han sucedido.

Si a eso se le suman los vaivenes políticos y económicos de estos últimos años, hay material más que suficiente para hacer una sátira en condiciones. Eso debieron pensar Jabier Etxagibel y Ernesto Murillo, más conocido como Simonides, a la hora de llevar a cabo “No es mi trabajo”, recién editado por Autsaider cómics. Un ácido tebeo en el que intentar jubilarse se convierte en una odisea para su protagonista, Jabier, hasta el punto que, en lugar de cobrar la prestación acabará siendo miembro de la Ertzaintza.

“El procedimiento es el procedimiento”.

Ese es el mantra que repetirán muchos de los funcionarios que se crucen en las gestiones de Jabier. Como una carrera de obstáculos, el protagonista deberá afrontar citar previas y recolección de documentos de administración en administración. Haciendo ejercicios de paciencia ante muchas de las rigideces y errores que sufre. Y malabarismos ante diversas ventanillas. Son situaciones que, llevadas al extremo, sirven de punto de partida para la sátira en viñetas que es este cómic, donde se advierte un humor corrosivo que bebe de esa realidad que nace cuando se tratan muchos temas con la administración.

Así comienza esta ácida comedia, donde la profesionalidad de muchos personajes es una entelequia abstracta, que alimenta una farragosa burocracia. En frente, un personaje que ha de combatir la brecha digital, con el edadismo como telón de fondo. Elementos muy actuales de nuestras sociedades, bien sintetizados a lo largo del tebeo en unas viñetas en las que Simonides da el tono gráfico perfecto para maximizar el reflejo distorsionado que toman de la realidad. Con un trazo heredero de la línea chunga underground, los puntos humorísticos son apuntalados con expresiones certeras, mientras la odisea de Jabier lo lleva a los brazos de la policía autónoma vasca.

No es mi trabajo” se presenta así. Con irreverencia y mucho ingenio, que ya se advierte en la portada. Con las dosis necesarias de mala leche y lucidez. Esa que otorga el haberse enfrentado a la papelocracia y los procedimientos telemáticos. La que viene de un país donde las pensiones están en el aire. Donde el edadismo es uno de los gigantes que hay que combatir cada día. A lo largo de sus 136 páginas, espera el humor, pero también una ácida crítica ante algunas de las problemáticas que afectan a nuestra sociedad. Ahí está la fuerza del tebeo. Donde radica el motor de su humor. Tan real como pasar toda una mañana para hacer dos gestiones ante la administración.

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