Malfario #8: Entre dinosaurios anda el juego

Bienvenidos a la jungla jurásica del desenfreno. A ese rincón donde el arte underground se quita los pantalones y baila desnudo sobre un cráneo de triceratops mientras grita “¡Evoluciona esto, Darwin!”. El octavo volumen de «Malfario», ya está aquí. No es un tebeo. Es un cataclismo. Es la colisión entre la erupción volcánica del deseo y la risa histérica del cómic más salvaje que puedas imaginar. Si lo que esperabas era un manual de paleontología seria, prepárate para descubrir que aquí los fósiles sudan, los saurios flirtean y las hipótesis científicas se recogen del suelo, temblando de placer y tinta.

Desde la primera página, con prólogo de Paco Pérez se abre el portal a esta orgía de ideas con una sonrisa traviesa y un guiño a los más desvergonzados del pensamiento pop. Uno siente que está entrando en un museo de lo prohibido, donde las vitrinas estallan y los huesos cobran vida con un gemido. No hablamos de arqueología muerta, sino de una jurásico-lujuria que se retuerce entre el humor absurdo y el erotismo primitivo. Malfario no quiere educarte. Quiere arrastrarte por un lodazal de ideas delirantes donde los dinosaurios se aparean con la imaginación humana y el lector, indefenso, solo puede reír, jadear y aplaudir.

Lo primero que te salta a la cara es la portada de Maroto Bambinomonkey. Un puñetazo tan potente que parece pintada con sangre de velociraptor y sudor de caverna. Es pura energía carnal con textura de cómic pulp y aroma a celuloide de Serie B. Ese es el espíritu que domina todo el volumen: una orgía editorial de más de 33 historias creadas por 40 autores, donde cada uno mete su cuchara o su garra – u otras cosas más pudendas – para servir una porción de locura mesozoica. Aquí no hay control ni jerarquía. Lo que hay es una estampida creativa, una tormenta de estilos, una orgía gráfica donde el único dogma es la risa y el exceso. ¿Quieres nombres? Pues aquí hay para llenar una exposición delirante: Xabier Alonso, Nermola, Gabi Fernández, Mikelodigas, Gala, Lili, Irene Calvo, Víctor Espolio, Juanjo Gutiérrez, Óscar Silvestre, MA., Ekim, Chinchilla, Cokito, Ruango, Pau Pablosky, Leo Berrocal, Enrique García, Salvador González, Ene, Moño, Miguel Babiano, Jorge Puche, El Hombre Tucán, H.M. Crespo, Toni Romero, Josh Mora, Joaquín Mula, Jacobo Bonilla, SimónLoko, Atomique, Lobón Leal, Ikaro Arde, @Aymanuemanue, Enrique Domínguez, Guillermo Saavedra, Joaquín Guirao, Pak Morello y Berny Art. Una lista que suena como el cartel de un festival de punk prehistórico en el que el público lanza huevos de pterodáctilo en lugar de vasos de cerveza. Cada uno aporta su visión, demencia y trazo. Desde la caricatura hasta el manga más extremo, pasando por lo que solo puede describirse como “porno paleontológico”.

El resultado es un cómic coral que parece escrito por un enjambre de cerebros conectados por telepatía tras ingerir setas jurásicas. Un torrente de ideas donde conviven la sátira más salvaje, el homenaje al cine de serie B, las series televisivas de dinosaurios, la poesía del absurdo y un erotismo que se ríe de sí mismo. Porque Malfario nunca fue una antología de cómic convencional. Es un laboratorio de lo que pasa cuando a los autores se les da libertad total y un tema tan loco como la revista “DINOPORNO”. Y vaya si lo exprimen. Entre sus páginas, los lectores encontrarán orgías salvajes donde humanos y dinosaurios se mezclan juntando deseos libidinosos, ensayos paródicos sobre la evolución de la libido de los saurios, locuras sexuales sobre los tiranosaurios envueltos en tinta negra y un sinfín de desvaríos que mezclan ciencia, mitología y porno con un descaro admirable. Hay piezas que rozan el ensayo, otras que se lanzan de cabeza al delirio, y algunas que simplemente se ríen del mundo con un humor muy loco.

Ese humor es el ADN de este volumen. Humor absurdo, humor negro, humor sexual, humor postapocalíptico y humor científico; una risa que devora la solemnidad y convierte la teoría de la evolución en un chiste verde con bigote. Malfario no quiere ser correcto, quiere ser libre; y lo logra a base de chistes que harían ruborizar a un paleontólogo y de imágenes que harían babear a un coleccionista de fanzines psicóticos. A veces el tebeo parece un collage punk; otras, un museo de desviaciones ilustradas. Pero siempre respira esa esencia de la revista maldita, ese espíritu irreverente de las publicaciones contraculturales donde lo sagrado se derrumba a carcajadas. Es un homenaje a la locura creativa, a la libertad del lápiz, al gozo de dibujar sin filtros. Y, sobre todo, es una gran carcajada colectiva contra la idea de que el arte debe tener sentido.

Si lo miras desde cierta distancia, el tomo funciona también como un espejo distorsionado del propio lector. El que lo abre está participando en el juego, se convierte en cómplice de ese carnaval paleo-erótico. Porque esta antología no solo se lee, se contagia. En cada relato hay algo de virus, de deseo primitivo, de broma interna, de fogonazo creativo que atraviesa el papel y te muerde. Cuando llegas al final, exhausto y feliz, no puedes evitar pensar que este volumen 8 es una celebración total de la locura colectiva. No hay filtros, no hay censura, no hay frenos. Solo artistas lanzando ideas como esperma de cometa en el espacio profundo del humor gráfico. Es una bacanal dibujada con amor, rabia y un lápiz afilado.

Así que si alguna vez soñaste con ver a un diplodocus protagonizando una metáfora sexual mientras lucha en medio de la ciudad o la clonación de los genitales masculinos con sus correspondientes dinosaurios… aquí lo tienes. Este octavo volumen de Malfario Comics no es para todos. Estas 302 páginas son para los que se atreven a reírse de todo, para los que entienden que el erotismo también puede ser un acto de rebeldía artística. Este tomo no se lee. Se experimenta, se ruge, se babea. Un orgasmo editorial de papel y tinta que convierte el humor gráfico en pornografía jurásica. ¡Larga vida a Malfario! Y que nunca falten las grandes mandíbulas, los miembros salvajes y los dinosaurios calientes. Porque si el futuro es tan brutal como este cómic, es mejor que nos pille desnudos y disfrutando con una buena lectura.

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